25 abr 2012

Luigi Nono, 'A floresta...' Operadhoy 2012. (Teatros del Canal. Madrid, 19/04/12)

Ensayo de A floresta. Foto: Operadhoy

En un contexto socioeconómico en el que parece prácticamente imposible plantear retos culturales de auténtico calado Musicadhoy Operadhoy ha vuelto a hacer realidad el objetivo de ir más allá de lo convencional planteando la recuperación de una de las obras maestras de Luigi Nono acaso algo eclipsada por títulos mayores del veneciano. A floresta é jovem y cheja de vida (La selva es joven y está llena de vida) es una ópera o acción escénica si acuñamos el término con el que posteriormente el músico se referirá a sus últimas propuestas de teatro musical que configura una de las obras más sólidas de su segunda etapa. 

Virulentamente contestataria, agresiva y vociferante, con una presencia protagónica de las cintas, A floresta es también, lo que puede ir en su contra, una composición claramente datada. La ideó Nono en 1966 y durante su audición ningún oyente atento puede dudar de que estamos ante una partitura de cuando ciertos vanguardistas creyeron firmemente en la capacidad redentora a la par que agitadora de sus trabajos. Luego llegaría el abrazo de la filosofía en demérito de la política, la constatación de la utopía y con todo ello los silencios de, sin dejar Nono, Prometeo o Hay que caminar, soñando… Pero esa es otra historia.

El desaparecido e histórico Festival Internacional de las Artes 'Sibila' de Sevilla propició en 1997 el estreno de A floresta en España. Fue en el Teatro Central y contó con un elenco formado por percusionistas de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (entre ellos Iñaki Martín y Gilles Midoux) y miembros de la Orquesta Joven de Andalucía. De aquella función sólo guardo el impacto emocional, no la valoración mesurada de lo que supuso en lo puramente interpretativo aquel acontecimiento histórico. Pero consta en las crónicas del concierto el agrado con el que lo aplaudió Nuria Schoenberg Nono, presente en aquella sesión.

Quince años después A floresta ha vuelto a sonar en España. En esta ocasión en el escenario de la Sala Verde de los polivalentes y feúchos Teatros del Canal madrileños. Durante dos sesiones ha constituido la propuesta estrella del ciclo Operadhoy 2012, también la más personal de cuantas presenta, por cuanto que su puesta a punto responde a la iniciativa de Xavier Güell y de su equipo de ahondar en el Universo Nono en el que llevan varios meses inmersos y que tiene un antecedente memorable en su historial (la función de Prometeo en el Teatro Monumental en 2003). 

Decíamos, todo es radical en A floresta. Comenzando por su mismo fondo ideológico Fue dedicada al Vietcong cuando se estaba gestando la catástrofe de Vietnam con su sucesiva guerra, pero quiso también inspirar los movimientos de liberación en África y América Latina. Días antes del estreno, el dramaturgo Rodrigo García, firmante de la puesta en escena, afirmaba al suplemento Babelia de El País que, para él, “La selva es joven... tiene vigencia como universo sonoro; en cambio, su tema, el contenido, lo veo como parte de la historia y no me voy a ocupar en hablar de eso". Acierta el bonaerense en describir la obra en términos de ‘universo sonoro’, porque A floresta es, durante muchos momentos, un espacio (¿in?)habitable en el que Nono nos invita a dejarnos sacudir por el entramado de gritos y discursos alterados electrónicamente  que braman desde los altavoces. El músico volatiliza la semántica consciente quizá de que así sus temas se convierten en eternos. Y, escuchada hoy, A floresta, si se quiere, puede servir como llamada a la reflexión primero, a la rebelión después, ante un orden que se empeña en negar y ahogar a la sociedad a la que asegura servir.

Rodrigo García, por el contrario, no ha debido entenderlo así. Y se empeña durante cerca de cuarenta minutos que parecen el doble, a razón de un prólogo y un epílogo únicamente teatral –la obra musical se inserta en medio a modo de bocadillo- en regurgitar con una incontinente y muy adusta verborrea marca de la casa lo que Nono nos dispara magistralmente después en forma de latigazo sonoro. Nunca llegaremos a entender el predicamento del que goza García en los círculos reflexivos de la modernidad. Apreciamos la crudeza y buen hacer de su equipo actoral, pero su aporte a estos pentagramas nos parece insustancial en lo visual, ingrato en lo concerniente al vestuario, torpe en lo literario y directamente inadmisible en su ya conocido recurso al maltrato animal en sus presentaciones (aquí caracoles y gusanos). De acuerdo que su soflama no atenta contra el corazón espiritual de A floresta, pero lo explicita ineptamente incurriendo en muchos tics del teatro experimental, ese contra el que el propio dramaturgo lleva años disparando... en vano. Porque él mismo forma parte de la caterva de vendedores de humo intelectualizado, cocineros de diseño, poperos con pretensiones, poetas destroyers, teatreros urbanitas y creadores neo en general a los que con tanto ahínco critica.

Si antes ciframos en términos elogiosos la producción propia de este título de Nono auspiciado por Operadhoy lo hicimos en base a sus soberbios resultados musicales. Acallado el engrudo textual del preámbulo, A floresta se desplegó ante un auditorio que vivió la audición entre el pasmo y el desasosiego. Al frente del espacio sonoro y la electrónica, André Richard, estrechísimo colaborador del compositor, realizó una versión concentrada y brutal de todas las esencias que guarda la obra. Mucho más abrasiva que la confeccionada por Gerard Pape en el cedé que alberga la obra en el sello Mode Records, Richard, por contraste con la más musical y musitada Lontananza… que realizó a la par con Irvine Arditti en enero en el contexto de la inauguración de Musicadhoy 2012, hilvanó una colección de estallidos sobrecogedores que parecían ubicar al auditorio en una trinchera de guerra.  
 
En evidente coalición con Richard, el pianista Marino Formenti dirigió al conjunto vocal e instrumental con idéntica premura y agitación en sus aportaciones. Destacaremos los escalofriantes chillidos de la soprano coloratura Jihye Son y los salivales armónicos del clarinete de Carlos Gálvez. El trío actoral que nos aburrió con la Selva de García nos convenció plenamente como recitadores/actores de la Selva de Nono, singularmente Juan Loriente y Núria Lloansi, absolutamente implicados con la fonética escritura del veneciano y poseídos también por el retorcido clima dramático ideado por Richard y Formenti para esta recreación de A floresta. Tras ellos, el cada vez más valioso grupo Neopercusión atizó y rasgueó las planchas de metal sin descuidar nunca su diálogo con el resto del entramado sonoro de esta sensacional y tristemente vigente obra.


