Hace solo unas semanas la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid acogía la
presentación del disco Poética del laberinto (Wergo), partitura(s) para cuarteto de saxofones de Alberto Posadas (Valladolid, 1967) que ha grabado el conjunto Sigma Project. Se trata de una obra que conforma un tríptico (hasta hoy al menos) con Poética del espacio y Poética del camino. Tres ciclos que retratan ejemplarmente la personalidad estética de un compositor que en 2011 mereció el Premio Nacional de Música. Distinción que, como suele ser habitual, nunca ha ido de la mano de la difusión de la obra de Posadas en España. Antes al contrario su música es demandada e interpretada por los mejores conjuntos centroeuropeos dedicados a la nueva música y notoriamente obviada en su país de origen. Su obra, ambiciosa y profusamente reflexiva, le señala como a una voz privilegiada de la creación contemporánea.
Ismael G. Cabral: Hace unas semanas estrenó en Colonia Poética del camino, con el ensemble recherche y los Neue Vocalsolisten además de otros dos solistas de viento. ¿Representa este nuevo ciclo, mejor que ningún otro, sus actuales inquietudes compositivas?
Alberto Posadas: El concierto tuvo lugar el pasado 11 de octubre. Y días después tuvo lugar una grabación de estudio pero lamentablemente no he podido estar presente. Un procolo interno de la emisora WDR, en cuya sede se presentaba la obra, me impidió viajar por provenir de una zona considerada de alto riesgo sanitario como es en estos momentos España. Lógicamente Poética del camino (2019), aunque solo fuera por cercanía temporal a su escritura, es una obra que siento muy afín a mí, pero realmente no tengo demasiada perspectiva sobre mis partituras de los últimos dos o tres años. Sí que puedo decir que esta Poética, junto con las otras dos que he hecho (Poética del espacio, 2019; y Poética del laberinto, 2016-17), la siento singularmente cercana.
Dentro de no demasiado tiempo el nombre de Bryn Harrison (1969, Bolton, Inglaterra) se enarbolará cuando de lo que se trate sea de poner en valor la música contemporánea británica. Profesor de Composición en la Universidad de Huddersfield, y ligado al célebre festival de nueva música que allí se celebra, su obra transita un sendero distinto de la conflictividad estructural y/o posmodernista de señeros creadores de las islas como Peter Maxwell-Davies, Harrison Birtwistle o Brian Ferneyhough. Con Feldman como telón de fondo, Harrison ha dado luz a obras como la pianística Vessels (2012), una caudalosa y serena composición de casi 80 minutos o, más recientemente, Piano Quintet (2016), música de enrocado discurso, tan atenta a las texturas sonoras como al cincelado de unas estructuras marmóreas (y recientemente grabada en disco en el sello HCR). A su alrededor, intérpretes como Philip Tomas, el Cuarteto Bozzini y los ensembles Apartment House y Plus-Minus, entre otros, llevan años haciéndose eco de su música. Una obra, en fin, que aporta un punto de ruptura propio en él, en ocasiones, excesivamente homogéneo universo de la modernidad.
Ismael G. Cabral: Siendo un destacado compositor británico sorprende que en su biografía formativa no aparezcan dos de los más prominentes músicos de su país, Harrison Birtwistle y Brian Ferneyhough. Sin embargo, sí que tomó estudios con Gavin Bryars, más cercano a posturas minimalistas y, en todo caso, muy al margen de la academia. ¿Ha sido un posicionamiento quizás el suyo de alejarse de los cánones de la música contemporánea centroeuropea?
Bryn Harrison: No, en absoluto. Veo mi música como una síntesis del experimentalismo británico / americano y la música de vanguardia centroeuropea. Tanto Birtwistle como Ferneyhough han ejercido una profunda influencia en mi manera de componer, al igual que otros importantes compositores como Michael Finnissy, James Dillon y Aldo Clementi. Recuerdo haber leído hace años el ensayo Ritmo y duración, de Ferneyhough, que me sirvió para iluminar mi forma de componer y también para entender, por ejemplo, todo el material musical que Morton Feldman desplegó en una obra como Clippled Symmetry. Tengo una enorme deuda con las tradiciones europeas y americanas. Al principio de mi carrera me interesé más por explorar un lenguaje rítmico complejo que podríamos asociar con Ferneyhough y Finnissy, pero unido a un enfoque más perceptivo de la tonalidad. En ese sentido creo que, para mí, un compositor como Olivier Messiaen también ha sido una gran influencia, particularmente por su uso del lenguaje modal.
El Cuarteto Bozzini es un conjunto fundamental en el desarrollo y la expansión de la música contemporánea para esta formación en los últimos 20 años. Una aseveración de este calibre emparenta al grupo inmediatamente con el crucial y plenamente vigente Cuarteto Arditti. Y es exactamente así. Ambos permiten mirar desde una óptica casi histórica la maduración del cuarteto de cuerdas en el último tramo del siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI. Que hoy existan otras formaciones análogas de enorme relevancia (los Jack, Tana, Diotima…) viene a constatar la viveza de un género que nunca ha dejado de interesar a los compositores. Sin embargo, el hecho de que los Bozzini tengan su origen en Canadá no les ha permitido extender sus redes en Europa con igual facilidad que a otros colegas. Con todo, su presencia en festivales como Maerzmusik (Berlín), Ostrava Days y el Festival de Huddersfield ha sido (y es) muy relevante. El interesado en estas músicas, esté donde esté, les conoce, les admira y ha escuchado unas grabaciones que constituyen un catálogo de discos excepcional que nos deja asomarnos a creaciones de compositores auténticamente radicales y exploratorios como Phill Niblock, Ernstalbrecht Stiebler, Aldo Clementi y James Tenney, por citar solo a cuatro de ellos. A nadie asombrará que ningún programador español (todavía… ¡todavía!) haya reparado en ellos. Son inéditos en España. Sirva esta extensa conversación con la violista Stéphanie Bozzini, fundadora del grupo, como primera carta de presentación escrita en castellano. Valga, ojalá, como mensaje en una botella que alcance pronto alguna orilla cercana.
