21 jun 2011

2º Ciclo de Música Contemporánea Zahir Ensemble (Sevilla 2010-2011)
















Se recopilan en las siguientes líneas las críticas que a lo largo de los últimos meses he venido publicando en las ediciones papel y web de El Correo de Andalucía referidas al 2º Ciclo de Música Contemporánea Zahir Ensemble. Vaya por delante el entusiasmo de quien esto firma ante la iniciativa musical / cultural más comprometida de cuantas han surgido en una ciudad, Sevilla, en la que la crisis se viene cebando en lo que aquí compete insistiendo en unas programaciones cada vez más conservadoras y ajenas a la novedad. Que un grupo local, Zahir Ensemble, en una misma temporada haya grabado con el sello Naxos un ejemplar monográfico Arnold Schoenberg y sea propiciador, en su ciclo, de la difusión de partituras ambiciosas y de auténtico calado debidas a compositores como Raphaël Cendo, George Crumb, Claude Vivier, José María Sánchez-Verdú y César Camarero, entre otros, es motivo para el alborozo. 

Tras la pausa de verano el responsable del conjunto, Juan García Rodríguez, tiene previsto (y anunciado) un 3º Ciclo en el que participarán además otros ensembles como el Kuraia, Smash y Espai Sonor. En los atriles se prevén partituras de, por citar algunos nombres, Brian Ferneyhough, Helmut Lachenmann y Giacinto Scelsi. Zahir Ensemble no se anda con medias tintas y quiere defender la mejor y más interesante música de vanguardia de los siglos XX y XXI. Hasta que ellos lo han hecho ningún programador había apostado de manera tan clara y certera en Andalucía por la mejor música de hoy (con excepción de puntuales conciertos enmarcados en el Ciclo de Música Contemporánea del Teatro Central). 

Sobre el futuro se ciernen estrecheces económicas. Hablar de lo que Zahir Ensemble precisaría para llevar a cabo holgadamente su tercer ciclo es irrisorio. La cifra, que todavía andan persiguiendo, y sobre la que siempre están dispuestos a dialogar debería mover al sonrojo a esos políticos que, por evidenciar un caso flagrante, apoyan con millones de euros un dislate como la Fundación Barenboim-Said. Con 2,4 millones de euros esta institución paga un máster para instrumentistas y los saca de gira por Europa (West-Eastern Divan). Como gentileza con el contribuyente, el director y sus huestes (quienes, dicho sea de paso, no han logrado uno solo de sus propósitos solidarios para con Palestina), ofrecerán este verano un concierto, uno, en el Teatro de la Maestranza con dos archiconocidas Sinfonías de Beethoven que la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla acaba de interpretar esta misma temporada. Serán además versiones ajenas a cualquier estudio filológico que sólo interesarán a los fanáticos seguidores del argentino-israelí.
 

¿Y Zahir Ensemble?, ¿y Taller Sonoro? y –en menor medida ya- ¿la Orquesta Barroca de Sevilla?, ¿y la práctica inexistencia de un ciclo de música de cámara en la ciudad?, ¿y las penurias económicas del Teatro de la Maestranza?, ¿y las aulas de los conservatorios andaluces? Sevilla Ciudad de la Música tiene demasiados agujeros como para permitirse tirar el dinero. Quien esto firma nunca será en modo alguno sospechoso de connivencia ideológica con el Partido Popular pero su anuncio de finiquitar este error presupuestario revestido de progresía y clásicos populares que son las vacaciones andaluzas de Barenboim es digno de aplauso. Ojalá todos los grupos e instituciones anteriormente citados pillen una migaja, si quiera una pizca, de lo poco que quede en la talega.
 

Música de hoy, con mayúsculas

Crítica del concierto que Zahir Ensemble ofreció el 1 de diciembre de 2011 en el Centro Cultural Cajasol con obras de Ofenbauer y De Pablo.

Que en un escenario de crisis que viene afectando muy duramente al ámbito cultural en Sevilla se consolide (por mor de Cajasol, la Universidad de Sevilla y el ICAS del Ayuntamiento) un nuevo Ciclo de Música Contemporánea -a sumar junto con el veterano que se celeba en el Teatro Central- es una gran noticia. El conjunto sevillano Zahir Ensemble está empeñado en aumentar la afición por un género que poco a poco está perdiendo su estigma de intransitable. El carácter arriesgado y venturoso de la música de hoy quedó de relieve en el concierto que el martes ofreció en la Sala Joaquín Turina, un programa sin medias tintas, bien planteado, valiente en sus presupuestos estéticos y del todo inusual por estos lares.

Con las luces apagadas y en un clima de total concentración Zahir Ensemble presentó la música del austriaco Christian Ofenbauer, concretamente su Streichquartettsatz N.2 (2008). Obra de enorme exigencia para el oyente que se ve inmerso en una experiencia sonora de rasguidos y levedades, de notas perdidas que fluctúan en un vasto paisaje silente y árido que atrapa por su crispada morfología. Gran música la de Ofenbauer, retadora y netamente germánica -la sombra de Lachenmann es alargada- y bien servida por un entregado cuarteto de cuerdas. 


Tocar a Luis de Pablo y contar con su aprobación (presente en la sala) no es cualquier cosa. Eros (1993) es una ambiciosa partitura para conjunto aguerrida en los dúos (violonchelo vs piano y/o percusión) y con un discurso tímbrico de férrea abstracción aunque con remansos de atonal clasicismo que susurran la música del actual maestro bilbaíno. García Rodríguez dirigió con gesto preciso y músicos como Alfonso Rubio (flauta) y Julio Moguer (piano) le entregaron el máximo. Comenzó el recital con un conciso y valioso Quinteto (1959) de György Kurtág. La próxima cita, en marzo, con Cendo y Vivier en los atriles. Más música de hoy, de la que se escribe con mayúsculas y (presagiamos) vencerá al tiempo. 

Imponente mural sonoro

Centro Cultural Cajasol. Sala Joaquín Turina. 7 de marzo. Programa: Greeting music (1977) y Pulau Dewata (1978), Claude Vivier (1948-1983). Charge (2009), Raphaël Cendo (1975). Zahir Ensemble. Juan García Rodríguez, director. 2º Ciclo de Música Contemporánea.

 
No todo está perdido. Que en medio de la errática programación musical que está llevando a cabo Cajasol se consagre una iniciativa del calado y el valor didáctico y cultural del Ciclo de Música Contemporánea de Zahir Ensemble es un hecho merecedor del mayor aplauso. Finiquitado el Ciclo de Música de Cámara, este que ahora se propone, bien que apoyado por otras instituciones como la Universidad de Sevilla, el Conservatorio Superior de Música y el ICAS, puede marcar un antes y un después en cuanto a la programación de música de vanguardia en una ciudad como Sevilla tan alejada a priori de estos presupuestos estéticos.


Sorprende comprobar cómo el muy meritorio Ciclo de Música Contemporánea del Teatro Central tiene en este que ahora comentamos su correlato. Uno y otro son esenciales en una Sevilla Ciudad de la Música que debe procurar siempre mantener una cuota para la exhibición de la nueva creación musical, empresa que parece definitivamente desterrada del gran centro que capitaliza la actividad musical en la ciudad, un Teatro de la Maestranza y una Real Orquesta Sinfónica de Sevilla que se asoman a hurtadillas a la música de hoy, cuando no directamente la rehúyen en aras de la taquilla.


Pero si la serie de conciertos que propone Zahir Ensemble es verdaderamente relevante lo es, al margen del empeño del conjunto sevillano, por los compositores y las obras que su director, Juan García Rodríguez, viene convocando. Proponer en una misma serie a autores del peso y el riesgo de Christian Ofenbauer, Claude Vivier, Raphäel Cendo, George Crumb y José María Sánchez-Verdú habla a las claras del deseo del conjunto de concitar en Sevilla a una serie de nombres que verdaderamente cuentan en la música de nuestro tiempo. Posturas las de estos creadores que se alejan de medianías para abrazar, desde sus respectivos posicionamientos estéticos posturas insoslayables de seguro impacto en el oyente despierto.


El concierto que esta semana proponían, y que se saldó con un muy justo éxito de público, comenzó al abrigo de dos partituras del malogrado compositor canadiense Claude Vivier, cuya importante obra es prácticamente ignota en nuestro país. Greeting Music es una composición aditiva muy representativa de la estética unipersonal de su compositor -ajeno por igual a la vanguardia doctrinal y al conservadurismo- que tanto sorprendió a György Ligeti. Confluye en ella el teatro musical a la manera de un Kagel y el impacto sonoro que le causó su conocimiento, de primera mano, de las músicas tradicionales de Japón y Bali. Zahir dispuso la obra con una claridad notable y una prestación instrumental de elevado vuelo en el que es justo destacar el solo pianístico inicial de Julio Moguer y el decisivo aporte de dos de los atriles más sobresalientes del conjunto, Alfonso Rubio en la flauta y Gilles Midoux en la percusión. Menos centrado estuvo el oboe de Héctor Herrero, que acusó ciertos problemas con el ritmo y con la sonoridad, algo turbia en ocasiones.


