25 oct. 2010

Pierre Henry chez lui 2010

Pierre Henry en su Maison. Foto: Marmara/ Le Figaro























Excusatio non petita: Viajar a París, localizar en el mapa de la ciudad la Rue de Toul y cruzar el umbral de la encantadora casa del legendario cofundador de la música concreta y pionero de la electroacústica Pierre Henry ha de mover, forzosamente, sentimientos y sensaciones del todo personales. No es el tono de este espacio web ni tampoco su pretensión (por más que la crítica musical sea siempre irremediablemente subjetiva) pero permítaseme este exordio para justificar las siguientes líneas.

Impresiones: A las 17.00 horas del martes 20 de octubre de 2010 sólo cierta actividad visible a través del gran ventanal daba idea de que allí mismo, justo una hora después, iban a abrirse las puertas de la casa-estudio (Son-Ré) que desde hace más de 50 años ocupa Pierre Henry. No es la primera vez que su hogar se convierte en un pequeño auditorio, en una gran mansión resonante. Esta era la séptima ocasión en la que el maestro francés invitaba a sus seguidores a descubrirle en su ámbito más íntimo. En 1996 propuso en ella el estreno de su fantástica creación Intérieur/Extérieur. Luego, en 2002 repitió la iniciativa con ocasión de la presentación de Drácula, y en 2005 volvería a hacerlo para dar a conocer la pieza Voyage iniciatique. En 2008 sería la obra Miroirs du temps la que centraría otra tanda de 22 conciertos y en 2009 insistiría en hacer de su casa un auditorio con Dieu, poema sonoro sobre textos de Víctor Hugo.

Se desconoce a dia de hoy si el más que octogenario Henry, quien dirigió la difusión de sus obras desde su inmensa mesa de sonido, con gesto visiblemente cansado, volverá a tener ánimos para enrolarse en el futuro en un proyecto como éste: tardes enteras recibiendo el cariño y la admiración de un público entregado pero cuya atención ha de agotar forzosamente la salud. Hay quienes especulan que esta serie de conciertos (que finalizan el día 30 de este mes) suponen también la despedida de Pierre Henry de la actividad pública, idea que no obstante conviene poner en cuarentena. Baste recordar que el compositor francés viajó a Noruega a comienzos de este mes de octubre para inaugurar el Festival Última de música contemporánea de Oslo.

Sea como fuere lo que sí parece fuera de toda duda es la intención de Pierre Henry de que en el futuro, su casa se convierta en su fundación, en su museo (no en vano está repleta de sus obras plásticas concretas), en fin, su deseo de que siga sonando y resonando constituye un proyecto tan feliz como inédito que permitirá que las generaciones venideras continúen asomándose a la música fascinante e inquieta del autor de las Variaciones para una puerta y un suspiro.

La excusa para volver a concitar a su público la daba en esta ocasión la aparición de un volumen, lujosamente editado por Fage -valga el tópico-, titulado, a las claras, La Maison de sons de Pierre Henry, obra eminemente fotográfica de Geir Egil Bergjord que documenta a lo largo de casi 200 páginas los inabarcables meandros de una gran casa repleta de arte y de sonidos, una profana meca de la música electrónica. Completan la publicación una breve e ilustrativa colección de textos (únicamente en francés) y un cedé que alberga tres de las obras que sonaron en estos programas (Phrases de quatour -2000-, Miroir du temps -2008- y Envol -2010-) más Capriccio (2009).

Collages y ensamblajes de todo calibre se atesoran a lo largo de las tres plantas de una Maison en la que la pasión por la música se entremezcla con el arte (algo que se advierte en la observación de los libros de su profusa biblioteca) y en donde las obras de Henry -con personalidad propia pese a los vagos ecos de los pequeños montajes de Kurt Schwitters que puedan suscitar- confieren al lugar una poderosa imantación: No se quiere salir de allí y, en cualquier caso, existe un deseo inevitable de que las puertas de la casa no se cierren nunca. Su hogar en sí mismo es ya una obra de arte, un lugar de encuentro con una parte importante, esencial, de la historia de la música del siglo XX.