16 abr 2012

Friedrich Cerha, 'Und du...', 'Verzeichnis', 'Für K'





















Friedrich Cerha (1926-)
1.- Und du... 39:13
2.- Verzeichnis 09:23
3.- Für K 17:00

Audición: Für K

Hay discos que, tan pronto se publican adquieren cariz de documento. La música del austriaco Friedrich Cerha (1926) se está beneficiando en los últimos meses de una inesperada atención por parte de sellos de la órbita germana. A los aportes realizados en el pasado por Col Legno, ECM y Wergo hay que sumar la línea de monográficos que viene dedicándole Kairos, entre ellos un esencial doble cedé con la colección de masivos frescos orquestales Spiegel I-VII (1972), enciclopédico trabajo sinfónico que resulta esencial para comprender el devenir de la música de vanguardia centroeuropea.

Ahora, cuando el sello ya anuncia un nuevo disco con dos obras relativamente recientes –el Concierto para percusión (2007-08) e  Impulse (1992-93)- recuperamos una reciente novedad que, sugeríamos líneas atrás, se trata de un álbum que aquilata una creación impensable (por su compromiso, por su aristado ensamblaje de materiales…) en el momento actual, fuertemente datada a la par que radicalmente viva, la vasta composición –casi 40 minutos- Und du… (1963) (Y vosotros…), obra maestra infernalmente densa –apocalíptica puede leerse en algunas reseñas-, propia de un momento estético muy concreto –Escuela de Darmstadt-  y que se alinea con algunas de las primeras y balbuceantes obras en las que el diálogo instrumental con aparataje electrónico cobró una importancia nunca antes imaginada. Píensese que Mixtur, de Karlheinz Stockhausen, es sólo un año posterior y que esta comparte con la referida la técnica de la modulación en anillo.

La guerra nuclear, la vida amordazada entre las paredes de un bunker y la tragedia de Hiroshima son los tres asuntos interconectados que aborda Cerha en Und du… El oyente poco familiarizado con los lenguajes musicales abiertamente experimentalistas podrá censurar que toda la obra evoluciona presa de su abigarrado ensimismamiento. No equivaldría semejante juicio a haber comprendido la creación en toda su magnitud. Del mismo modo en el que gritan las obras políticas de Luigi Nono (A floresta, Al gran sole, Intolleranza 1960…), esta del austriaco utiliza los recursos de la vanguardia para recrear una realidad angustiosa y brutal sobre la que vierte un clarísimo mensaje reivindicativo.

Friedrich Cerha
La audición de una obra como Und du… en concierto se nos antoja hoy prácticamente impensable, por lo que el disco se convierte en soporte de excepción para conocer una partitura que nos llega en la grabación que se hizo con motivo de su estreno a cargo de la ORF Radio-Symphonieorchester Wien dirigida por el propio compositor. Su descarnada sonoridad y el fantasmagórico sonido que transita la obra en determinados instantes eriza el vello en una audición sosegada, tal es el poder de impacto de una pieza que resulta difícil de compartimentar. ¿Arte radiofónico  -fue encargada para ser interpretada y difundida a través de este medio- o arte sonoro? A nosotros nos parece que, en todo caso, está más cerca de los procesos de collage y ensamblaje de materiales tan caros a los universos de Bernd Alois Zimmermann y Luciano Berio aunque con una inequívoca personalidad propia. Sonido orquestal, cintas, pasajes instrumentales cuasi camerísticos, voces habladas y cantadas, Und du… desarrolla una música que, en todo momento, parece al borde de  una explosión que nunca se concreta, tal es su desaforado dramatismo en cuyo calado la transformación de la electrónica tiene mucho que ver.

Sumidos aún en el impacto causado por la audición, todavía el álbum de Kairos reserva momentos de interés. Lo que viene a demostrar -…si acaso quedaran dudas…- que el tercer acto de la ópera Lulu de Alban Berg completado por Cerha ha eclipsado injustamente su quehacer como autor, ensombreciendo su catálogo. De no haber sucedido así, la musicología hoy saludaría creaciones como Spiegel y Und du… con el mismo nivel de valía que se le adjudican a los trabajos de los nombres mayores de la música de la segunda mitad del siglo XX.

Verzeichnis (1969), para 16 voces, -aquí a cargo del ORF Chor en una grabación de mejorable calidad / otra versión, diferente, puede escucharse en YouTube- es una composición basada en la lista nominal de brujas quemadas en la hoguera durante el siglo XVII en Würzburg (Alemania). Y aunque en ella Cerha no vaya mucho más allá de una cierta acumulación de técnicas vocales complejas que sacrifican cualquier indicio emocional, es esta una partitura coral –sobra decirlo, nunca interpretada- que reserva momentos de interés muy superiores al de la gran mayoría de la moderna música coral del orbe nórdico/báltico que goza de una relativa mayor difusión y abrazo de los conjuntos especializados, algo que achacaremos al relajo de un discurso que, antes que mirar hacia adelante, se nos antoja regresivo y claramente neo (cítemos al respecto a los Rautavaara, Törmis, Vasks, Silvestrov, etc…)

Puestos a especular, si el conjunto 'die reihe' no hubiera existido (aún mantiene la actividad), hoy la ciudad de Viena no sería uno de los epicentros de la modernidad musical donde esta se difunde con aparente normalidad pese a la contundencia con la que impregnan su vida cultural los grandes nombres del pasado. Cerha fundó este grupo en 1958 y su intensa actividad en Austria durante más de tres décadas permitió dar a conocer toda la música de la Segunda Escuela de Viena e innumerables estrenos absolutos.

Escultura de Karl Prantl
Grabada y escrita en 1993, la obra que concluye el disco, Für K fue compuesta para el 70 cumpleaños del escultor Karl Prantl. Tratándose de una pieza más cercana en el tiempo, no se acusa en ella por fortuna ningún desgaste del lenguaje.  Estructurada en dos movimientos y escrita para un conjunto que comprende siete instrumentos de viento, piano, tres percusionistas, viola y violonchelo, la obra, que conduce admirablemente a die reihe el propio Cerha, es deudora del lenguaje adquirido durante las décadas de los 60-70. Acaso, eso sí, todo sucede en ella a un ritmo más vertiginoso, como si el músico quisiera iluminar aquí y allá los diversos episodios tímbricos que propone la partitura dentro lo que, nos parece, un trasunto del rotundo trabajo escultórico de Prantl, llevado al pentagrama.

29 mar 2012

Chorro de Luz. Descarga los programas (XIX)


Con frecuencia irán apareciendo enlaces para descargar el programa dedicado a la música de vanguardia Chorro de luz, que cada lunes a las 17.00h (y domingo en su repetición a las 21.00h) se emite en directo en Radiópolis (98.4 FM en Sevilla) y también en Internet.