Ismael G. Cabral: ¿En qué momento se encuentra el Cuarteto Bozzini cuando se cumplen 20 años desde su creación?
Stéphanie Bozzini: Diría que estamos en un punto muy interesante porque, en los últimos años, hemos podido revisitar muchas obras que se han convertido en importantes para nosotros. Echando la vista atrás son ya bastantes los compositores que han escrito para el Cuarteto, y eso es algo fundamental para un grupo que está completamente especializado en música contemporánea. Desde que comenzamos a tocar asumimos la responsabilidad de ser mentores de nuevas generaciones de compositores e intérpretes. Y, felizmente, los resultados son cada vez más palpables.
La intérprete y compositora Eva Reiter (Viena, 1976) lleva realizado un extenso viaje estético que la
ha llevado de cultivar musicalmente el barroco (en calidad de flautista de pico y violagambista) a participar en las silentes y radicales composiciones de Radu Malfatti (fijadas en discos en el sello B-boim), y de intervenir como miembro de la plantilla del renombrado Ictus Ensemble a gestar una carrera compositiva cada vez más sólida. Esta viene asida a una gramática virulenta especialmente interesada en la intersección entre lo instrumental y lo electrónico, pero también entre los instrumentos históricos y los actuales y en una exploratoria búsqueda que cruza lo vocal y lo instrumental hasta propiciar una fusión que alumbre una nueva semántica. El sello Kairos ha publicado recientemente un álbum retrato dedicado a Reiter, protagonizado por el Klangforum Wien, que viene inaugurado por la imponente composición Noch sind wir ein Wort... (2016) configurando una foto fija altamente estimulante y significativa del trabajo de la creadora hasta hoy.
Ismael G. Cabral: Su origen como músico se encuentra en la flauta de pico, de la que es una importante solista. Un instrumento este que tiene ya tras de sí una considerable tradición de repertorio contemporáneo. Sin embargo su trabajo como compositora no parece estar enfocado en este instrumento. ¿Cuál es su relación con la flauta desde el punto de vista de la creación?
Eva Reiter: Mis instrumentos son la flauta de pico y la viola da gamba, ambos empecé a tocarlos cuando era una niña. Y aunque mi 'socialización' musical tuvo lugar en el campo de la música antigua desde muy pronto desarrollé un firme interés por el lenguaje de la música contemporánea. Durante mis estudios en Viena y Ámsterdam encontré una gran cantidad de nuevas composiciones para flauta de pico, lamentablemente muy pocas para viola da gamba. No obstante cuando me puse a estudiar el repertorio que existía descubrí que muy pocas de estas obras conectaban con la dirección estética que me interesaba. Esto me llevó a iniciar mi propia actividad compositiva en 1996. En Viena ya había trabajado en colectivos de improvisación libre con ambos instrumentos y pronto me quedó claro que quería dedicar más y más atención a este campo. Fue en Ámsterdam cuando comencé a escribir mis primeras partituras, que por aquel entonces eran más bien bocetos. Gracias a la improvisación pasé mucho tiempo investigando y categorizando el material sonoro de varios instrumentos, no solo de los míos. Y cada vez sentía una necesidad más imperiosa de definir mis conceptos musicales estructural y formalmente.
Joshua Weilerstein & Christian Tetzlaff. / Foto: ONE
Auditorio Nacional de Madrid. 2 de marzo de 2019. Programa: Concert românesc & Concierto para violín y orquesta, György Ligeti. Sinfonía 41 'Júpiter', K551, Mozart. Christian Tetzlaff, violín. Orquesta Nacional de España. Joshua Weilerstein, director.
Hace unas semanas un buen y admirado pianista amigo de quien estas líneas redacta se lamentaba de lo difícil que es escuchar en concierto a los grandes de la segunda mitad del siglo XX. “Ahí está Elliott Carter, un magnífico compositor poco o nada programado hoy y del que parece que algunos solo recuerdan que murió con más de 100 años”, decía. ¿Explicaciones? Diversas, del conservadurismo y desinterés de la mayoría de los programadores al flagrante desconocimiento en otros casos. Además, la obra de nueva creación goza de algunas prebendas (que una orquesta toque un estreno absoluto otorga vistosidad), y la música de los vanguardistas no genera, por otra parte, subvención alguna. Nos referíamos a Carter pero la reflexión es extensible, desde luego, al protagonista del concierto que la Orquesta Nacional de España ofreció el pasado fin de semana en Madrid, György Ligeti (1923-2006). Podríamos afirmar que, en España, solo la ONE recuerda muy de vez en cuando a grandes de la vanguardia. Pero para encontrar una formación de referencia que admirar en este sentido deberemos mirar a Portugal, donde la Orquesta Sinfónica do Porto Casa da Música tiene programados, esta temporada, a Varèse, Carter, Ligeti y Vivier, entre otros.