En Pulau Dewata, obra de instrumentación variable, Vivier se deja llevar quizás como en ningún otro caso de su catálogo por las influencias orientalizantes a lo largo de un discurso, tímbricamente deslumbrante y de una maleabilidad que fue bien entendida por un nutrido Zahir Ensemble dirigido eficazmente por su expansivo responsable, Juan García. Sin constituir lo más atractivo del conjunto de su obra, la ejecución de la pieza, por su accesibilidad y evidente comunicatividad, resultó un acierto y una puerta de entrada que para muchos se abrió al Universo Vivier.


Tener en Sevilla a un compositor ascendente de la valía de Raphaël Cendo es un lujo que sin este ciclo nadie hubiera materializado. Entre otras cosas porque el tiempo ha venido demostrando que no existen personalidades de relevancia en la gestión cultural y musical de la comunidad con el conocimiento suficiente como para apostar por encuentros de auténtico peso. Y los que hay, esto es, lo que sí podrían coordinar ejemplarmente programas encaminados a la difusión de la música contemporánea, están apartados de la organización directa o en la asunción de otros encargos.


Cendo es uno de los representantes más aguerridos de lo que se ha dado en denominar escuela de la ‘música saturada', nueva tendencia sonora de ascendencia francesa, de la que participan compositores como el ya citado Cendo pero también Franck Bedrossian, Yann Robin y Dmitri Kourliandski. En sus propuestas sonoras se abrazan los postulados de nuevas técnicas instrumentales y la atomización de la estructura de Helmut Lachenmann y se regurgita la telúrica fiereza sonora de un Iannis Xenakis para dar origen a un conjunto de piezas de enorme impacto y altos decibelios, deudoras igualmente de una estética popular que mira sin disimulo al post-rock para amalgamar puntos de vista en una nueva y epatante estética capaz por igual de despertar el aplauso más entusiasta y el rechazo más visceral. Exactamente igual que sucedió, otrora, con las vanguardias más militantes. Nuevamente se comprueba la capacidad de reinvención de la, asumiendo el incompleto epígrafe, música contemporánea.


De Cendo conocíamos por la discografía reciente un alucinógeno y rabioso fresco sonoro estrenado en el Festival de Donaueschingen en 2009, Introduction aux ténèbres (NEOS). Zahir Ensemble recogió el martes el testigo de Musikfabrik para dar a conocer en España Charge, una decidida descarga de adrenalina sonora [escúchese aquí], organismo vivo que se retroalimenta a sí mismo y que sometió a los músicos a un tour de force bien resuelto y que, hoy por hoy, no está al alcance de casi ningún grupo conocido en este país. Los coqueteos con el ‘noise' de Cendo y el descaro de una composición que se abre en canal para asumir el enfurecedor ruido casi como si se tratara de un atril más ponen esta música ante un interrogante, ¿qué hay después de ella?, ¿hasta dónde puede dar de sí un lenguaje tan violentamente explícito? Es de esperar que García Rodriguez, como director de Zahir, siga de cerca a Cendo y a sus colegas saturados y vuelvan más pronto que tarde sobre este impactante (e insobornable) panorama sónico.

Un nuevo y gran capítulo

Crónica del concierto que Zahir Ensemble ofreció el 24 de mayo en el Centro Cultural Cajasol con obras de Schnittke, Camarero y Crumb.

A estas alturas de la temporada musical si hay una constatación segura en medio del temporal de crisis económica que azota la cultura es que el segundo Ciclo de Música Contemporánea que Zahir Ensemble está llevando a cabo en Cajasol marcará un antes y un después en lo que atañe a la difusión de estos sonidos. Que en unos meses este conjunto sevillano haya puesto en los atriles partituras de auténtica envergadura como Eros, de Luis de Pablo; Streichquartettsatz N.2, de Cristian Ofenbauer; Charge, de Raphaël Cendo y Quest de George Crumb, amén de un estreno de gran calado, mucho más allá de la típica obra de circunstancias, 37 maneras de mirar un vaso de agua, de César Camarero, da la medida de la cruzada que el director del grupo, Juan García Rodríguez, ha decidido emprender.


Apenas dos semanas después de haber estrenado en el Teatro Central una partitura de inmensa belleza y profundidad -For Samuel Beckett, de Morton Feldman-, Zahir Ensemble propuso el lunes en el Centro Cultural Cajasol la penúltima estación de su segundo ciclo. Cita que, paradójicamente (dado el éxito estético y artístico con el que concluyó) comenzó con una obra de muy poco interés: la Sonata para violonchelo y piano nº1 de Alfred Schnittke. La discursiva música del autor ruso no conoce medida y habitúa a desparramarse por unos pentagramas que tan pronto se contraen espasmodicamente en el recuerdo de Shostakovich como languidecen en pasajes inacabables. Con gran nivel de competencia Dieter Nel realizó una de las interpretaciones más brillantes que se le han escuchado, ensimismado en la procelosa partitura, y entregando un sonido a la par doliente y arisco. El pianista Julio Moguer, cuya labor ya hemos subrayado en anteriores ocasiones, le acompañó con idéntica solvencia.
 

Tiene sin lugar a equivocaciones César Camarero un idioma propio, una gramática que maneja con exactitud pero que origina, desde luego hasta la fecha, obras nuevas antes que insistentes copias de sus mejores tics. En la pieza que estrenó esta semana, 37 maneras de mirar un vaso de agua, vuelven a estar las medias voces, los recursos heterofónicos (con los solistas de clarinete y violín separados del ensemble formando un triángulo), las cadencias de querencia feldmaniana y los fugaces destellos de reminiscencias estructurales. Obra de serena belleza, muy centrada en los encuentros tímbricos, se pueden encontrar en ellas ecos de dos duros de la vanguardia como Stockhausen y Boulez en el empleo puntillista y seco de la percusión (piénsese en Kreuzpiel o Le marteau...) vistos al trasluz de una personalidad artística que se mueve con soltura y maestría en el pequeño formato cuya longitud se aborta justo cuando ha quedado todo dicho y parece comenzar a bordearse la repetición. García Rodríguez dirigió con enorme celo una pieza que habrán de ofrecer en más de una ocasión y que pasa desde ya a atesorar la pequeña gran historia del conjunto.
 

Finalizó el programa con Quest, de George Crumb, obra más críptica de lo que acostumbra a acontecer en el catálogo del gran compositor norteamericano mirado un tanto de reojo por la ortodoxia centroeuropea. Dividida en varios movimientos que van creciendo en interés, la obra, que contó con el extraordinario añadido de la guitarra de Francisco Bernier, establece un riquísimo y evocador diálogo a través de un sexteto instrumental en el que conviven instrumentos como el sintetizador, el arpa, el saxofón y la armónica, entre otros. Versión pausada y despejada de tono exploratorio, Zahir Ensemble se volcó en una lectura concentrada y de remarcada belleza en la que hasta las citas populares que alberga la partitura sonaron con naturalidad, no como incrustaciones extemporáneas. Dar cohesión a una música como la de Crumb no es sencillo, y García Rodríguez volvió a dejar claro que su plan no pasa por hacer crecer el historial a base de obras y autores importantes. Detrás de cada decisión, de cada ejecución, hay un plan artístico/estético meditado que confieren a las interpretaciones de Zahir un valor añadido propio.

La próxima cita, el 14 de junio, contará con el aliciente de la presencia del compositor José María Sánchez-Verdú, acaso el creador español de mayor relevancia internacional y más firmemente conectado con el lenguaje del avantgarde actual. De cara a próximas temporadas -tienen que venir más, Sevilla Ciudad de la Música no puede permitir perder una oportunidad como esta, cuyo calibre como proyecto personal y de gran trascendencia empieza a ser parejo de la ya consagrada Orquesta Barroca (OBS)- el conjunto debería plantearse la posibilidad de afrontar monográficos centrados en autores esenciales que, de no ser por ellos, jamás se asomarían por la ciudad, caso de Helmut Lachenmann, Alvin Lucier, Brian Ferneyhough y John Cage. Por soñar...

Fin de ciclo, mirada puesta en el próximo

Crónica del concierto que Zahir Ensemble ofreció el 14 de junio en el Centro Cultural Cajasol con obras de Bach, Donatoni y Sánchez-Verdú.


Lo venimos contando desde hace meses. El segundo Ciclo de música contemporánea que Zahir Ensemble ha venido llevando a cabo en Cajasol -con el apoyo también de la Hispalense, entre otras instituciones- es hoy un punto de encuentro de referencia para los melómanos de la ciudad. El broche que le pusieron el martes con una carta blanca al más internacional de los compositores andaluces, José María Sánchez-Verdú (Algeciras, 1968), rubricó el encuentro y apuntaló la necesidad de dar vía libre (esto es, euros, subvención, apoyo a la cultura con mayúsculas) a un tercer ciclo.