Chorro de luz 94 (190911)
Monográfico Michael Pisaro (II)
Selección de Hearing Metal 1, 2 y 3

Chorro de luz 95 (031011)
Monográfico 'Text-sound composition'
Henri Chopin: Hoppa Bock
Charles Amirkhanian: Dzarim Bess Ga Khorim
Lars-Gunnar Bodin: Nästan
Lars-Gunnar Bodin: Plus
Ilmar Laaban: I revolutionens snö
Bernard Heidsieck: Passe-partout 25. Sisyphe
Catherine Christer Hennix: Still life Q*
Arrigo Lora-Totino: Chiacchere

Chorro de luz 96 (101011)
Monográfico Mauricio Kagel
Playback Play
Mm51

Chorro de luz 97 (171011)
Monográfico Tom Johnson
La roue (La rueda)
Infinite Melody 1

Chorro de luz 99 (071111)
Tierra y cielo / Cielo y tiera
Emiliano del Cerro: Earth Gods
Gabriel Brncic: Cielo
Tomás Marco: Campo de estrellas
José Manuel Berenguer: Mu

Chorro de luz 100 (141111)
Alrededor de 'Le Grand Macabre' de György Ligeti (I)
Aventures
Nonsense Madrigals
Mysteries of the Macabre
Le Grand Macabre (fragmento)

Chorro de luz 101 (211111)
Alrededor de 'Le Grand Macabre' de György Ligeti (y II)
Le Grand Macabre (fragmento)
Tres piezas para piano
Diez piezas para Quinteto de viento
Hungarian Rock
Continuum

Chorro de luz 102 (051211)
Novedades discográficas
Ghédalia Tazártes: Ave María y Ante-Mortem (fragmento)
Steve Reich: Dance patterns
Eliane Lillios: Backroads
Morton Feldman: Structures for orchestra
Luc Ferrari: Fragments d’un journal intime
Koji Asano: Polar parliament (fragmento)

Chorro de luz 103 (121211)
Entrevista con Fabian Panisello
Hoquetus (Cinco piezas métricas)
Movimientos para piano y orquesta
Aksaks (2º movimiento)
Tengro frío (Libro del Frío)

Chorro de luz 104 (261211)
Beat Furrer: Spur
György Kurtág: …quasi una fantasia… op. 27/1
John Cage: TWO3 for shô and conches
Beat Furrer: Xenos

Chorro de luz 105 (020112)
Salzburg Biennale 2009 (y II)
Klaus Huber: Kammerkonzert “Intarsi”. In memoriam Witold Lutosławski
Toshio Hosokawa: Landscape V
Franck Christoph Yeznikian: Harnischstriemen (Faltenachsen)

Chorro de luz 106 (090112)
Ivan Wyschnegradsky: Arc-en-ciel II
James Dillon: String Quartet No. 6
Simon Steen-Andersen: Double up
Alberto Posadas: Del reflejo de la sombra

Chorro de luz 107 (160112)
Donaueschinger Musiktage 2010 (y II)
Philippe Manoury: Stringendo
Georg Friedrich Haas: limited approximations

Chorro de luz 108 (230112)
Entrevista con Eduardo Maestre
Presentación del Ensamble Nueva Música
Philip Glass: Floe (Glassworks)
Steve Reich: Eight lines
Michael Nyman: Prospero's book (fragmento)
Yann Tiersen: Comptine d'été n°3

Chorro de luz 109 (060212)
Stefano Scodanibbio. 'In Memoriam' (1956-2012)
Oltracuidansa (fragmento)
Julio Estrada: Yuunohui'yei'nahui
Terry Riley: Tritono
Brian Ferneyhough: Trittico per G.S.
The voyage never ends (fragmento)

Chorro de luz 110 (130212)
Novedades discográficas
Bruno Maderna: Amanda
Pierre-Alain Jaffrennou: For three
John Cage: Etude Austral XXIV
Jamilya Jazylbekova: Le refus de l'enfermement IV

Chorro de luz 111 (200212)
Novedades discográficas
Terry Riley: Aleph (fragmento)
York Höller: Horizont
David Lumsdaine: Big Meeting (fragmento)
Alvin Curran: Canti e Vedute del Giardino Magnetico (fragmento)

Chorro de luz 112 (050312)
Nueva Creación Sinfónica Española (I)
José Zárate: Veloce (Concierto breve)
Eneko Vadillo: Usul
Ramón Lazkano: Mugarri
Iluminada Pérez Frutos: Nacencia

Chorro de luz 113 (120312)
Nueva Creación Sinfónica Española (II)
Jesús Rueda: La Tierra
Nuria Núñez: La fragilidad del equilibrio
Félix Ibarrondo: Espiral
Manuel Moreno-Buendía: Concierto para flauta (2º movimiento)

Chorro de luz 114 (020412)
Nueva Creación Sinfónica Española (y III)
Alberto Posadas: Resplandor
Enrique Igoa: Pórtico de la quimera
Fernando Buide: Paisaxe suspendida

2 mar 2012

John Cage, 'Etudes Australes'


John Cage (1912-1992)
I-XXXII.- Etudes Australes 260:54
Sabine Liebner, piano.

“You have to hear what is there and not what you expect to hear”, J. Cage

Audición: Etude XVI


Que la pianista Sabine Liebner acabara abordando los Etudes Australes  (1974-75) era una consecuencia previsible tras todo el intenso trabajo que en los últimos años ha venido realizando alrededor de la obra de John Cage. Y no sólo, pues por el camino también han aparecido discos centrados en otros nombres esenciales de la denominada Escuela de Nueva York como Morton Feldman, Christian Wolff y, muy recientemente, Earle Brown. En cualquier caso, Liebner viene a sumarse a la nómina de pianistas que, con gran fortuna, llevan años adentrándose en estos procelosos territorios, caso del prolífico y siempre referencial Steffen Schleiermacher y los norteamericanos Stephen Drury y Marilyn Nonken.

Hace unos años parecía imposible que ningún otro intérprete pudiera hacer sombra al citado Scheleiermacher (cuya integral cageana ha sido reeditada recientemente en MDG) entre otras razones porque parecía poco probable que otros músicos transitaran en profundidad este repertorio. Liebner en ningún momento ha afirmado querer grabar todo el catálogo pianístico de Cage pero… va camino de ello. En el año 2010, ASLP (as slow as possible) y One-One2-One5 centraron dos cedes ejemplares, de una radicalidad en los planteamientos interpretativos sin parangón. En el mismo sello, NEOS, tres años antes, había publicado la amplia Music for piano 1-84, una colección de gran desnudez y parquedad en medios cuya versión no logró desbancar del podio a la más concisa, apretada y fría de Schleiermacher.

