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2 oct 2009

El sello Anemos (y II)


César Camarero (1962)
Música de cámara 67:15
2.- Monólogo 1 (2003) 4:37
3.- Mosaico 1 (1990-1992) 6:22
4.- Siete imágenes de Saturno (2000) 4:13
5.- Reverso 2 (2001) 5:55
6.- Monólogo 2 (2005) 4:55
7.- Trayecto líquido (1998-2007) 8:58
8.- Nostalgia de un paisaje futuro (2004) 8:44
9.- A cada momento (2008) 10:28
Taller Sonoro
Referencia: C33003

Cada vez que tengo la oportunidad de intercambiar impresiones con el compositor madrileño, radicado en Sevilla, César Camarero, me encuentro ante la misma barrera infranqueable: más allá de su interesante conversación y de sus excelentes conocimientos sobre la música de nuestro tiempo, pocas frases regala el creador a su propia obra, convencido como está de que ésta no debería necesitar de explicación alguna, mucho menos de venir acompañada de esa especie de libro de instrucciones en el que, a menudo, se convierten los libretos de los discos o los programas de mano de los conciertos. "Si por mi fuera dejaría siempre el papel en blanco", ha confesado. Quizás porque buena parte de los títulos de sus obras ya sugieren personalísimas asociaciones poéticas (diré, sin temor a equivocarme, que Camarero, junto con Tomás Marco, está en posesión de algunos de los más hermosos epígrafes de la música contemporánea, sin ir más lejos este blog toma prestado parte de uno de ellos, el de la obra Chorro de luz hacia el interior de una galaxia).



Camarero ha trabajado en repetidas ocasiones con el grupo sevillano Taller Sonoro, formación que firma su primera tarjeta de presentación discográfica desde su creación en 2000. Me ha resultado enormemente grato limpiar mis impresiones sobre este bien conocido conjunto a través de la escucha aislada e invisible del disco. Siempre les he criticado su empeño en otorgar una puesta en escena a la música, algo que considero del todo superfluo. Tampoco me gusta que, en el directo, hilvanen las piezas con silencios, dando una sensación de continuidad que nada conviene cuando lo que hay en los atriles son obras de muy distinto sesgo estético. Ahora bien, con respecto a lo puramente musical, los resultados son óptimos, al menos con respecto al material que abordan, generalmente partituras poco dadas a experiencias indagatorias sobre los instrumentos.

Y efectivamente, el lenguaje de Camarero, por más que complejo, insinúa más que muestra, es una música difícil en su aparente desnudez pero reserva algunos instantes de una inspiración soberbia. En ocasiones hay pasajes que se deslizan hacia la órbita de Feldman, en otros, los más, prende un universo propio, una constelación serena de notas. No es que la obra del músico sea ajena a las zonas agrestes pero éstas, cuando llegan, son pasajeras. Las piezas recogidas en el disco adoptan la forma breve y el grupo instrumental reducido. Por fortuna, Camarero se mueve igual de bien en el pequeño como en el gran formato porque, de antemano, siempre tiene muy claro lo que nos quiere contar. Penetrar en su mundo, de un personalismo apabullante, confiere una experiencia del todo recomendable. Y, aunque suene a pose más que a necesidad, pruebe a apagar las luces. También se me podrá señalar un desliz teatral en esto, pero la de Camarero, en piezas como Reverso, Siete imágenes de Saturno, o la intensa Nostalgia de un paisaje futuro, con un apasionante trabajo sobre los armónicos del piano es una música nocturna, volátil, cargada de una extraordinaria belleza intelectual.

Audición: Siete imágenes de Saturno (2008)















Cristóbal Halffter (1930)
The string quartets, Vol. 1 55:31
1.- Tres piezas para cuarteto de cuerdas (1958) 3:27, 3:51 y 5:17
2.- Cuarteto de cuerdas nº3 (1978) 21:50
3.- Cuarteto de cuerdas nº6 (2001/02) 21:03
Arditti Quartet. Referencia: C33005

La música de cámara de Cristóbal Halffter no se encuentra entre lo más transitado (en vivo y en grabaciones) del catálogo del compositor. Hay una cierta convención que dice que el mundo sonoro del autor, tan caro al gigantismo orquestal y a las tensiones instrumentales, encuentra mayor acomodo en las partituras sinfónicas que en las camerísticas. Realmente uno no puede desmentir esto escuchando, por ejemplo, la irregular obra pianística (recogida recientemente en un cedé del sello Verso), sin embargo, al igual que sucede con las (escasas) obras de pequeño formato que incluyen electrónica, el corpus cuartetístico de Halffter guarda algunas de las esencias más puras e intensas que es capaz de deparar su personal pluma.