Se escuchó el hiperconcentrado estructuralismo de inusual vuelo poético del que Franco Donatoni hace gala en Etwas ruhuger im Ausdruck, volvió a disfrutarse de Tauromaquias, partitura que sale de la serie Lux ex tenebris que en este mismo escenario estrenó en 2009 el Ensemble Modern en el fenecido Ciclo de Música de Cámara. Sonidos al borde de la percepción, diálogos instrumentales que arrebatan en su concretismo y que suenan indomables en su fiero apego por continentes sonoros en los que sobrevuela la extinción. Menos interesante la ejecución de Bach, algo lánguida, pese a servir de subrayado del concepto global de un concierto de los que ya (casi) no quedan. 

14 jun 2011

Ciclo de Música Contemporánea 2011 (Teatro Central. Sevilla)
















Un año más se recopilan en las siguientes líneas las críticas musicales que a lo largo de cuatro meses han venido publicando puntualmente en El Correo de Andalucía referidas a lo que de sí ha dado el Ciclo de Música Contemporánea del Teatro Central de Sevilla en su edición de 2011. Encuentro este que por primera vez tras más de una década ha perdido su correspondencia en Granada, ciudad en la que la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía decidió suspender la programación que venía llevándose a cabo en el Teatro Alhambra y que resultaba casi una exacto correlato de lo que se ofrecía en Sevilla. Una pérdida pues importante para la difusión de la nueva música en el Sur de España, quedando así Granada prácticamente huérfana –con la salvedad muy puntual de determinados programas ofrecidos por la Orquesta Ciudad de Granada y el Festival Internacional de Música y Danza- en lo que atañe a la posibilidad de experimentar la música que nos ocupa en directo.

Un lector al corriente podrá advertir la ausencia en la siguiente relación de reseñas de dos de los conciertos enmarcados en el Ciclo que nos ocupa, el inaugural, protagonizado por la orquesta de improvisadores Entenguerengue y el recital protagonizado por el compositor David del Puerto el 27 de abril con una versión de concierto de la obra coreográfica Carmen Replay. Quien esto firma prefiere mantenerse ajeno de las persistentes contaminaciones de músicas deudoras del pop o directamente instaladas en otros géneros a los que habitúan a ser sometidos contenedores culturales como este programa de conciertos.

Atlantis Piano Dúo 

Gran segunda parte

Crítica del concierto que el Dúo de Piano Atlantis ofreció en el Teatro Central  el 23 de marzo dentro del Ciclo de Música Contemporánea. Obras de Marco, Castillo, Guinjoan, Reich, Sánchez-Verdú y Lutoslawski.

La gran música se siente, se vislumbra, desde el primer acorde. Por eso Piano phase, de Steve Reich; Arquitecturas en blanco y negro, de Sánchez-Verdú; y Variaciones sobre un tema de Paganini, de Lutoslawski, constituyen, escuchadas en perspectiva, una tríada de obras que configuraron por sí solas un gran concierto.

Defendidas desde dos pianos de media cola (¡lástima no haber podido contar con sendos pianos de concierto!) por el DúoAtlantis, los intérpretes demostraron su compromiso con la música de hoy con tres piezas que exigen distintas habilidades. Desde la coordinación exacta y firmeza rítmica del minimalismo de Reich (al que le faltó una pizca de motricidad) a la destreza virtuosística de la muy hermosa página del polaco Lutoslawski pasando por el juego de exactas resonancias y ataques que propone la muy estimable e inquietante pieza del gran músico algecireño José María Sánchez-Verdú.

Pese a no contar con los instrumentos óptimos Sophia Hasse y Eduardo Ponce se revelaron unos exactos y entonados traductores de las páginas que configuraron la grisácea primera parte. Comenzó con una apreciable creación de Guinjoan, Flamenco II, en la que de jondo sólo queda un retazo, un perfume (podían aprender de ella otros ilustres creadores actuales adictos a los cantaores...), y siguó con el mustio descriptivismo de Tomás Marco en sus Estudios intertextuales y la cuota escolástica y local de Piano a cuatro de Manuel Castillo

Ensemble Recherche
Un gran grupo sin grandes obras

Teatro Central. 30 de marzo. Programa: Piano Trío Nº1 ‘Wortschatten’. Abîme, Hèctor Parra. Cassandra dream-song, Brian Ferneyhough. Cielo e infierno, Hermes Luaces. Exéresis, Ramón Souto. Fortspinnung für streichtrio, Alberto Carretero. Intérpretes: Ensemble Recherche. Ciclo de Música Contemporánea. Calificación: * *

Madrid, 30 de mayo de 2011. Auditorio Nacional. Musicadhoy. Ensemble Recherche. Obras de Bermejo, André y Lachenmann. Sevilla, 30 de marzo. Teatro Central. Obras de Parra, Luaces... Contar en la ciudad con uno de los grupos líderes en la interpretación de música contemporánea es un acontecimiento, pero allá donde los madrileños podrán disfrutar con (seguras) dos piezas mayores, aquí los alemanes tuvieron el encargo de dar luz a un discutible ramillete de obras menores.

Menores son las dos piezas de Hèctor Parra. El compositor catalán tiene en su producción composiciones de mayor calado que las que se tocaron anoche. Su gran logro, la ópera Hypermusic Prologue, sirve de ejemplo de lo que no se encuentra en el sobrio academicismo del Piano Trío N.1 -inmensamente mejor el segundo, registrado en disco por estos mismos intérpretes- y en la temprana Abîme.

En cuanto a la nómina de estrenos, todos al hilo de la Cátedra Manuel de Falla, mereció sin duda la pena el trío para cuerdas Fortspinnung del sevillano Alberto Carretero. La energética incisividad de su nerviosa gramática y las endiabladas filigranas musicales de la composición encontraron en los miembros del Recherche una respuesta imponente.

De interés también la muy indagativa Exéresis de Ramón Souto, aunque su catálogo de chirridos y chasquidos pague una excesiva deuda con la sombra de Lachemann y Billone. Sobre Cielo e infierno de Hermes Luaces... sencillamente no era este el foro adecuado para presentar tan agradable nadería. Mención aparte para el flautista Martin Fahlenbock, quien tuvo por delante la intrincada e hipervirtuosa ejecución de Cassandra's dream-song del máximo representante de la 'nueva complejidad', Brian Ferneyhough: no es esta su partitura más representativa, pero sí da suficientes pistas para entrever el sendero lleno de obstáculos que transita el maestro inglés.

Champ d’action

Un estilo y una firme propuesta

Crónica del concierto que el conjunto Champ d'action ofreció el 13 de abril en el Teatro Central con obras de Nyman, Bryars, Glass y Tenney. 

Repetían los belgas Champ d'Action en el Teatro Central y su concierto volvió, nuevamente, a situarse entre los grandes vividos en el Ciclo de Música Contemporánea. Pese a que se cayó del programa la muy interesante y agotadora Workers union de Andriessen, el ramillete de obras repetitivas que defendieron apuntaron a dos estilos del género, el púramente rítmico y el ambiental. El ensemble tiene un sonido propio y su programa, pese a lo breve, funcionó con una cohesión emocionante, similar a un disco. Encantadores y naïves los valses de Nyman, hipnótica y fugaz la Music in similar motion de Glass, irregular Hi Tremolo de Bryars y magnéticas, radicales, explorativas, las dos obras de Tenney (Harmoniun 1 y Koan). Que vuelvan.

Zahir Ensemble
Dos genios, una hora gozosa


Cronica del concierto que el conjunto sevillano Zahir Ensemble ofreció el 11 de mayo en el Teatro Central con obras de Reich y Feldman.
 
Los compositores fieles en la defensa de una estética, de unos postulados concretos, adquieren, cuando estos funcionan, la categoría de culto. Sucede con Steve Reich (1936) y con Morton Feldman (1926-1987). Estos dos titanes de la música del siglo XX fueron convocados anoche por Zahir Ensemble, un conjunto sevillano que debería ya -mañana es tarde- estar dando a conocer su labor en escenarios todavía mayores al Central.

Comenzó el programa con Proverb, de Reich, hermosa aunque menor partitura (menor en contraposición con la miriada de obras maestras del catálogo del norteamericano), que toma como base a Wittgenstein: "¡Tan sólo basta un pequeño pensamiento para llenar toda una vida!". Amén, diremos nosotros. Entonadísimo el Coro Barroco -hermosa voz la de Rocío de Frutos- y vibrafonistas algo erráticos.