En el marco del Forum Neuer Musik organizado por la Deutschlandfunk en Colonia, Liebner interpretó [ver vídeo del encuentro aquí], entre el 7 y el 10 de abril de 2011, los 32 Etudes Australes a razón de un libro por sesión. El autor de estas líneas pudo estar presente únicamente en la segunda jornada. Contemplar durante 65 minutos a la pianista alemana desgranar sin pausa, con una digitación sobresaliente, evidenciando una casi dramática concentración en los pentagramas, cada uno de los ocho estudios (IX-XVI) del libro segundo supuso un shock musical, cultural, estético si lo quieren, de enorme calado. Allí mismo, tras el recital, la intérprete confirmó que la publicación de este álbum acaecería pocos meses después.

Sabine Liebner
Estaremos de acuerdo en que el afán de relacionar la música con el espacio sideral no es nuevo. Sin salir de los márgenes que dictan los intereses de este blog, compositores como Stockhausen (Tierkreis, Sirius), Xenakis (Pleiades), Ligeti (Atmospheres) y Grisey (Le noir de l’Étoile) se aprestaron a ello. Pero ninguno como John Cage supo, asido a la modestia de una partitura estrictamente pianística, sugerir al oyente una visión tan palpable y fascinante de las estrellas. El intento por captar con sonidos esta estampa ya estaba presente en Atlas Eclipticalis (1961) –para uno u 86 intérpretes, de duración global indefinida-, obra en la que trasladó a una partitura la imagen en negativo de un mapa celeste y, de acuerdo con las coordenadas de las estrellas, otorgó la altura de las notas: el brillo lo transpoló a la intensidad musical y la dimensión de los cuerpos la transmutó en la duración del sonido.

Una cita del propio Cage sobre la intención estética de sus Etudes nos parece absolutamente reveladora del contenido de estas cuatro horas largas de música: “No existe en la obra ningún sistema de relación entre las notas, tampoco hay tonalidad. Sólo hay acordes. Acordes que son inesperados e imprevisibles. Cuando estos suenan nos llegan cargados de una enorme frescura, como si perennemente los estuviéramos escuchando por primera vez” (J. Cage citado por R. Kostelanetz, booklet Wergo cd, Grete Sultan plays Etudes Australes).

Los Etudes Australes forman parte de un ciclo de obras excepcionalmente difíciles –para el intérprete, para el oyente…- como son los Freeman Etudes (1977-1990) para violín y  los Etudes Boreales (1978) para violonchelo y/o piano. Fue a petición de la pianista Grete Sultan, amiga personal de Cage, como el compositor accedió a crearla. Cuando supo que la intérprete andaba enfrascada en la preparación de su Music of changes, el músico consideró que no era elegante ni apropiado que una señora de la avanzada edad de Sultan tuviera que golpear con las palmas de las manos y una macilla el arpa del piano.

John Cage y Grete Sultan
Con la ayuda del I Ching, Cage concibió, lejos de una página asequible, el más difícil todavía, una serie de 32 piezas, redactadas de forma aleatoria con notación convencional y  que funcionan como dúos para dos manos independientes que demandan una preparación muy específica por parte del intérprete.  También recurrió al Atlas Australis, un atlas del cielo que había adquirido en Praga en 1964. La partitura no contiene indicaciones para las dinámicas de ataque y de decadencia, no hay barras de compás, tampoco referencia alguna al uso o no del pedal, decisiones que pone Cage en manos del ejecutante.

A Sabine Liebner los cuatro libros le duran 260 minutos, un tiempo notablemente superior a los 204 minutos que tarda Schleiermacher en despachar la serie o los 169 minutos de Sultan, con quien por cierto conversó la protagonista de este registro de NEOS en 2005 pocos meses antes del fallecimiento de aquella. “He reflexionado mucho sobre los Etudes Australes y, al final, los contemplo como un paisaje por el cual el pianista puede viajar a través de sí mismo”, dice en la carpetilla del cedé.  Sin embargo, Liebner no pasa de puntillas por estas partituras, no las contempla de manera global, cada estudio es una parada diferente en su viaje. De esta manera comprendemos la morosidad con la que aborda una obra ante cuya audición no cabe más que el abandono a la pura contemplación, casi al recogimiento.

Liebner es una pianista de técnica y repertorio abrumador, una (re)creadora  que sabe que, en el vaivén entre el sonido pianístico y el silencio anida una de las mayores bellezas del universo Cage. Su sensibilidad poética, su firmeza en la defensa de una música de cuyo valor e importancia es plenamente consciente y la aparente facilidad con la que demuestra, ante retos interpretativos como estos Etudes, que lo imposible es posible, la ubican como un nombre ya esencial, clave, para comprender y abrazar una facción de la música más avanzada. En este año 2012 en el que se celebra el centenario del nacimiento del autor de las Europeras es de esperar que vean la luz numerosas grabaciones monográficas (al hilo de esto el sello Mode acaba de editar el volumen 44  de su Cage Edition con las obras Five, Seven y Thirteen a cargo del conjunto Essential Music) pero este cuádruple compacto que edita Wergo podría ser un temprano candidato –por contenido, ejecución, toma de sonido, presentación- a disco avantgarde del año. 

 Audición: Etude XXXII

20 feb 2012

Jamilia Jazylbekova, 'Nuit de mars', 'Voci'...























Jamilia Jazylbekova (1971-)
1.- Nuit de mars 12:21
2.- Voci 10:02
3.- Aspan 09:52
4.- Le refus de l'enfermement IV 07:04
5.- Aikyon 12:24
Eva Böcker, violonchelo. Jamilia Jazylbekova, canto.

Audición: Voci

Corre peligro de pasar desapercibido este álbum de la compositora kazaja radicada en Bremen Jamilia Jazylbekova (Kaskelen, 1971) más allá del ámbito germano. Su publicación se enmarca dentro de la colección que del Deutscher Musikrat lleva años publicando el sello Wergo.  Por  él han pasado algunos jóvenes (... y no tanto) compositores (de distinta procedencia pero todos ellos con el vínculo común de estar radicados en Alemania) que años después han eclosionado como nombres de referencia mayor (casos de Jens Joneleit, Carola Bauckholt, Isabel Mundry, Enno Poppe, Peter Ruzicka o Jörg Widmann) e incluso una creadora española, la sevillana Elena Mendoza, con un álbum de reciente publicación y nulo eco nacional consagrado a una satisfactoria selección de su teatro musical Niebla).