Tanto Bernadette Mangin como Étienne Bultingaire -históricas colaboradoras de Henry en tareas de asistencia musical, ingeniería de sonido y espacialización- recibían a los asistentes con una sincera sonrisa prestas a explicar cualquier pormenor sobre el lugar y sobre la música. Junto a ellas un competente equipo de ayudantes que velaban, ante todo, por cumplir un precepto: La Maison de Sons no es una invitación a contemplar obras plásticas mientras se oye música, no se trata de una hogareña instalación sonora ni de un chill-out académico. La Maison de Sons es una forma de concierto. A la hora referida todos los asistentes habían de encontrar un lugar para sentarse y permanecer quietos, en silencio, oyendo lo que la música de Pierre Henry tiene que contar y cuyos significados nos eran expuestos por las decenas de altavoces diseminados por la casa en un alarde técnico que nos hacía partícipes de una forma de espectáculo semiciego y de enorme concentración. Una vez más la música electroacústica volvió a erigir al altavoz en imponente y perfecto intérprete de un universo sonoro que parece haber surgido en otra dimensión. Así lo quiere Henry, quien en el documental de Eric Darmon y Franck Mallet, The art of sounds, afirma sentirse igualado con un intérprete de violín o piano, él lo es de los sonidos electrónicos y exige atención y silencio, manteniéndose así parcialmente intacto el ritual del concierto clásico.


En la segunda planta y sin aforo ante él Pierre Henry, suscitó antes y después miradas de intensa admiración. Era él, el cofundador de la música concreta, el que soñó un día e hizo realidad al otro -siguiendo los preceptos de Pierre Schaffer- la posibilidad de una nueva música. Cansado tras el concierto, sentado en un margen de la habitación, tuvo la serena paciencia de firmar discos y libros y hasta de cruzar alguna palabra de agradecimiento. La dedicatoria que no sin cierto pudor me llevé de su álbum Voyage iniciatique era casi lo de menos, lo de más, contemplarle, tan elevado en su genialidad, tan activo e inquieto en la creación de nuevas obras (la última, Envol, de este mismo 2010, de ayer mismo como quien dice). Un fugaz cruce de manos puso el broche a mi estancia en la Maison. No padezco mitomanía pero sí rendida admiración y cariño por quien tantas horas de felicidad me provee con sus obras.

Sonidos: Dos conciertos (a las 18.00 y a las 20.30 horas) eran la oferta de esta nueva apertura de puertas, acaso el primero más completo y plural que el segundo, pero en cualquier caso insustituibles ambos. Comenzó el primero de menor a mayor intensidad sonora, pasó del acadecimismo al techno sin que a los altoparlantes (¡qué maravilloso término portugués para designar a los altavoces!) les temblara el pulso, trazó un recorrido desde un mayor apego por el gesto concreto a la música electrónica pura.

La sesión comenzó con Phrases de quatuor, un puzzle abstracto, una especie de autoretrato imaginario a través de uno de los compositores que más han marcado a Henry, Franz Schubert. Como viene siendo habitual en sus obras de los últimos 15 años, el francés se apropia de músicas pretéritas -aquí el Quinteto para cuerdas de 1828- para dibujar un evocador fresco sonoro de voz queda en la que un grito (con reminiscencias del Wozzeck bergiano) rompe un clima clásico en el que se suceden frases de otros autores como Ravel, Franck y Debussy.

Otro homenaje, esta vez sin citas explícitas, es el que realiza en Miroir du temps. Olivier Messiaen estaba en el pensamiento de Henry cuando en 2008 compuso una pieza que evoluciona con sonidos de timbre más instrumental que electrónico, como si quisiera acercarse al mundo de las notas clásicas. Ecos de lo que podría parecer el sonido de un piano preparado y sutiles pero constantes cambios de tiempo cincelan una música hermosa pero bastante más hermética de lo acostumbrado en Pierre Henry. Su apego aquí a la no manipulación excesiva de los sonidos le emparentan por un momento con las obras electroacústicas de Karlheinz Stockhausen.