En For Samuel Beckett de Feldman al oyente no se le facilitan asideros. 50 minutos de una música que huye del silencio tejiendo una tornasolada superficie en la que las notas parecen siempre estar volviendo al punto de inicio. García Rodríguez tuvo claro el concepto de la obra y su aproximación: más diáfana que opresiva y con un acertado tono quedo. Acaba repentinamente. Lástima. Nos hubiera gustado quedarnos más tiempo con Feldman, con Zahir.
 

Drumming
Liturgia para Xenakis

Crónica del concierto que el conjunto portugués Drumming ofreció el 18 de mayo en el Teatro Central con obras de Iannis Xenakis

Uno de los escasos compositores auténticamente grandes del siglo XX al que el Ciclo de Música Contemporánea del Teatro Central le ha venido prestando una considerable atención es Iannis Xenakis. A sus pentagramas se consagró uno de los momentos de mayor intensidad vividos en el presente convocatoria, pasando a convertirse la comparecencia del grupo portugués Drumming en uno de los programas más vivificadores y atrayentes que este encuentro ha acogido en sus últimos años.

Sólo cabe acharle un pero: la brevedad. El mismo conjunto ofreció idéntico programa Xenakis en La Casa Encendida en marzo de 2009, dentro del sobresaliente ciclo Musicadhoy que coordina Xavier Güell, y en aquella ocasión la música del compositor greco-francés estuvo precedida por una piedra miliar de la percusión en la pasada centuria, Ionisations de Edgar Varèse como urbano y futurista prólogo a los telúricos sonidos que luego se desplagarán con Xenakis más enraizados en la tradición y el rito de la tragedia griega.

Con el escenario prácticamente a oscuras Miquel Bernat ejecutó en muy primer plano Rebonds, un tour de force magnético, en el que hizo gala de su magisterio y explicó, si es que hiciera falta, por qué se trata de uno de los percusionistas 'contemporáneos' más interesantes de la actualidad. El músico catalán acertó con el tono ritual de la música, no precipitando el 'tempo'y barnizando de intención cada nota, enriqueciendo el discurso con un endiablado dominio del caos y la estructura de la partitura.

Por alguna razón que no alcanzo a comprender Okho, para tres percusionistas, se ha situado entre las obras para estos instrumentos más difundidas del compositor pese a no ser, ni de lejos, una de las obras más brillantes que Xenakis legara en este terreno. Acaso el hecho de estar escrita para tres djembes -instrumentos con claras concomitancias con la música popular e improvisada- la hace especialmente atractiva para el público. Si Neopercusión ofreció en el Ciclo de 2010 una discutible versión adaptada de la pieza en tres bombos, Drumming optó por la escolástica de los “instrumentos originales”. Pese a su firme adecuación estilística a la partitura no nos convence sin embargo la sonoridad de unos instrumentos cuya sonoridad se nos antoja epidérmica y en la que resulta complejo atisbar la potencia y fiereza que resulta consustancial a la obra percutiva de Xenakis.

Haciendose acompañar por una mínima y nada perjudicial escenografía lumínica, Drumming culminó un programa en exceso breve con tres de las cuatro piezas que conforman la monumental Pleïades –faltó Mélanges- creada por Xenakis en 1979 para Les Percussions de Strasbourg. Música que se crece durante su desarrollo, Drumming otorgó un más que evidente sentido de continuidad, casi litúrgica, a la composición. Llevada a media luz no importó tanto el despliegue pirotécnico, virtuosístico como la continua sensación de estar asistiendo a una invocación dionisiaca que el compositor hiciera sirviéndose de un lenguaje férreamente moderno y orgiásticamente comunicativo. Clamoroso éxito.

Taller Sonoro
Cenizas de un volcán, música sin futuro
 

Crónica del concierto que Taller Sonoro ofreció el 25 de mayo en el Teatro Central con obras de Fineberg, Saariaho, Erkoreka, Haas y Furrer.

Virutas instrumentales, esquejes arrancados de cuajo, cenizas de un volcán, el de la música contemporánea, que estalló la pasada semana con el concierto percutivo de Iannis Xenakis y cuyos despojos se deslizaban apagados anoche en la clausura del Ciclo de Música Contemporánea. Taller Sonoro cree firmemente en lo que hace y no hay una sola presentación detrás de la cual no exista un programa trabajado y estudiado, una reflexión estética o técnica sobre la música de nuestro tiempo.

El problema es cuando lo que se ofrece no interesa, o no interesa apenas. Paradigms, de Joshua Fineberg no se impone sobre la escolástica espectral que lastra su discurso tímbrico, Serenates, de la sobrevalorada Kaija Saariaho, se alía con el tedio más absoluto e Izaro de Gabriel Erkoreka mueve al sonrojo por su convencionalidad, por su abstracto academicismo de conservatorio.Angelus novus: el futuro presente se tituló el concierto. No. Aquí no hay "carga de futuro". (Casi) ninguno de los nombres anteriores representan la inmensa aventura de la modernidad. Mejor el Trío de Beat Furrer, contagiado en la ejecución del vahído generalizado. Tampoco Tria ex uno, pese a su corrección, representa bien a su notable autor, Georg Friedrich Haas. Interpretaciones modélicas, militantes. Pero los pentagramas mandaron. Y en ellos no había demasiado.

9 jun 2011

Chorro de Luz. Descarga los programas (XVII)

Con frecuencia irán apareciendo enlaces para descargar el programa dedicado a la música de vanguardia Chorro de luz,  que cada lunes a las 17.00h (y viernes en su repetición a las 15.30h) se emite en directo en Radiópolis (98.4 FM en Sevilla) y también en Internet.



Chorro de Luz 69 (170111)
Roland Kayn (1933-2011). In Memoriam.
Fragmentos de Simultan, Tektra, Infra e improvisaciones electroacústicas.

Enlace para descarga en MP3: http://www.archive.org/details/ChorroDeLuz69

Chorro de Luz 70 (240111)
Entrevista con Alfredo Aracil
Alfredo Aracil: Epitafio de Prometeo
Alfredo Aracil: Cuarteto de cuerdas nº4 'Figura ante el espejo' (fragmento)

 Enlace para descarga en MP3: http://www.archive.org/details/ChorroDeLuz70

Chorro de luz 71 (070211)
Milton Babbitt (In Memoriam): Post-Partitions
Milton Babbitt (In Memoriam): Phonemena
Novedades discográficas
Cristóbal Halffter: Zeitgestalt
Alvin Lucier: Broken line
Benet Casablancas: Darkness visible

Enlace para descarga en MP3: http://www.archive.org/details/ChorroDeLuz71

Chorro de luz 72 (140211)
La huella étnica en la música de Sánchez-Verdú (I)
Con Joaquín Rodero, intérprete de laúd y especialista en el mundo árabe
J. M. Sánchez-Verdú: Maqbara
J. M. Sánchez-Verdú: Qabriyyat (II)
(+fragmentos de músicas étnicas)

 Enlace para descarga en MP3: http://www.archive.org/details/ChorroDeLuz72

Chorro de luz 73 (210211)
La huella étnica en la música de Sánchez-Verdú (y II)
Con Joaquín Rodero, intérprete de laúd y especialista en el mundo árabe
J. M. Sánchez-Verdú: Ahmar-aswad
J. M. Sánchez-Verdú: Paisajes del placer y de la culpa
(+fragmentos de músicas étnicas)

Enlace para descarga en MP3: http://www.archive.org/details/ChorroDeLuz73

Chorro de luz 74 (280211)
Entrevista con el compositor Agustín Castilla-Ávila
In Honorem (II movimiento)
Rubaiyats
Cage music 2
La Dulcinea de Don Quijote (fragmento)

Enlace para descarga en MP3: http://www.archive.org/details/ChorroDeLuz74

Chorro de luz 75 (070311)
Aldo Clementi (1925-2011). In Memoriam.
Scherzo
Gian(ca)rlo Cardini
C.a.g.
Madrigale
Concierto para piano y 7 instrumentos

Enlace para descarga en MP3: http://www.archive.org/details/ChorroDeLuz75

Chorro de luz 76 (210311)
Novedades electronicas
Koji Asano: Galaxies (fragmento)
Bernard Donzel-Gargand: L' Olivier
Bernard Donzel-Gargand: Par la main
Hildegard Westerkamp: A walk through the city
Dimitri Voudouris: UVIVI

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Chorro de luz 77 (280311)
Arsene Souffrieu: Trois Études Pour Maldoror (II)
Arsne Souffrieu: Metastasis
Arsene Souffrieu: Rosio Kama
Michael Northam: distintos ejemplos de su trabajo

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Chorro de luz 78 (040411)
Karlheinz Stockhausen: Sonntag aus Licht (fragmentos)

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Chorro de luz 79 (180411)
Iannis Xenakis: La Légende d'Eer