Resulta lógico que la referencia de Jazylbekova sea ignota incluso para los aficionados a la música contemporánea. Y por ello mismo –y por el constante goteo de nuevos compositores del orbe germano que propone el sello- el suyo no tendría por qué sobresalir del resto. Sería un error. A juicio de la escucha de las cinco piezas que componen el cedé podemos asegurar que estamos ante uno de los nombres a retener de la nueva generación de creadores centroeuropeos. En lo que respecta a su origen asiático este sólo es advertible de un modo más o menos obvio en una de las piezas del programa (Voci) y, en todo caso, demuestra  plenamente haber asimilado la estética de la música académica indagativa encontrándose en proceso de labrar un discurso propio.


Jamilia Jazylbekova
Quien esto firma tuvo la ocasión de estar presente en el concierto que el Ensemble Modern ofreció en Colonia el 8 de abril de 2011 en el contexto del Forum Neuer Musik organizado por la Deutschlandfunk y el Deutscher Musikrat. Los días inmediatamente anteriores el conjunto había realizado el registro de las obras que ahora se edita fonográficamente y que lleva el subrayado, en la dirección, del especialista Kasper de Roo. La solvencia de las interpretaciones está al nivel que se le presupone a sus ejecutantes: máxima implicación, deslumbrante comprensión de la gramática contemporánea, brillantez tímbrica y un sonido –verbigracia de la excelencia del ingeniero de sonido, Hendrik Manook- que permite identificar cada plano y que provee unas audiciones que, en su escucha con auriculares, reproduce con una pasmosa fidelidad la experiencia del directo.

Tras estudiar piano y flauta en su país natal, Jamilia Jazylbekova se trasladó a Moscú para tomar sus primeras clases de composición. Y de ahí a Bremen, donde en 1995 comenzaría a recibir lecciones de Günter Steinke y Younghi Pagh-Paan. En su catálogo, jalonado por diversos galardones, figuran obras camerísticas y vocales. Su música sin embargo es esquiva para el interesado. Nada ofrece YouTube de su obra y, hasta la publicación del álbum que propicia estas líneas, sólo teníamos conocimiento de su existencia gracias a un desigual disco del Ensemble Integrales (Coviello) en el que se recogía su obra sfiorasi (2004).Tampoco su anticuada página web permite acceso alguno a una muestra de su música.


La sensación de la escucha en vivo de su trabajo se acrecienta con el refrendo de su audición en cedé. En Jazylbekova confluyen varios caminos de interés. De un lado el minimalismo al que indisimuladamente se ven abocados los patrones rítmicos de Nuit de mars (2006), de otro el gesto orientalista, sin atisbo de exotismo, que anida en la soberbia Voci (2008-11), también está presente la estética ruidista en pasajes de Aspan (1004) y la intensa Aykyon (2005). Menos interés tiene el abigarrado discurso de la más obvia Le refus de l’enfermement IV (2005) [que puede escucharse aquí en el contexto de uno de los recientes programas emitidos por Radiópolis de Chorro de luz]


Explica Jazylbekova que el canto tradicional de Kazajistan se caracteriza por la tosquedad de su sonar. La compositora se desliga  en Voci de cualquier tentación belcantista o expresionista y explora una vocalidad árida, cercana al grito seco, tan agria como el referente musical étnico al que invoca. Hay ecos de los Cantos del Capricornio de Giacinto Scelsi y, por instantes, nos parece estar oyendo a Michiko Hirayama. Dice la compositora que su afán es “buscar la autenticidad” y esa es la razón por la que elige su lengua original para intervenir, ella misma, en la obra. También recurre al español, aunque en las notas del disco queda difusa la explicación del por qué este idioma. En todo caso, Voci es una creación que gana en cada escucha, que desvela poco a poco las esencias de un mundo arcaizante y espiritual en el que conceptos como ‘vida’ y ‘muerte’ son celebrados con parecido dramatismo barroco.No hay busqueda alguna de trascendencia, la autora cincela cada sonido con delectación, importa el aquí y ahora de cada momento. Y en este sentido Jazylbekova se sitúa en las antípodas de la narratividad excesiva e hiperatrofiada de un Wolfgang Rihm.


Oír Voci y luego Nuit de mars puede llevar a una relativa confusión. Ambas son obras que funcionan a nivel formal y que sorprenden por su audacia. Pero una y otra se resuelven con estéticas diferentes. En todo caso, Jazylbekova no parece aún apegada a un abecedario propio y  tantea con éxito diversos lenguajes. Nuit de mars emplea los patrones entrelazados y repetitivos de Steve Reich. Pero la compositora, antes que imitar al estadounidense, se refiere a la afinación y a los constantes cambios métricos de la música kazaja, procedimiento denominado como ‘kuj’. La obra evoluciona como subida a una balanza en la que tan pronto pesara más la intensidad del gesto musical que ralentiza el discurso como las aceleraciones que llevan al sonido a unos bucles cíclicos, sin salida. Las frases colisionan y el material, reducido, se recicla con gran intensidad y asombro.


Si en las anteriores composiciones, en medio del orgánico, hemos advertido los timbres de la electrónica, el acordeón y la mandolina, la distorsión de una guitarra eléctrica se erige en momento culminante de la romitelliana Aspan. “Como una ráfaga de viento”, así pide a los músicos que afronten su ejecución. Todo acontece con rapidez y la atmósfera de extrañamiento que provoca la heterogeneidad instrumental de la pieza no da pábulo al relajo. Por medio quedan momentos que nos convencen por su alterada musicalidad como la manipulación del arpa del piano con una espuma de poliestireno. “Pero más que distorsionar el sonido convencional, Jazylbekova busca expandirlo con la intención de obtener nuevos tonos de los instrumentos tradicionales”, dirá Kasper de Roo. Hay que seguir de cerca a Jazylbekova, apuntaremos nosotros.

25 ene 2012

Tomás Marco, 'Sinfonías 2, 8 y 9'






















Tomás Marco (1942-)
1.- Sinfonía nº2 'Espacio cerrado' 15:16
2.- Sinfonía nº9 'Thalassa' 24:25
4.- Sinfonía nº8 'Gaia's dance' 22:17
Orquesta Filarmónica de Málaga. José Serebrier, director.
Naxos (8.572684)

Audición: Sinfonía nº9 'Thalassa' (1º Movimiento: Nun)

Pocos compositores existen dentro de la moderna música española más en entredicho por cuestiones ajenas a lo musical que el madrileño Tomás Marco (1942). Su extensa biografía, jalonada de importantes puestos de poder musical, su prolífica vena ensayista (con varias referencias en libros de divulgación sobre música del siglo XX), la obtención de innumerables reconocimientos en forma de distinciones y su amplio catálogo de obras musicales, en todos los géneros y formatos, y realizadas en su mayoría a respuesta de generosos encargos de orquestas, grupos de cámara, festivales, instituciones, centros de arte, etc… le han situado (y le sitúan...) en un puesto protagónico que le ha granjeado ser pasto, en ocasiones, de una crítica más feroz de la que merecen otros colegas.