Finalizó el primer concierto con la sorprendente Envol, obra compuesta con ocasión de esta serie de conciertos y cuya difusión en la Maison difiere notablemente de la versión registrada en cedé cuya audición proponemos acompañando esta entrada. Ya se advierte sobre el papel una variación en la duración -de los 27 minutos de la ofrecida allí a los casi 14 de la versión del disco-. Lo esencial permanece, pero Henry ofreció no obstante una versión más jugosa, más heterodoxa, de la que decidió incluir en la grabación. Envol es "un poema musical de estilo lúdico" nos dice el compositor, y eso lo percibimos desde un titubeante inicio que da lugar a una música menos concentrada que las dos piezas anteriores, de una mayor brillantez tímbrica y que, 'en el directo', acaba convirtiéndose en un emotivo homenaje al célebre Psyche Rock de la Messe pour le temps present (1967) que tanta notoriedad en el ámbito popular le dio. Está aquí el repiqueteo constante de las campanas y algunos de los sonidos más característicos de aquella legendaria pieza cuyo recuerdo en Envol hace concluir la escucha con una abierta sonrisa.

Tras una pausa de casi 90 minutos antes de la segunda sesión en la que se regeneró el público -que prefirió quizá espaciar en dos días la asistencia a ambas propuestas sonoras- el segundo concierto arrancó con la pieza más antigua de las seleccionadas por el músico, Gymkhana (1970), paráfrasis polifónica de otra obra, retirada de catálogo, Noire á soixante escrita para una plantilla instrumental. Se trató de la creación más adusta de todas, una procesional música que atrapa al oyente a través de una sucesión de sonidos secos y repetitivos que son ligeramente transformados por la electrónica

Drácula 2010 es un nuevo acercamiento al mito vampírico según Pierre Henry después de su primera versión del año 2002. Aligerada, al igual que Envol, de duración (de 52 minutos pasa a 38), el músico parece hibridar el vampiro de Bram Stoker con los chupasangres urbanos del filme The hunger (Tony Scott, 1983). Su obra nace en los Montes Cárpatos, con la cacharrería orquestal de la Obertura de El oro del Rin wagneriano acechando. Atendemos pisadas, chasquidos, crujidos de puerta, respiraciones excitadas, pájaros, animales violentados y, de repente, se abre una puerta por la que entra un ventarrón que trae, sin complejos, rock y techno, una secuencia que bien podría haber firmado Christian Marclay pero que, sin embargo, ha sido creada por la mente exultantemente joven y a contramano de la Academia de Pierre Henry. Es el suyo un acercamiento arrebatadoramente personal al mito y mantiene un nivel tan alto que lo emparenta con otro soberbio acercamiento a Drácula/Nosferatu, el que hiciera desde la orquesta sinfónica el compositor José María Sánchez Verdú en 2002-03. Dos murales sonoros de antagonistas estéticas y medios que suponen a la par dos suculentas e intrigantes invitaciones a la escucha en la oscuridad.

Olor: Toda la Maison emanaba un olor característico, una fragancia nunca percibida por quien esto firma que ayudaba aun más si cabe junto con los otros sentidos (la visión, la audición) a triplicar la experiencia de estos conciertos. Finalmente pude comprobar que el origen del aroma provenía de una serie de velas ubicadas en cada una de las estancias. Fenouil sauvage, de Diptyque. Movido por la idea de reproducir en lo posible la experiencia vivida en el hogar de Henry localicé la vela en París. No diré, por pudor, su precio. Su perfume acompañará siempre futuras audiciones. Y estoy seguro de que en muchas casas de aficionados a la sensacional obra de Henry también se respira esta aromática hierba de la Provenza francesa.