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Chorro de luz 80 (250411)
Wittener Tage für neue Kammermusik 2010 (I)
Enno Poppe: Speicher I
Adriana Hölszky: Die Hunde des Orion
Ondrej Adamek: B-low up
Friedrich Cerha: Eine Art Chansons

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Chorro de luz 81 (160511)
Wittener Tage für neue Kammermusik 2010 (y II)
-en breve-

Chorro de luz 82 (230511)
Warszawska Jesien 2010 (I)
Piotr Remer: Tango sonore
Pierre Henry: Capriccio ou une partie de boules
Mieczyslaw Litwinski: SOMNIUM (fragmento)

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31 may 2011

Leif Segerstam, 'Symphonies Nº 81, 162 & 181'





















Leif Segerstam (1944-)
1.- Symphony Nº 81 'After Eighty...' (2002) 25:26
2.- Symphony Nº 162 'Doubling the Number for Bergen!' (2006) 23:08
3.- Symphony Nº 181 'Names itself when played... = (raising the number with 100 for Bergen)' (2007) 22:35
Bergen Philharmonic Orchestra (without conductor)
Ondine (ODE 1172-2)
Distribuye en España: Diverdi

Audición: Symphony Nº 162 'Doubling the Number for Bergen!' (2006)
 
Es bastante probable que en el futuro la figura de Leif Segerstam (Vaasa, Finlandia, 1944) sea más recordada por su dedicación a la dirección orquestal –suya es una doble integral Jean Sibelius, la segunda, con la Orquesta de Helsinki (Ondine) de absoluta referencia y apreciables lecturas de las Sinfonías de Mahler y Nielsen- que a la composición. Sin embargo en las siguientes líneas nos interesará este punto que, hasta el día que el juez Tiempo otorgue su veredicto, conforma una parte esencial de la personalidad de este maestro nórdico, una de las figuras más aisladas y extravagantes en el siempre proceloso y atractivo universo de la nueva música.

Pese a su firme convicción de ligar su nombre a la profesión de compositor, la música de Segerstam permanece comúnmente ajena al circuito especializado. No se le requiere en los festivales de mayor renombre y su obra no crea prácticamente debate por lo que podría deducirse que, para bien o para mal, sus pentagramas no despiertan ni entusiastas adhesiones ni críticas virulentas. Tampoco está presente su trabajo en sellos consagrados a la modernidad, sólo BIS y Ondine –ambas editoras inequívocamente escandinavas, la una sueca la otra finlandesa- le han prestado una atención considerable. 


Y en lo tocante al Segerstam director de música contemporánea tampoco es que el maestro haya elegido un repertorio significativo. Su defensa y promoción de un compositor compatriota absolutamente menor -Einojuhani Rautavaara- y de dos posmodernistas norteamericanos -John Corigliano y Christopher Rouse-  no le han granjeado el aprecio de los seguidores de propuestas sonoras de mayor fuste y compromiso. En este punto sí es de justicia resaltar su buen entendimiento con el legado sinfónico del enormemente irregular músico ruso Alfred Schnittke, de quien ha registrado la integral, y donde sobresale un histórico registro de la monumental  y agitada Sinfonía nº1, íntegramente disponible en esta versión en YouTube. 


Pese a que, insistimos, no es la de Segerstam una música de fácil acceso ni siquiera en los canales temáticos, el compositor lejos de arredrarse parece dispuesto a batir el record mundial. A fecha de marzo de 2011 lleva compuestas 244 sinfonías, de las cuales más de un centenar han sido estrenadas. Resulta lógico pensar que pronto, si no lo ha hecho en el momento en el que se publican estas líneas, superará el hito establecido por el compositor Rowan Taylor, responsable de 265 sinfonías. Se instaura así el músico finlandés, con todo protagonismo, en la pequeña y excéntrica nómina de prolíficos sinfonistas. Piénsese en Havergal Brian (1876-1972) -32 sinfonías- y Alan Hovhaness (1911-2011) -67 sinfonías-.


Formado en la Academia Sibelius de Helsinki y en la Juillard School de Nueva York, Leif Segerstam es hoy uno de los directores más interesantes que puedan atenderse dentro del oficio serio y sereno de la dirección musical (ajeno en todo punto a la mercadotecnia y al espectáculo). Y fruto de su intenso trabajo como maestro invitado y como titular (lo ha sido de la Helsinki Philharmonic Orchestra, Danish National Radio Symphony y Austrian Radio Symphony) han surgido buena parte de sus obras. No se indica en ningún lugar de manera específica pero habría que desmentir o afianzar esa idea que circula entre los melómanos de que Leif Segerstam impone la interpretación de una obra de su pluma en cada concierto que ofrece como batuta invitada. Sea como fuere esto, cuando la música es de interés (y la suya lo es), no hace sino elevar la atención que debe prestarse a cada nueva comparecencia suya. 


Leif Segerstam

Quien firma estas líneas tuvo la oportunidad de disfrutar con su presencia en  el Teatro de la Maestranza en abril de 2009 cuando intervino al frente de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) en un programa con obras de Chaikovski y Sibelius. Inauguraba el programa una obra suya, la Sinfonía nº178 que acabó estando dedicada a la formación hispalense. Alrededor de 30 minutos de una música de múltiples capas, sinuosa en su atonal discurso, extrovertida en los arrebatos pianísticos y percutivos (con un gigantesco martillo pilón incluido) y, lo más interesante desde un punto de vista formal, interpretada sin director de orquesta –el propio Segerstam actuaba como un ejecutante más sentado al piano-, lo que viene siendo habitual en sus sinfonías más recientes.


El disco que ahora publica Ondine, con el registro de tres Sinfonías (las número 81, 162 y 181), sirve de ejemplar introducción a su obra por cuanto en este trío de partituras confluyen las constantes compositivas más definitorias de su autor -superado el pos expresionismo que embargó las 70 primeras...- y gozan de unas interpretaciones modélicas a cargo de la Bergen Philharmonic Orchestra, huérfana de director, y dedicataria de las obras aquí recogidas. En todas ellas se distingue el modo de componer elegido y defendido por Segerstam, basado en lo que él denomina ‘pulso libre’. “He encontrado la naturalidad en el pulso libre y soy siempre sensible a lo que dicta el material por sí mismo a la hora de escribir. Soy un verdadero ‘escogetonos’ no un compositor ‘constructor’. Yo permito que el material musical se forme por sí solo de manera natural”, afirmó en 2009 en una entrevista concedida al Diario Vasco. 


Cercano al concepto de música aleatoria, el ‘pulso libre’ del que habla Segerstam permite una mayor interactuación de los músicos que han de improvisar sobre motivos, densidades y acordes que, de manera previa y a través de los pentagramas, establecen el tono que habrá de gobernar la ejecución. Por ello se prescinde de director (se busca, dirá el compositor, sacar a relucir el solista que todo profesor de orquesta lleva en su interior) y las partituras casi nunca superan las dos o tres páginas de redacción. No es que en ellas se contemplen instrucciones textuales en la manera en que sí sucedía con ciertas músicas objetuales o democratizadoras (caso de Cornelius Cardew), únicamente se establece mediante una notación más o menos convencional las reglas del juego que deberán regir una interpretación en la que, hasta la fecha de hoy, siempre ha estado presente e involucrado el compositor. 


El principal handicap con el que se encuentra el auditor de la música de Segerstam es que su corpus sinfónico (dejaremos para una futura ocasión la referencia a sus 30 cuartetos de cuerda, múltiples entregas en forma de  Orchestral Diary Sheet y más de una decena de conciertos para instrumentos solistas) es que,  no nos empeñaremos en negarlo, existen grandes similitudes entre unas piezas y otras. La música del finlandés, además de ser muy seria y grave en su exposición, tiende a la homogeneidad. No le interesa al compositor la perdurabilidad de todas y cada unas de sus composiciones, según él mismo ha relatado en sucesivas entrevistas. No hay pues atisbo de megalomanía en su prolijo catálogo (“Mis sinfonías son como los espermatozoides. Algunas tienen más fuerza que otras. Y, por tanto, sólo algunas sobrevivirán” gusta de decir). En todo caso lo que sí parece estar ya por encima del tiempo es el estilo propio que respiran sus obras, trabajos cuya estética llevan décadas señalando un posmodernismo de gran interés en donde resuenan los ecos de Wagner, Mahler, Sibelius e incluso Alan Pettersson -compositores que dirige con frecuencia Segerstam- y cuya influencia es advertible en unas composiciones marmóreas que evolucionan en bloque y que transmiten una perenne sensación de estar construyéndose en cada instante, por lo que la inestabilidad del material acaba llegando al oyente encargado de buscar un hilo de posible narratividad en medio de una gigantesca ola sonora cuyo argumento parece inconquistable.