También la propia estética musical de Marco ayuda a calentar el debate en torno a su obra. Moviéndose dentro de unos parámetros de cómoda modernidad, la suya, en época reciente, es una música de pétrea fisicidad, edificios marmóreos de innegable atractivo tímbrico que no renuncian a la búsqueda indisimulada de la comunicación con el oyente por vías secundarias como el ritmo y los enganches programáticos. En su música habitúa a conjugarse una suerte de extravagante neotonalismo en el que caben episodios más claramente indagativos, secciones de querencia minimalista y una ampulosidad muy bien remachada que fluye sin artificios. Hay algo también descaradamente naïf en buena parte de su obra y, en todo caso, es su capítulo orquestal –conjuntamente con sus primeras y experimentales experiencias de teatro musical y su musicalmente brillante ciclo de Cuartetos de cuerda [puede escuchar aquí el segundo, Espejo desierto]- lo mejor de un corpus sonoro que desmerece en la música pensada para instrumentos solistas (por convencional y ¿nacionalista?) y en la ópera (donde el excesivo apego al texto (Segismundo) acaba lastrando singulares edificios tímbricos como la reivindicable El viaje circular)

Ahora el sello Naxos, en lo que parece una publicación aislada (no se indica por ninguna parte que el cedé forme parte de ninguna integral) ha publicado un álbum que alberga las Sinfonías 2, 8 y 9 en interpretación de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) dirigida por el uruguayo José Serebrier. Producción que parece pensada exclusivamente para esta edición, por cuanto que el conjunto sinfónico no ha tocado estas obras ante el público ni tampoco formaron parte del Ciclo de Música Contemporánea de la OFM que, en 2010 (año de este registro), estuvo dedicado a la figura de Tomás Marco. 

Decíamos, las Sinfonías de Marco vienen conformando uno de los corpus musicales más personales y de mayor singularidad de la moderna música española. Dentro del capítulo orquestal, el madrileño ha escrito piezas de enorme envergadura, singularmente Escorial (1974) y Pulsar (1986). Resulta curioso comprobar cómo en su creación sinfónica –que alberga ya nueve partituras- la evolución no se mide con el mismo rasero que funciona en el análisis del conjunto de su catálogo. No se pretende decir con ello que el Marco sinfonista permanece inamovible desde la Primera ‘Aralar’ (1976) a la última, hasta la fecha, la Novena ‘Thalassa’. Antes al contrario el propio autor insiste en la definición de cada una de ellas en poner el acento en tal o cual aspecto diferencia. Sin embargo recorre estas nueve creaciones una sonoridad, diríamos equilibrada, homogénea. No se aprecian grandes saltos estéticos y, contra lo que pudiera parecer, tampoco hay asomo de rigidez formal y reiteración en la escucha. Se trata de una música que puede ser visceralmente rechazada por su desapego de la gramática de vanguardia como por su reiterada voluntad de no incurrir en un peligroso lodazal de clichés posrománticos  y trilladas fórmulas neoexpresionistas (piénsese en Rautavaara, MacMillan o los más cercanos y muy grises sinfonistas Jesús Torres y David del Puerto). 

En fin, la creación sinfónica de Marco entronca con algunas de las mejores páginas que en este formato se han creado en España (a nivel internacional podríamos establecer cierto parentesco, a escala, con el desmedido corpus sinfónico de Leif Segerstam). Podríamos afirmar que las suyas, junto con las respectivas de Ramón Barce y Joan Guinjoan, se sitúan entre lo más granado que los compositores españoles han aportado al género en la segunda mitad del siglo XX, primera del siglo XXI.

Tomás Marco en la Plaza Mayor de Madrid.
Marco es reconocible en cada página, en cada esquirla de sus Nueve Sinfonías.  Lo prueba este mismo álbum que recoge creaciones que van de 1985 a 2009. No cabe duda que estas tres obras vienen firmadas por un mismo autor, enfrascado en la voluntad de dotar a sus obras de una fluidez admirable que no siempre encuentra su correlato en una expresión acertada, bordeando en ocasiones una evidencia pictórica, una innecesaria insistencia en la explicitación de los presupuestos compositivos. Sucede así en la menos interesante de las tres Sinfonías recogidas en el disco, la número 8, subtitulada Gaia’s Dance, del año 2008. Interrelaciona Marco en este trabajo elementos de danza de todo el mundo como un elemento unificador de las culturas. Por ello, el primer movimiento -Gondwana- es conducido por el instrumento de percusión africano, djembé, el segundo -Laurasia- clarifica las texturas y se centra en el subrayado de elementos tímbricos (cercanos a la música de la órbita oriental) y el tercero, recapitulador, son dos baterías los que concitan el momento actual a través de una conclusión torbellinesca, excesiva, decibélica. Opera aquí el Marco atraído por los grandes formatos y la masa orquestal. El resultado convence parcialmente, funciona como música de impacto (en la manera en la que igualmente funcionan las torrenciales y epidérmicas producciones orquestales de un Jón Leifs), pero no deja poso. Simplemente sucede.

La ulterior Sinfonía nº9 ‘Thalassa’ (2009) posee igualmente un ánimo descriptivista, en este caso del mar, imagen que Marco ya ha convocado en composiciones como Laberinto marino y Concierto del agua. Hay en ella una reconocible cita que Martín Códax (siglo XIII) compuso para la cantiga Ondas do mar de Vigo. Pero Marco no la emplea de la forma belicosa y contrastante habitual en el recurso de la referencia a la música pretérita de un Cristóbal Hálffter. El compositor acumula efectos instrumentales y dota de una acuosa fluidez (valga la adjetivación en base a la premisa de la obra) a una partitura densa, recorrida por leitmotivs, cuya masa sonora es movida con una naturalidad subyugante. Sus dos movimientos –Nun y Okéanos- se hilvanan creando un fresco mural de casi 25 minutos en el que se crean lagunas de suspensión tonal y otras en las que la melodía antigua, expuesta fragmentariamente y con querencia repetitiva, sacude el discurso, creando la sensación de, como si estuvieramos en medio de las mismas olas, estar siendo mecidos auditivamente por una música que, casi siempre, parece un reflejo agitado de sí misma.