Comienza el álbum (al que seguirá una segunda parte con el soberbio Séptimo Cuarteto) con las tempranas Tres piezas para cuarteto de cuerdas. Por más que en las notas del disco se nos indique que en ellas ya hay visos de una forma concreta de proceder ante el pentagrama, quien esto firma no ha sido capaz de atisbar más allá de un agradable formalismo con ecos bartokianos y stravinskianos. Especialmente grata resulta la tercera de las piezas, Allegro molto vivace, que con su ¿vaticinadora? aspereza (muy bien recalcada por el Arditti Quartet) y su ritmo españolizante sí parece sugerirnos algunos de los derroteros por los que habrá de caminar la música de Halffter en el futuro. Justamente fue este tercer movimiento con el que el Cuarteto Arditti concluyó, a modo de propina, el inolvidable recital 'monográfico Halffter' que ofreció en enero de este año en el CDMC de Madrid. El propio compositor comentó en el escenario la ilusión que le hacía volver a escuchar esta música, después de tantos años de haber sido escrita y con la que ya no se sentía identificado. Se la dedicó a su mujer, la pianista María Manuela Caro.



El Tercer Cuarteto, de 1978, ya cuenta con una antigua grabación, a cargo del Cuarteto Arditti en su primera formación, registrada en un disco del desaparecido label Auvidis Montaigne que contenía otras páginas de Tomás Marco, Luis de Pablo, Rafael Mira y Ramón Ramos. Ésta que aquí se presenta (grabada en la Iglesia de Todos los Santos de Londres en febrero de 2009) supera en claridad y profundidad a aquella de 1990. Halffter se inspira en la concepción del vacío escultórico de Eduardo Chillida para erigir un silente y bisbiseante edificio sonoro, algo dilatado en tiempo, pero con unos tensos compases finales que nos ponen ante uno de los momentos más logrados por el compositor.

La aportación del Sexto Cuarteto tiene que evaluarse como una pieza de plena madurez sin la impronta y el sello personal del Séptimo (2008), su último cuarteto hasta la fecha. Probablemente sea el Sexto el más abstracto de todos, también el más depurado tímbricamente y, por ello, el más fácilmente percibible (a nivel estructural, no tanto de escucha). En él, Halffter recurre a la intertextualidad que le proporcionan dos obras suyas anteriores, Zeitgestalt (1996) y Con bravura y sentimiento (1991). Los lazos que se entrecruzan son puramente formales, en lo sonoro, hay pistas aquí del inmenso dominio del registro agudo y de los silencios precipitados. Gran disco.

Audición: Cuarteto de cuerdas nº6 (2001/02)

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Jesús Rueda (1961)
Música para percusión 59:10
Pocket Paradise (2006-2008)
1.- A flor de piel 5:23
2.- Zona restringida 1:44
3.- Árbol y fuente de vida 5:36
4.- Cruzar el umbral 5:58
5.- Al este del edén 5:36
6.- Marimba estudio (2007) 4:39
7, 8 y 9.- Estudios expresivos (2003) 6:17, 2:46, 4:29
10.- Luna nueva (2000) 8:18
11.- Perpetuum Mobile (1998) 8:03
Drumming. Miquel Bernat, director.
Referencia: C33004

Como “música densihibida y directa” define José Luis Téllez la obra para percusión del madrileño Jesús Rueda. Mal vamos. A menudo, ambos adjetivos suelen ir parejos con recursos de fusión y relajación del lenguaje. Y así es el caso. Confieso que, hasta la fecha, no me ha logrado entusiasmar la música de Rueda. Su miniatura orquestal La tierra, que acompaña a Los Planetas de Holst, es vistosa y bien orquestada, pero poco más. Su música de cámara es de interés, pero difícilmente polariza opiniones y sus sinfonías decrecen en concentración conforme se alejan de la Primera. Otro mundo son sus Cuartetos de Cuerda, recogidos por el sello Col-Legno de la mano del Cuarteto Arditti. Cuesta imaginar que el mismo creador que ha redactado una pieza tan interesante y alambicada como el Tercer Cuarteto 'Islas' pueda erigir una obra tan ramplona y efectista como Pocket Paradise, una música a mayor gloria del conjunto portugués Drumming (a la que sirven sin fisuras) pero de muy escaso calado en el oyente. Se escucha sin dejar huella y, lo peor, ni siquiera molesta en un sentido o en otro, tal es su indefinición.