En esta “Trilogía de Bergen” que suponen las Sinfonías 81, 162 y 181 sobresale la segunda de ellas, subtitulada Doubling the Number for Bergen!, del año 2006. Están en ella desarrolladas todas las constantes claves en su música. La obra parece carecer de un inicio (más aun, se inaugura con lo que podríamos comparar con un 'big bang' orquestal), los golpes secos y sordos de los timbales crean un ambiente amenazante, la pulsación constante del piano marca prácticamente todo el discurso -con insistente repetición de acordes y cita más o menos oculta de las beethovenianas primeras notas de Für Elise-, existen remansos de paz con líricos arrebatos del concertino, la percusión es de una desorbitada riqueza (con inclusión de instrumentos casi siempre presentes en la música de Segerstam como el flexatón, la carraca y el látigo) y la cuerda es voluminosa, evolucionando en forma de racimo (con procedimientos que recuerdan al Ligeti y al Xenakis de las masas polifónicas). Acaece además hacia la mitad de la Sinfonía unos acordes en los que parece emerger el sonido de un theremin o, incluso, lo que podrían ser unas Ondas Martenot, punto este que no he podido confirmar al no tener acceso a la partitura y no proporcionar dato alguno las, por otra parte, escuetas notas que acompañan el cedé.

La Sinfonía nº81 'After Eighty...' (2002) resulta menos expansiva que la 162. Aquí Segerstam parte de un silencio que poco a poco va coloreando con todas las fuerzas de la orquesta sinfónica hasta llegar a un clímax que a un oyente atento podría remitir a Alexandr Scriabin, compositor cuyo universo sonoro no está alejado en demasía del músico finlandés. Mucho más furiosa se revela la obra más reciente que registra el disco, la Sinfonía nº 181 'Names itself when played... = (raising the number with 100 for Bergen)' (2007). En todo caso parece oportuno recomendar una escucha aislada de estas piezas para quebrar ese notable carácter igualitario que hermanas a unas y a otras. Sólo de este modo pueden advertirse, más allá de los puntos en común que las unen, diferencias que hacen de cada trabajo de Segerstam una sugerente creación llena de energía, una suerte de traslación en música del action painting de Jackson Pollock: aquel irrefrenable impulso plástico que originaba piezas maestras en apariencia tan similares y en impacto tan diferentes...


La número 181 prácticamente no ofrece tregua al oyente, es una música más heróica que pomposa (adjetivo con el que ciertos críticos despachan a menudo la obra de Segerstam por el desconocimiento con el que la abordan), creación de una sobresaliente vivacidad que cuenta en la grabación con unos intérpretes entusiastas capaces de exprimir cada sugerencia realizada por el autor, que, además de a través de la partitura, les llega en forma de anotaciones extravagantes, estrafalarias, únicas: “Tocar como si escucharan una sirena de ambulancia...”, “Estos acordes deben sonar como si estuvieran traumatizados...”, “Piensen en un ritmo irónico e interprétenlo...”, “Quisiera que este pasaje sonara como una película de James Bond...”. Pocos universos sonoros se resisten más a la definición que el de Leif Segerstam, y escasas son las oportunidades de poder disfrutar de unas obras capaces de incomodar a los oyentes clásicos y a los aficionados a la música de vanguardia. En todo caso, el compositor finlandés transita una vía por la que sólo él se ha aventurado. Nadie le sigue detrás. Mejor así. La originalidad, esa palabra tan compleja de conquistar y tan acariciada por los creadores de ayer y hoy, es adjudicable, con pleno derecho, a su música.


* En este enlace de RTVE puede disfrutarse de la grabación audiovisuual de la temporada 2008-2009 de la Orquesta Sinfónica de RTVE de un concierto dirigido por Leif Segerstam en el que el maestro interpreta su Sinfonía nº 176, así como Cantus Arcticus, de Rautavaara y la Sinfonía nº6 de Jean Sibelius. 

** Una extensa e interesante entrevista (en inglés) con Leif Segerstam puede leerse aquí. 

17 may 2011

Franck Bedrossian, 'Manifesto'




















Franck Bedrossian (1971-)
1.- It pour sept instruments (2004-07) 14:58
2.- La solitude du coureur de fond pour saxophone alto (2000) 6:12
3.- Tracés d'ombres pour quatour à cordes (2005-07) 10:55
4.- Manifesto pour huit instruments à vent (2008) 6:48
5.- Bossa Nova pour accordéon (2008) 7.32
6.- Propaganda pour quatour de saxophones et électronique (2008) 8:00
Ensemble 2e2m. Pierre-Stéphane Meugé, saxofón.
Pascal Contet, acordeón. Quatour Habanera. Pierre Roullier, director.
AEON (1106)
Distribuye en España: Diverdi

Audición: Propaganda (2008)


En este espacio de la red venimos defendiendo en múltiples textos que la vanguardia  dista mucho de ser un cadáver. El término es de plena actualidad, se regenera y se bifurca por innumerables senderos. Otro tema es que el foco de quienes rigen y mercadean con el arte se haya vendido al mejor postor a favor de la difusión del panfleto social de qualité (acúdase a cualquier feria de arte contemporáneo para comprobarlo) antes que a lo puramente creativo, menospreciando aquel famoso y siempre reivindicable axioma l’art pour l’art.  Asunto distinto es también que la vanguardia, cuando nace en pleno siglo XXI, no tiene ese fervor dogmático de antaño, aunque sí su marchamo de resquebrajamiento con lo anterior, de proponer algo verdaderamente nuevo (o casi).

Por fortuna la música, por sus características inherentes, se ha venido manteniendo algo más ajena a la sublimación estilística de los titulares de los periódicos (hay excepciones, caso de las muy poco interesantes propuestas en este sentido de compositores como John Adams, María de Alvear o Mark-Anthony Turnage, entre otros muchos) en beneficio de la concentración en el puro y abstracto material sonoro, del que pueden extraerse infinitas intertextualidades cuando el creador es habilidoso. 

Viene a colación lo anterior de la fundación, sin fecha definida ni manifiesto mediante, de la ‘música saturada’, denominación a la que se adscriben, con militancia más o menos vehemente, autores como el que nos sugiere estas líneas y mentor estético Franck Bedrossian (París, 1971), Raphaël Cendo (París, 1975) –el más radical practicante, oígase por ejemplo Décombres (2006)-, Yann Robin (Courbevole -France-, 1974) y Dmitri Kourliandski (Moscú, 1976). La lista podría incluir más nombres (como, puntualmente, el desaparecido Fausto Romitelli y su, por más que errático, profético Professor Bad Trip) pero su filiación con esta escuela sin sede y sin decálogo aparente es más dudosa, por lo que no procede su enumeración aquí. 

Para conocer en profundidad todo lo que atañe al concepto de música saturada es de referencia el estudio, disponible en castellano en la revista digital Espacio Sonoro, del artículo El bello arte del ruido: La saturación en la música contemporánea en los últimos 20 años, debido al musicólogo Germán Alonso. Sí señalaremos cómo la saturación como concepto estético protagónico de un ideario bebe de principios tomados del futurismo, la música concreta, las nuevas técnicas instrumentales introducidas por Helmut Lachenmann, el espectralismo post-Murail, y a juicio del citado Alonso, también la música popular. Es en este punto donde disentimos, ya que si bien, y tal y como  se encarga de citar, nombres como los de Pink Floyd y The Beatles -con su sobrevalorado White album- pueden resultar precedentes más o menos obvios,  hay otros cuyo impacto sobre los imaginarios de Bedrossian & Cía nos parecen aún más evidente. Piénsese directamente en propuestas ajenas a la esfera pop y centradas en el noise experimental de artistas como Merzbow, Whitehouse o Daniel Menche, para seguir la pista al virulento sudor que emanan las partituras instrumentales de los compositores que nos ocupan.

El sello francés AEON parece llamado a erigirse en defensor de las propuestas de estos enfants terribles de la música actual. Acaba de salir al mercado un monográfico Bedrossian, en 2012 aparecerá otro consagrado a Räphael Cendo y para 2013, el miembro más joven, Dmitri Kourliandski también contará con tarjeta de visita. A Bedrossian el discófilo ha podido venir siguiéndole la pista desde tiempo muy reciente. El -no sabemos si fenecido- sello galo Sismal Records publicó en 2008 un cedé que contenía cinco obras ejemplares para penetrar en la música saturada de Bedrossian. Ahí estaban Charleston (2007) en una magnífica lectura del exquisito Ensemble L’Itineraire y la aguerrida y generosa en decibelios Transmission (2002) para fagot y electrónica en otra portentosa interpretación de Brice Martin. 