Inaugura el cedé la más temprana Sinfonía nº2 ‘Espacio cerrado’ (1985) [obra que puede escucharse en el siguiente enlace de YouTube en una temprana grabación a cargo del siempre reivindicable José Luis Temes). De moderada duración (alrededor de 15 minutos), la pieza entronca con el gusto del madrileño por la composición en bloques expresada años atrás en su magistral Escorial. La Segunda de Marco es un estudio sobre “un tiempo circular que acaba por delimitar un espacio cerrado”. Obra más abstracta en su desarrollo y conceptual en su punto de partida, arranca con unos chocantes estallidos que plantean un clima sofocante y opresivo que habrá de mantenerse hasta la conclusión.

En todos los casos, la prestación de la OFM y la batuta de José Serebrier es plenamente convincente, así como también lo es el difícil equilibro sonoro  entre los diferentes planos que obra la labor técnica de Javier Monteverde. Lástima que, como indicábamos, no parezca este el punto de partida de la integral sinfónica de Tomás Marco si no un aporte más a la, por lo general, bastante mediocre colección ‘Spanish classics’ de Naxos.

17 ene 2012

Luigi Nono, 'La lontananza...' Musicadhoy 2012. Concierto inaugural (Madrid, 14/01/12)

Irvine Arditti

Cada concierto, cada propuesta, de Musicadhoy acaba alcanzando el cariz de acontecimiento. Más allá de un estricto ciclo de conciertos, el proyecto cultural que comanda desde hace 16 años Xavier Güell es, ya lo hemos dicho en más de una ocasión en este blog (… y en otros medios), el encuentro musical más fascinante, inquieto e indomable de cuantos acaecen en España [puede escuchar una entrevista con él en el siguiente podcast del programa Ars Sonora]. Sólo cabe lamentar que este no tenga cariz de festival –concentrado en un determinado número de días consecutivos- y, por ende, su seguimiento por parte de los foráneos no pueda ser en todos los casos puntual. Se beneficia de lo contrario el público madrileño, que puede asistir a las citas que proponen, espaciadas en el tiempo, con lo que de disfrute plácido, pausado y no atracón conlleva esto.
Arrancaba en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música el pasado 14 de febrero Musicadhoy 2012 bajo los designios de un epígrafe: ¿Dónde estás, hermano? en directa alusión a la obra homónima de Luigi Nono, enorme compositor italiano, figura seminal de la música de vanguardia, cuya música y la de su suegro, Arnold Schönberg, centran una temporada (que puede consultarse aquí) y que ofrece varios conciertos de asistencia obligada, de los que citaremos tres: el inaugural, consagrado a dos obras del último Nono (Hay que caminar, soñando y La lontananza nostálgica utópica futura), la integral de los Cuartetos de cuerda de Schoenberg -¡en una sola sesión!- y la audición de Como una ola de fuerza y luz para soprano, piano, cinta y orquesta, obra de Nono que conocerá su estreno nacional 40 años después de haber sido creada.
Tuvo la primera sesión un marcado aire luctuoso. Uno de los principales colaboradores de Musicadhoy, el contrabajista y compositor Stefano Scodanibbio fallecía el pasado 8 de enero a los 55 años tras padecer una brutal enfermedad degenerativa (ELA). Güell subió entonces al escenario para glosar la figura de uno de los intérpretes fundamentales para comprender el devenir de la nueva música durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX y primeros años del XXI. Cercano colaborador de compositores como Donatoni, Xenakis, Bussotti, Scelsi, Sciarrino, Riley y del propio Nono, Scodanibbio representó al artista indagativo e insobornable, presto a aventuras radicales, a saltos sin red. El máximo responsable de Musicadhoy, quien se refirió al público que, generosamente, llenaba buena parte del aforo, en términos de “familia”, pidió un minuto de silencio (¡el silencio!, ese tesoro casi propiedad de las músicas avanzadas) que se siguió con visible emoción por un público ajeno a lo protocolario, que estuvo ahí por deseo expreso, al margen de todo boato, en las antípodas de cualquier reminiscencia de frívolo acto social.
Posteriormente, Irvine Arditti, ese titán de la contemporaneidad, redondeó el homenaje con la interpretación de My new address (1992), partitura de Scodanibbio para violín solo hecha de rebeldes arpegios y densísimos armónicos. Música especulativa, sí, virtuosa en la tradición de los Caprichos de Paganini primero, de los de Sciarrino después, que mira también indisimuladamente la estética hiperatrofiada, hipercompleja de Brian Ferneyhough y que, sin embargo, suma a la causa al oyente que asiste impávido a un torrencial despliegue de poderío técnico  que culmina en un violento, efectista, casi doloroso ostinato. La obra, que pasó algo desapercibida en la grabación del álbum monográfico del sello Stradivarius por el esforzado violinista Francesco D’Orazio, tuvo en Irvine Arditti a un traductor privilegiado que permitió asomarnos a cada rescoldo de los pentagramas, haciéndonos oír hasta el mismo rozar de la resina de su instrumento en una ejecución/memorial que despertó encendidos aplausos: a la memoria de Scodanibbio (“estés donde estés”, dijo Güell), a Arditti después.
Luigi Nono
Obsesionado Nono en los últimos años de su vida por las figuras poéticas del camino y del caminante, presentes en la poesía de Antonio Machado, el veneciano, alejado ya del quejido político feroz de sus obras más vociferantes (A floresta é jovem e cheja de vida, Intolleranza 1960, Al gran sole carico d'amore…) abraza la composición de una trilogía: Caminantes… Ayacucho (1986-87), No hay caminos hay que caminar... Andrej Tarkowskij (1987) y la que acabará siendo su obra póstuma, Hay que caminar, soñando (1989). Irvine Arditti y Ashot Sarkissjan (segundo violín del Cuarteto Arditti) fueron los intérpretes de una obra que traza un recorrido físico a lo largo de ocho atriles ubicados en diferentes lugares de la sala y desde los que plantean puentes de diálogo entre los dos ejecutantes, alejados más o menos el uno del otro, con la voluntad de hilvanar un monólogo  espiritual a dos voces, dicho como en estado de duermevela, como en una ensoñación, una utopía del entendimiento a partir de dos violines que cincelan con sus sonidos el silencio omnipresente.
Arditti y Sarkissjan son dos músicos diferentes y complementarios. El primero es dueño de ese sonido terroso y virulento que tanto quería Nono para su música (al decir del filósofo y conocedor de la obra de Nono, Massimo Cacciari), el segundo, tiene un sonar más afilado y puro. Su interpretación, en común, fue prodigiosa. Aunque acaso no exista en ningún lugar ese silencio terrible que parece demandar la escucha de Hay que caminar… soñando, tampoco un público capaz de enmudecer por completo durante 30 minutos. El esfuerzo de unos y otros mereció la pena y la audición gozó de islas (Prometeo en la memoria) sobrecogedoras.
El compromiso de Luigi Nono con el comunismo se mantuvo incólume durante toda su vida. Y también está, aunque no de una forma evidente, si no sublimado, en La lontananza nostálgica utópica futura (1988-89) para ocho cintas y violín. Quien esto firma recuerda como una conmoción vital escuchar por vez primera  esta pieza en una audición propuesta por José Iges en Radio Clásica de Radio Nacional de España hace casi 15 años. Musicadhoy ya la propuso con los mismos intérpretes convocados ahora el 28 de noviembre de 1996 en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. 16 años después la obra era recuperada por Irvine Arditti y André Richard (Experimentalstudio des SWR).
Puede que la Sala de Cámara del Auditorio Nacional no fuera el lugar más adecuado para permitir la movilidad del intérprete (demasiados atriles ubicados en el escenario), tal vez hubiera beneficiado la introspección auditiva una mayor oscuridad en el espacio y quizás incluso la selección de las cintas por parte de Richard no tuviera por qué ser la predilecta. Pero nadie podrá poner en duda la valía de la ejecución de uno y otro músico, colaboradores ambos de Luigi Nono, y dueños de una gran parte de la verdad que encierra una música tan volátil como La lontananza.
Al contrario que en la grabación de Montaigne realizada en 1991 por Arditti y Richard, en la versión que pudo escucharse en la puesta en marcha de Musicadhoy 2012, el responsable de la electrónica optó por una versión enormemente musical en la selección de las pistas de sonido. André Richard es consciente, como él mismo me explicó brevemente en la conclusión del concierto, de las inmensas posibilidades sonoras que permite la determinación de las cintas. Y aborda unas interpretaciones y otras desde ópticas diferentes, redundando en el engrandecimiento de la propia obra. Si en el citado disco, el violín de Arditti colisiona en no pocas ocasiones con el sonido vacío, henchido de ecos y fantasmales resonancias de la parte electrónica, en Madrid, Richard abordó la partitura casi desde el diálogo entre el violín del solista inglés y el de las improvisaciones grabadas originalmente por Gidon Kremer.
Fue, en fin, una versión plenamente válida y con momentos de una belleza inmarcesible, 52 minutos en los que pareció desvanecerse cualquier percepción temporal , un viaje a los confines de lo audible, tan abstracto como palpable, que contó con un Irvine Arditti fastuoso en su despliegue de medios y preso de una convicción aplastante en su sonar. Habrá quien prefiera la lectura original [disponible aquí], más liviana y domesticada de Gidon Kremer, estimable es también la grabada para Kairos por la violinista Melise Mellinger y Salvatore Sciarrino [también en YouTube], tan cercana al artefacto sonoro, subrayando cuanto de experimental tiene la partitura, insistiendo en su virulencia interna y llevándola a la mayor extensión posible. E igualmente satisfactoria es la menos divulgada de Wandelweiser Records con Clemens Merkel (violinista del estupendo y muy poco conocido en España canadiense Quatuor Bozzini) y Wolfgang Heiniger, austera, habitable por su parquedad, acaso excesivamente presa de la estética del despojamiento que defienden los autores  del sello.
Arditti y Richard parecieron buscar una nueva vía, un sendero inexplorado que no se despegó en exceso de los confines del tejido más instrumental, donde en cada jirón, en cada desgarro habitaba un mundo. La lontananza nostálgica utópica futura resultó, en su interpretación, un críptico y ensimismado relato pletórico de musicalidad, ajeno a cualquier titubeo expansivo y fidelísimo al espíritu de Nono. Un acontecimiento, dijimos.