El nivel del álbum mejora algo con Marimba Estudio, miniatura que indaga en las posibilidades de la aplicación del arco sobre la marimba, un instrumento que, por su escasa reverberación, se presta poco a esta técnica. Con Luna nueva, Jesús Rueda parece querer situarnos ante los experimentos urbano-percutivos de bazofias como Stomp, famoso espectáculo en el que cualquier cacharro sirve para elaborar un ritmo de tres por cuatro. Afortunadamente, la obra, que en directo puede resultar hasta simpática por su querencia pop, no va más allá de la manipulación principal de dos bidones. Perpetuum Mobile, para conjunto, no aporta nada por más que el autor confíe en Piranesi para otorgar literatura a esta insustancial música. Los mejores momentos del cedé los otorgan los tres Estudios expresivos, escritos en 2003, para steel drum, artefacto original de Trinidad y Tobago que surgió como respuesta de los esclavos a la prohibición de utilizar instrumentos convencionales. Su característico sonido hipnótico es tratado de un modo sugerentemente indagativo, dando como resultado una música de continuos claroscuros..

Audición: Luna nueva (2000)

25 sept 2009

El sello Anemos (I)

La música contemporánea española, y por ende, los aficionados a ella, está (estamos) de enhorabuena. Después de varios meses en los que no parecía saberse nada del proyecto, el sello Anemos ya está en la calle, y sus resultados por ahora, en lo artístico y en lo puramente estético, no pueden ser más esperanzadores. Ya han aparecido cinco libro-discos monográficos, de precio medio (13'95 euros), dedicados a José María Sánchez-Verdú, Cristóbal Halffter, Francisco Guerrero, César Camarero, Jesús Rueda y Mauricio Sotelo. No parece casual que la iniciativa se fraguara durante el periodo en el que el poeta y valioso gestor cultural Juan Carlos Marset ocupó la dirección del INAEM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música). Surgido a iniciativa del Ministerio de Cultura y con el apoyo de la citada institución, el sello Anemos se ha gestado en los estudios de la casa musical Glossa y cuenta con la máxima implicación de la distribuidora y discográfica Diverdi.

El nombre del sello, Anemos, hace referencia a los dioses griegos del viento, aunque, según explican desde el nuevo label, sirve también de homenaje a la obra homónima de Francisco Guerrero (Anemos C), grabada en el volumen dedicada al compositor jiennense. Nada se sabe, por el momento, de los siguientes nombres que engrosarán -es de esperar que en breve- la nómina de compositores españoles de Anemos, aunque, desde ya, conviene insistir en el elogio que debe despertar una iniciativa como esta, que viene a dar el espacio adecuado a la creación sonora contemporánea. Este feliz punto de partida viene a sumarse, con relativa coincidencia en el tiempo, con el acuerdo firmado entre Caja Madrid y el emblemático sello austríaco Kairos para presentar una serie de grabaciones dedicadas a compositores españoles. Por su parte, la Fundación BBVA también mantiene con el español sello Verso y con el alemán NEOS dos vías de colaboración que están dando precisos frutos con referencias en cedés que sólo hace unos años, en los que la nueva música española sufría una total diáspora discográfica, eran impensables.

Reseño a continuación cinco de los seis volúmenes que Anemos ha puesto a la venta. El orden que en las dos entradas siguentes se presenta obedece, desde un punto de vista plenamente subjetivo, al interés que éstos me han despertado. Dejo fuera, aunque hago constar aquí, el álbum que contiene la obra De oscura llama, pieza de Mauricio Sotelo (1961), con referencia C33002, que conjuga a los grupos Neopercusión, Trío Arbos y a músicos como el flautista Roberto Fabbricciani, el contrabajista Stefano Scondanibbio y... el cantaor Arcángel (!).













José María Sánchez-Verdú (1968)
GRAMMA Jardines de la escritura / Gärten der Schrift (2006) 52:26 Simone Stock, Daniel Johanssen, Howard Quilla Croft, Tom Sol. Vocal Ensemble. Luzerner Sinfonieorchester. Rüdiger Bohn, director. Referencia: C33006

Desde que se estrenó en Munich en mayo de 2006, la ópera GRAMMA viene obteniendo éxito de público y crítica allí donde se ha presentado (en España sigue tristemente inédita). El hecho en sí, tras su descubrimiento en disco, no deja de ser sorprendente. Aquí, el algecireño Sánchez-Verdú se muestra un punto más críptico y ensimismado que en posteriores aventuras líricas, llámense El viaje a Simorgh (2007) y Aura (2009), obras que sí he podido disfrutar en directo y que me acabaron por confirmar la inmensa valía que posee la gramática sonora del músico andaluz. Probablemente sin conocer sus posteriores incursiones no podrá valorarse en su justa medida GRAMMA, un experimento escénico, un artefacto operístico que, para solaz del apasionado a los nuevos sonidos, tiene muy poco del género al que dice honrar. Circunscribiéndonos a España, sólo Luis de Pablo y Cristóbal Halffter han demostrado ser legítimos y hábiles continuadores de una tradición con tanto peso histórico detrás como la ópera. Lo que plantea Sánchez-Verdú en estos Jardines de la escritura es otra cosa, un fluctuante e hipnótico viaje imaginario que replantea no sólo la manera en la que percibimos una dramaturgia, también tantea otras formas de puestas en escena.