Poco después, el pasado año, NEOS dedicaba el segundo volumen de su repaso anual al Festival de Donaueschingen a tres compositores: Franck Bedrossian, Raphaël Cendo y un joven norteamericano cercano a los planteamientos de aquellos dos al que convendría seguir la pista, Christopher Trebue Moore (1978). Del primero el Ictus Ensemble, dirigido por George-Elie Octors, despachaba Swing (2008), obra para once instrumentos cuyo título -al igual que el ya citado Charleston u otro, Bossa Nova (2008) para acordeón- hablan del gusto del francés por ironizar sobre diversas músicas populares partiendo de mínimos planteamientos rítmicos coincidentes que son deformados y desviados ahogándose así la posible referencia en un océano acústico denso y, a menudo, impenetrable.

Afirma Omer Corlaix en las notas del disco que reseñamos de AEON que “la música de Bedrossian integra la energía sonora de un Edgar Varese con el gesto sonoro del free-jazz”. Como puede intuirse, dado lo novedoso del material y su reivindicación como invención propia, no existe consenso meridiano al respecto del cóctel que se agita bajo el paraguas de música saturada (donde la tímbrica, la textura y la dinámica aparecen comprometidas por una intención compresiva). El compositor francés asegura que sus principales referencias son, no por sorpresa, sus principales maestros: Gérard Grisey –con quien estudió en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París- y Helmut Lachenmann –con quien coincidiría durante una residencia en Hamburgo en la academia del Ensemble Modern-.

Bedrossian, al igual que el célebre compositor alemán, pone en solfa la cuestión del sonido bello que ha sustentado durante siglos la música occidental. Por ello, y siempre según su punto de vista, la saturación, término que liga a ‘monstruosidad’, sirve para “ir más allá de los criterios estéticos”: “El sonido saturado proyecta una multitud de referencias culturales y emocionales. En el mundo de los sonidos la saturación corresponde con la ausencia de una idea fija y motora, distorsiona en definitiva el sonido tradicional. Ello conllevará el empleo de una notación extraordinariamente compleja que debe ser desentrañada por el intérprete y la opción, a libre decisión, del recurso a la electrónica como objeto interferente. 

En la escucha del monográfico que propone AEON salen mejor paradas las piezas para ensemble antes que las concebidas para instrumentos solistas, así como también parecen más caras a la orientación estética del compositor los conjuntos heterogéneos y, en todo caso, las familias de viento y percusión antes que, pongamos por caso, la cuerda. Es así que la pieza más decepcionante del álbum es el cuarteto Tracés d’ombres (2005-07) porque a pesar de que accelerandos y rallentandos configuran las técnicas principales de la partitura el conjunto no logra despegar el vuelo, no advirtiéndose aquí la densidad que se le supone, ni prácticamente huella alguna de una estética propia. Es como si el peso histórico del formato hubiera acabado por engullir al músico. Todo lo contrario que sucede en la obra que abre el disco, It (2004-07) y que Bedrossian emparenta en una cuasi-trilogía con Charleston y  Swing.  El Ensemble 2e2m, que dirige Pierre Roullier, acierta plenamente con el juego de tensiones que despliega la partitura en sus quince minutos. La música fluye con una naturalidad que, efectivamente, parece tener ecos del free-jazz y el carácter falsamente improvisatorio de la composición incide en la insobornable capacidad de sugerencia de una obra que se nos presenta como nueva en cada escucha.

Manifesto (2008) para ocho instrumentos de viento resulta en su brevedad una  pieza emblemática por su carácter acumulativo hasta llegar a la masa sonora informe y distorsionada.  Está aquí el Varèse de Intégrales (1925) en el uso primitivista, indomable, del sonido. Lástima que Bedrossian aborte el discurso demasiado pronto y no dé alas a un mayor salvajismo sonoro en la última sección que parece pedir a gritos una desembocadura en el caos. De las dos piezas para instrumento solista -La solitude du coureur de fond (2000) y Bossa Nova (2008)- nos quedaremos con la primera de ellas, para saxofón alto, a cargo de Pierre-Stéphane Meugé. La obra, que ya se encontraba registrada en el referido disco de Sismal con otro solista, Jérôme Laran, tiene aquí una toma de sonido más óptima, muy cercana al micrófono, también una lectura menos escolástica, más desatada. El intérprete derrama cascadas de armónicos y alcanza cotas de excelencia en la distorsión del sonido, fruto de su profunda comprensión de la partitura. La segunda creación, ejecutada por el acordeonista Pascal Contet, no difiere en exceso de otros acercamientos al instrumento, más empeñados en insistir en sus concomitancias con la sonoridad electrónica que en proponer una partitura verdaderamente ambiciosa.

El cuarteto de saxofones Habanera clausura el álbum con Propaganda (2008) obra que, junto con It, justifica por sí sola la adquisición del disco. Escrita para cuarteto de saxos y electrónica, Bedrossian trabaja en el subrayado de la homogeneidad tímbrica, la elasticidad y la capacidad para metamorfosear ambos universos (el instrumental y el digital) creando sinestesias y desarrollando texturas que tan pronto entran en conflicto como se unifican sónicamente. La huella de la saturación es audible desde el primer instante en una obra que surge como un disparo y que evoluciona con una tosquedad pretendida cayendo en instantes concretos en el puro ruidismo acústico. A la vanguardia le ha salido un retoño. Aquí están sus primeros balbuceos. Toca actuar de abuelos y seguir de cerca cómo evoluciona. Ya esperamos con expectación los anunciados monográficos Cendo y Kourliandski.

2 may 2011

Entrevista con el barítono Jonathan de la Paz Zaens
















El barítono de origen filipino, aunque establecido en Berlín, Jonathan de la Paz Zaens es uno de los cantantes actuales más ligados a la música de Karlheinz Stockhausen. Recientemente ha participado en las funciones que la Oper Köln ha llevado a cabo la presente temporada de SONNTAG aus LICHT y a él está dedicada la partitura de Orvonton, decimoquinta hora del ciclo KLANG.

1.- ¿Cuál fue su primer contacto con la música de Karlheinz Stockhausen?
Tengo que confesar que mi primer contacto con la música contemporánea fue ¡con la obra de Stockhausen! Poco después de acabar mis estudios en la Hochschule der Künste de Berlín me ofrecieron el papel de bajo en la escena Michaels Jugend de DONNERSTAG aus LICHT, para una producción que iba a llevarse a cabo en la edición del año 2002 del Festival MaerzMusik de Berlín. Hasta entonces no tenía prácticamente vinculación con la nueva música a excepción de algunas piezas que había interpretado de Frank Martin y Judith Weir en pequeños recitales durante mi época de estudiante. Verdaderamente puedo afirmar que la música de Stockhausen ha supuesto mi primera gran puerta de entrada al universo contemporáneo.Debo decir también que por aquel entonces yo era un neófito en este género, por lo que me llevó casi un año aprender mi parte en Michaels Jugend. Sin lugar a dudas mereció la pena porque poco después del estreno en Berlín recibí la llamada personal de Karlheinz Stockhausen felicitándome y ofreciéndome la parte de barítono en Düfte-Zeichen, cuarta escena de SONNTAG aus LICHT que iba a estrenarse en el Festival de Salzburgo. Recuerdo aquella llamada telefónica como uno de los momentos en los que más vergüenza he pasado en toda mi vida. Cuando él me llamó se presentó a sí mismo diciendo: “Soy Stockhausen”. Pensé entonces que se trataba de un amigo gastándome una broma así que yo le respondí en alemán en un tono mezcla de incredulidad e irreverencia, “¿Quieres decir Karlheinz Stockhausen?”, tuteándolo, algo que molesta mucho en este país cuando no se tiene confianza. Me confirmó entonces en tono severo que era él y en ese mismo instante supe que no se trataba de ninguna guasa. Aquello me sirvió para no olvidar jamás ese apartado de la gramática germana que insiste en la distinción entre “tu” y “usted”.

2.- ¿Qué aprecia en la música de Stockhausen poniéndola en relación o comparación con la de otros creadores de los siglos XX y XXI?
Sin lugar a dudas por encima de cualquier otro aspecto valoro su inmensa sensibilidad a la hora de escribir para voz. Tiene un instinto natural y un conocimiento maravilloso de cómo funciona la voz humana, de sus capacidades y también de sus limitaciones.  ¡Apuesto a que él mismo cantaba lo que escribía! Como resultado de su dominio sus partituras, a pesar de las enormes dificultades que encierran, resultan siempre cantables, es decir, realmente puede interpretarse todo lo que hay escrito en la partitura. A diferencia de otros compositores actuales que exigen acrobacias vocales imposibles y, en cierta medida, hasta perjudiciales para la voz, a Stockhausen no le interesaba nada de eso. En una conversación telefónica posterior recuerdo que me preguntó por la altura que podría alcanzar con mi voz de bajo-barítono. Lo hizo mientras trabajaba en la redacción de mi parte de Düfte-Zeichen, lo que da la medida de la preocupación que se tomaba porque su música fuera perfectamente ejecutable. Cuando tiempo después me llegó la partitura y comencé a estudiarle sentí una enorme felicidad, y alivio también, al comprobar que, efectivamente, mi línea vocal era manejable. Esto no significa que fuera fácil, ¡no lo es en absoluto! Pero la dificultad radica en otra parte, por ejemplo en la estricta precisión rítmica, casi metronómica, impuesta por Stockhausen, algo en lo que tuve que profundizar mucho. Recuerdo cómo se horrorizó cuando todo el elenco de la obra llegamos al primer ensayo y no habíamos traído metrónomos. Para él era vital.