Audición: Envol (2010)

12 oct. 2010

Karlheinz Stockhausen, 'Plus-Minus'



















Karlheinz Stockhausen (1928-2007)
1.- Refrain (1959) 09:53
2.- Kreuzpiel (1951) 11:43
3.- Plus-Minus (1963) 51:02
Ives Ensemble
Hat[now]ART 178

El master estaba en algún sitio. Ocho años ha tardado en ver la luz la grabación que el Ives Ensemble hiciera en el Theater Romein de la localidad holandesa de Leeuwarden de tres obras de Karlheinz Stockhausen, entre ellas una primicia discográfica, Plus-Minus, una pieza listada en el catálogo oficial de la que Stockhausen Verlag no ha editado hasta la fecha ningún registro comercial. Por eso y porque la realización de la partitura (empléese el término ‘realización’ en tanto que se trata más de unas instrucciones que de una partitura al uso) alcanza los 51 minutos. ¡51 minutos de música nueva de Stockhausen perteneciente al periodo más indagativo y experimental de su creación, 1963!

Al frente de este reto, una alianza de peso. Por un lado el veterano sello Hat Art, especializado en la música de los años duros de la vanguardia y hábil en sus excursiones hacia territorios poco inexplorados pero inestables de la modernidad. De otro, el Ives Ensemble, un señero conjunto holandés (acaso enrolado en esa lista de tres formaciones neerlandesas fundamentales en la contemporaneidad que completan el Niew Ensemble y el Asko Ensemble). Ahora bien, pese al probado magisterio del Ives, su acercamiento a la estética de Stockhausen no deja de ser sorprendente por cuanto que estos músicos parecen más adheridos a estéticas menos agrestes aunque igualmente experimentalistas. Ahí están, sin competencia, sus registros consagrados a John Cage (con versiones referenciales de varias Number pieces) y Morton Feldman (con un monumental registro, en sentido literal también, del Cuarteto de cuerdas nº2, cuatro horas de música que se miden, como mínimo, a igual, con la lectura que el Flux Quartet presentara en Mode Records).

La música de Stockhausen, con especial acento en la recogida aquí (junto con Plus-Minus se ofrecen nuevas versiones de las extremadas Refrain y Kreuzpiel), precisa sin embargo un desapego total de la querencia estatista y ritual que tan bien encuentra acomodo en los pentagramas de Cage y Feldman. No desprovistos de esa impronta, el Ives Ensemble acomete la realización de Plus-Minus con un resultado de indudable interés pero de escaso parentesco con el universo estético de Stockhausen.

Karlheinz Stockhausen
Los trabajos del compositor de Mödrath después de sus experiencias con los grupos orquestales –Gruppen  y Carre- siguen apegados a un concepto espacial de la difusión del sonido y a un acentuado gusto por la rugosidad y la electrónica, caso de partituras como Momente y Mikrophonie I, exactas predecesoras y sucesoras (1962 / 1964) de Plus-Minus (1963). Concebida ésta para conjunto instrumental indeterminado, la partitura ofrece un guión tan detallado como impredecible acaba siendo su resultado.  Parcialmente heredera de la citada Momente, Plus-Minus ofrece “forma sin contenido exacto”, según el propio compositor, quien afirmó que lo único que importa en estas composiciones es el “ahora”. Los músicos habrán de proveer el material , que se presenta como si se tratara de una improvisación, carente de interconexiones, y el oyente deberá ordenar los “momentos instrumentales” según su propia percepción de la música.

Sin alcanzar el carácter místico y planeante de Sternklang y Stimmung –en parte debido a la ausencia aquí de contenido textual- el conjunto de especificaciones (con abundancia de símbolos gráficos e instrucciones verbales) que conforman la base de Plus-Minus está abierto a innumerables aproximaciones. Por fortuna el Ives Ensemble lejos de barnizar esta música con el mismo tono de severidad instrumental inherente al serialismo logra que, en los 51 minutos de duración, el oyente se mantenga expectante ante el próximo acontecimiento por más que, globalmente, no exista aquí el menor atisbo de continuidad.