 Y en el CNDM, el Cuarteto Emerson (Adès, Rihm y Bartok)
Cuarteto Emerson

La Sala de Cámara del Auditorio Nacional recibía el viernes (13/01/11) al Cuarteto Emerson dentro de las series 20/21 puestas en marcha por el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) que, tan ejemplarmente en materia de música actual (y en otros géneros) coordina Antonio Moral. Su presencia en Madrid, al hilo de una gira que la formación estadounidense está llevando a cabo por Europa, llevó a los atriles partituras de Thomas Adès, Wolfgang Rihm y Béla Bártok.
El Cuarteto de cuerdas nº4 (1980-81) de Rihm (1952) es uno de los más interesantes de los doce (ya trece, éste será estrenado en unos días en la Cité de la Musique de París por el Cuarteto Arditti), de los que lleva redactados este interesante por más que sobrevalorado y prolífico compositor germano cuya deriva musical hacia postulados cada vez más deudores del neoexpresionismo es incomprensible. El Emerson abordó la partitura afianzando sus contornos más clásicos y redondeando los ataques. Aun así, su versión, diáfana y de una controlada agitación, mostró la discordia en la que  tan pronto entran los cuatro atriles como los remansos que igualmente rápido conquistan.
Fue con el Cuarteto nº5 Sz. 102 BB 110 (1935) de Bartok (1881-1945) cuando el Emerson alcanzó la excelencia que se le presupone. Su manera de abordar la música entronca a la perfección con el vigor rítmico y la ambiciosa envergadura de una obra como esta. Todo estuvo en su sitio y los cuatro músicos desgranaron sin despeinarse una música que puede ser abordada con un tono más iracundo, pero que igualmente resulta desde un posicionamiento cargado de energía pero transparente en su desarrollo, sin abigarramientos ni gratuita pirotecnia.
De mucho menor interés resultó la obra que abrió el recital, el novísimo Cuarteto de cuerda The Four Quarters (2011) de Thomas Adès (1971). Nunca podremos entender cómo se pretende allanar la comunicación entre obra y oyente en la modernidad con propuestas tan vagas como las del músico inglés. El Cuarteto Emerson, dedicatario de la obra, hizo cuando pudo con ella y nos llegó con entrega y devoción. Pero su tono pretendido tono descriptivista, casi programático, y lo fragmentario de su disposición en cuatro movimientos no permitieron muchos lugares de disfrute. Es la de Adès, habitualmente, una música yerma de tensiones y convencional en la mayor parte de los casos. No se negará la valía de piezas como Powder her face (1995) y The tempest (2003-04) pero, en términos globales, su música tiene muy poco que decir al lado de compatriotas suyos como Brian Ferneyhough, Michael Finnissy e incluso Sir Harrison Birtwistle y Jonathan Harvey.