3.- Cuénteme cómo valora finalmente la escena Düfte-Zeichen, que estrenastes en Salzburgo, y que ha vuelto a abordar recientemente en el marco del estreno escénico de SONNTAG aus LICHT en Colonia. Todo en ella parece evocar una plegaria religiosa. ¿Comparte este punto de vista?
Habiendo crecido en Filipinas en el seno de una familia católica, Düfte-Zeichen me recuerda mucho a una misa. Las esencias y olores que acompañan la interpretación van apareciendo como si fueran partes de un ritual, los múltiples gestos y símbolos anotados en la partitura que los cantantes debemos ejecutar y el carácter meditativo que domina toda la composición son elementos que hacen pensar en una celebración religiosa, sí.  Por otra parte, la forma en la que cantamos y las repeticiones constantes, con diversos pasajes aleatorios, me recuerdan al rezo del rosario. Sí, ¡para mí Düfte-Zeichen es como rezar! Stockhausen era un ser humano excepcional, un hombre de una profunda religiosidad, así que creo que es así como hay que entender la obra.


4.- El maestro Peter Rundel confesaba, tras el estreno, que algunas ideas de la concepción escénica de La Fura dels Baus al respecto de SONNTAG le parecían maravillosas y otras “no tanto”. ¿Cuál es su opinión?
Honestamente, no sabía de la existencia de La Fura dels Baus hasta esta producción de la Oper Köln. Ahora, después haber trabajado con ellos, comprendo perfectamente la inmensa reputación que les acompaña. La Fura ha hecho un espectáculo total con SONNTAG. Estoy muy sorprendido de ver la gran cantidad de ideas que han integrado en la ópera de Stockhausen. Las luces, el agua, el fuego, los bailares, el vestuario… ¡wow! Ha sido maravilloso.

5.- Stockhausen compuso para usted la hora 15 de su ciclo KLANG, Orvonton. ¿Qué supuso poder estrenar una obra en la que es el máximo protagonista?
Me siento muy honrado por el hecho de que Stockhausen compusiera Orvonton pensando en mi voz. En la obra el cantante describe y explica con detalle cómo la pieza ha sido compuesta, detallando conceptos sobre el ritmo, la melodía y la armonía. Esto implica una gran cantidad de texto. Kathinka Pasveer, de la Fundación Stockhausen, me dijo que él me había asignado esta pieza en particular debido a la claridad de mi dicción alemana. Como cantante no se puede recibir mejor cumplido. Especialmente si tenemos en cuenta que yo no soy alemán nativo. Por eso el momento del estreno supuso uno de los acontecimientos más intensos y felices de mi vida. Además, Stockhausen pide al barítono en Orvonton que cante la pieza ‘de corazón’, es decir que realmente sienta esta música y todo lo que ella conlleva. Sólo lamento que debido a su fallecimiento no me fuera posible trabajar personalmente con él la composición.


6.- ¿Cuáles son las dificultades técnicas que ha encontrado en su estudio de la música de Stockhausen?
Como ya he mencionado su enorme demanda en lo que respecta a la precisión rítmica supone un reto muy difícil de dominar. Incluso hoy día, después de haber cantado Düfte-Zeichen en varias ocasiones, todavía me gusta ensayar pasajes particulares metrónomo en mano. Precisamente, una de las cosas que más me sorprendió de Stockhausen fue su, diremos, metrónomo interno. Él sabía exactamente cómo de rápido o lento tenía que ir el tempo sin consultar el metrónomo. En Orvonton, por el contrario, el cantante está libre de marcas metronómicas. Sin embargo el tempo viene determinado en segundos, en márgenes que van de 40 a 80 segundos para cada estrofa y hay que terminar la última línea dentro de ese marco de tiempo. Aprender la música de Stockhausen requiere una gran cantidad de tiempo, paciencia, insistencia y mucha disciplina pero una vez que se adquiere un cierto nivel de dominio hay pocas músicas tan gratificantes como la suya.

7.- ¿Lleva entonces en su ADN la música de Stockhausen al mismo nivel que la de Bach, a la que ha dedicado también un gran empeño?
No sé si una y otra se llevan o no en el ADN, pero sí puedo afirmar que amo por igual cantar la música de Stockhausen y de Bach.


8.- ¿Y se vive con idéntica intensidad la interpretación de una música y de otra?
Realmente nunca me lo había planteado, entre otras cosas porque Bach  y Stockhausen son compositores que pertenecen a estilos y épocas diferentes. Lo que sí tienen en común es una gran religiosidad y, en este punto concreto, sí puedo confesar que uno y otro tienen en mí un impacto similar. También puedo asegurar que canto con la misma intensidad la música de uno y de otro. Trato de abordar cualquier música, contemporánea o no, con idéntico respeto, sensibilidad y apertura. Es comprensible que, debido a mi formación clásica y al background de música tonal que todo intérprete tiene, yo deba pasar mucho más tiempo preparando una obra de Stockhausen o de otro contemporáneo hasta que la hago mía. En este sentido no revelo nada si digo que ayuda mucho trabajar mano a mano con el compositor. Entre otras cosas porque sólo así uno tiene la certeza de estar interpretando perfectamente la pieza, tal y como el compositor quiere. Eso lo viví durante los ensayos de Düfte-Zeichen con Stockhausen. Y en mi próxima vida quisiera trabajar con Bach también.


9.- Ha interpretado en época reciente obras de autores diversos como Wolfgang Rihm y Salvatore Sciarrino. ¿Qué otros autores le gustaría abordar?
Después de Michaels Jugend y Düfte-Zeichen se me abrió el universo de la música actual y pude interpretar páginas de Sciarrino, Rihm, Eötvös, Pärt y Christou. Pero me alegro enormemente de haber debutado en el género con Stockhausen porque con él aprendí la disciplina que exige la nueva música y los obstáculos a los que hay que hacer frente. Hoy me siento mejor preparado y equipado técnicamente para hacer frente a la mayoría de las obras de otros compositores. Diría que Stockhausen me asfaltó el camino hacia la creación actual y, a día de hoy, estoy abierto a cualquier otro compositor que quiera proponerme algo interesante.


10.- ¿Cuándo volverá a interpretar en público la música de Stockhausen?
Después de las funciones de SONNTAG aus LICHT en Köln habrá que esperar hasta el mes de junio. Cantaré en el Festival Agora de Paris la obra Orvonton, que luego en septiembre haré en el Festival de Música Contemporánea ‘Otoño de Varsovia’. Antes, en agosto, habré participado en los cursos de la Fundación Stockhausen interpretando el dueto Tate Yunanaka de Düfte-Zeichen y, nuevamente, Orvonton.


11.- Nació y recibió su primera formación en Filipinas. ¿Tiene algún conocimiento del momento que atraviesa la música de vanguardia en su país natal?
La contralto Noa Frenkel, que ha participado junto a mí en las funciones de SONNTAG en Köln, me comentó nada más conocerme que ella había cantado y trabajado con el compositor filipino Ramon Santos. La noticia me llenó de alegría pues me congratula saber que la música contemporánea de Filipinas poco a poco va siendo conocida y que intérpretes de otros países, caso de Frenkel, se interesan por ella.Conozco bien a dos compatriotas, Alan Hilario y Jeffrey Ching, cuya música poco a poco está comenzando a dejar su huella en la intensa escena musical contemporánea de Alemania. Ching, por ejemplo, estrenó el pasado año en la Ópera de Erfurt la ópera El huérfano y también escribió para mí un ciclo de canciones, Aires para reyes caídos, que estrené en la misma ciudad germana.


12.- Cruzó el globo para quedarse en Berlín. ¿Por qué esta ciudad?
Tenía 22 años cuando llegué para continuar mis estudios superiores. Mi objetivo siempre fue quedarme aquí en Alemania con la sencilla idea de poder tener una vida digna haciendo lo que más amo, cantar. Esto ha sido posible gracias, entre otras cosas, a una tarjeta visa que me concedió el Gobierno alemán como forma de ayuda a mí y a otros artistas incentivando a la par nuestra permanencia en este gran país. Llevo en Berlín 18 años y siento que aquí está mi casa. He aprendido a amar esta ciudad llena de historia, en constante crecimiento y con una vida cultural emocionante. Como el presidente Kennedy dijo ante 120.000 ciudadanos de Berlín cuando visitó la ciudad el 26 de junio de 1963: Ich bin ein Berliner!