No obstante, hubiera sido más interesante que el Ives presentara dos realizaciones de menor duración de Plus-Minus en lugar de una sola revestida por el mismo carácter. A favor de la interpretación está la evidente implicación del grupo, con solistas de enorme prestancia como John Snijders en el piano y Wilbert Grootenboer en la percusión. El grupo suaviza el discurso con abundante inclusión de elementos percutivos, reiteración de gestos a-musicales y una acertada y descolocante inserción de ruídos y comentarios verbales de los músicos más propios de un ensayo que de la presentación de una ejecución formalmente acabada. Con toda la intención de subrayar el lado inestable de la composición, el Ives en cambio no encuentra punto de equilibrio entre la musicalidad cadenciosa y nebulosa (que vertebra la ejecución y que es propia de un grupo vinculado al mundo sonoro del avantgarde norteamericano y holandés) y esa otra opción más explosiva, fracturada y puntillista tan cercana al grueso del catálogo de Stockhausen en aquel momento. Es por ello por lo que resultando la aportación del Ives muy a tener en cuenta (más aún insistiendo en la falta de competencia ante una pieza como Plus-Minus) sería deseable que en el futuro otros grupos brindaran nuevos acercamientos, acaso menos refinados, pero más indicativos de lo que, tal vez, el genio alemán hubiera deseado.

Completan el cedé dos ejecuciones que no aportan nada a lo ya conocido por el aficionado. De Refrain (1959) para piano, celesta y percusión disponemos de dos versiones de referencias: la reciente y escolástica del ensemble recherche (comentada ya aquí) y la henchida de un voraz tono percutivo a la par que provocativo del teclista Aloys Kontarsky y el percusionista Christoph Caskel en un disco de la Stockhausen-Verlag. Al Ives le falta incisividad, planea sobre el pentagrama como queriendo limar aristas, enfatizando las consonancias y llevando la música hacia una estética menos abrupta que no le es propia. Mejora Kreuzpiel, aunque también aquí es preferible la opción del recherche (en el sello Wergo). Pese a las objeciones, los seguidores de Stockhausen deberán sumar a su discoteca este registro, Plus-Minus leído por el Ives Ensemble, otorga múltiples y sugerentes escuchas y abiertas discusiones sobre la idoneidad del resultado.

Audición: Plus-Minus (1963)

4 oct. 2010

Chorro de luz. Descarga los programas (XII)

Con frecuencia irán apareciendo enlaces para descargar el programa dedicado a la música de vanguardia Chorro de luz,  que cada lunes a las 17.00h (y viernes en su repetición a las 15.30h) se emite en directo en Radiópolis (98.4 FM en Sevilla) y también en Internet.
Chorro de luz 43 (190710)
Monográfico Ghedalia Tazartès
Quasimodo Tango
Une Éclipse Total De Soleil (Parte I)
Tazartès-Flaubert
Transports (fragmento)
Les Danseurs de la Pluie

Chorro de luz 44 (260710)
Jesús Torres: Poética
Hector Parra: Hypermusic Prologue (plane V)
José Manuel López López: Movimientos
Mauricio Sotelo: Cómo llora el agua

Chorro de luz 45 (020810)
Percy Grainger: Free Music #1
Jack Ellitt: Journey #1
Steve Adam: HybriD (Trío Altrove 1.3)
Melbourne Dada Group: Wubbo Music
Thomas Reiner: Time Sliding (Trío Altrove 1.3)
Val Stephen: Firework
Felix Werder: Oscussion (fragmento)
Ron Nagorcka: Apathetic Anomaly 2

Chorro de luz 46 (090810)
Monográfico Klaus Schulze
Conversación con Luis Fernando Rodríguez Romero
Fragmentos de Mirage, X, Angst, Body love