En el caso de GRAMMA, los músicos se presentan elevados sobre una plataforma debajo de la cual se sitúan los espectadores, todos ellos ante un púpitre que alberga un libro con dibujos de Mirella Weingarten cuyas páginas deben ir pasando para contemplar, si así lo desean, las evocaciones plásticas a las que parecen aludir los sonidos quedos e inquietantes de una obra que renuncia a cualquier atisbo de continuidad dramática. Sólo en el fragmento Jardines de Adonis la voz de la soprano parece querer resituar la obra en el ámbito lírico, intento que queda abortado por la concertación de silencios, susurros y voces apenas esbozadas con las que se va recubriendo el capítulo.

Asegura el musicólogo José Luis Téllez que Sánchez-Verdú abraza en GRAMMA "la tradición del lamento operístico que nace en Monteverdi y llega hasta Puccini", opinión que se verifica y respalda con un nudo en la garganta, el mismo que causa la audición de la acongojante deploración de Venus en la escena Arquitecturas de la memoria, o el diálogo final entre el Alma y el Esposo en El viaje a Simorgh o la declaración de amor de Felipe a su fantasmal enamorada en Aura. En todos estos fragmentos resuena la fascinante y brumosa música de Sánchez-Verdú. Estoy convencido de que su música sin concesiones, ajena a vaguedades, asida por igual al regietheater y a la cultura del texto, supone el punto más esperanzador (y nuevo, absolutamente nuevo) de la música contemporánea española. Otras piezas recientes, como la camerística Goya-Zyklus (que debería ser ya, cuanto antes, recogida en disco) o la monumental instalación sinfónico-vocal Libro de las estancias, nos ponen de frente ante un genio de nuestra era.

Audición: GRAMMA. IV Jardines de Adonis.














Francisco Guerrero (1951-1997)
Música de cámara 49:26
1.- Concierto de cámara (1977) 6:49
2.- Delta Cephei (1992) 9:36
3.- Vâda (1982) 5:26
4.- Ars Combinatoria (1979-1980) 6:48
5.- Anemos C (1976) 8:27
6.- Hyades (1994) 12:17
Grup Instrumental de Valencia.
Pilar Jurado, soprano. Jacqueline Squarcia, soprano.
Joan Cerveró, director. Referencia: C33001

Contemplando en perspectiva la salud discográfica de la obra de Francisco Guerrero, la aportación que hace Anemos resulta esencial para obtener una generosa visión de su corpus, que es ni más ni menos que un faro de referencia absoluta ante cualquier intento de abarcar la música española concebida a partir de la segunda mitad del siglo XX. De un lado está el soberbio trabajo de la Orquesta Sinfónica de Galicia y José Ramón Encinar con la obra orquestal grabada en el (muy perdido actualmente) sello Col-Legno (WWE 20044). De otro, la fulminante y prodigiosa versión del ciclo Zayín I-VII a cargo del Cuarteto Arditti en Almaviva (DS0127). Y, empeñados en la tarea de discófilo, clave es también la grabación de su impactante obra electroacústica Cefeidas en un irrecuparable cedé del desaparecido sello Hyades Arts. La música de cámara (con excepción de la pieza pianística Op. 1 Manual, recogida con igualdad de excelencia por Jean Pierre Dupuy en Stravidarius y por Tatiana Postnikova en un álbum de la Fundación Autor) ha corrido desigual suerte. Está en las estanterías el esforzado trabajo que el Proyecto Gerhard, bajo la batuta de Ernest Martínez Izquierdo, ofreció en el Festival de Granada y que éste documentó en disco en colaboración con Almaviva (DS0133). Por desgracia aquellas versiones (en nada favorecidas por una lejana toma en directo) ofrecían sólo un epidérmico reflejo de las posibilidades sonoras del lenguaje de Guerrero.

Francamente he de reconocer que en los últimos meses (bien a través de la radio, bien por medio de los discos) estoy redescubriendo con asombro las portentosas capacidades del Grup Instrumental de Valencia, formación que, dirigida por su titular, Joan Cerveró, da aquí el campanazo entregando el sonido acerado, crispado (¡sensacional cuerda y metales!) y enfermizamente arisco que demanda la agria no-poética del músico de Jaén. No existe otro creador, en la órbita de la música de vanguardia hispana, más ajeno a lazos sentimentales que Francisco Guerrero. Y paradójicamente, en la escucha, pocas músicas son capaz de prender en el auditor una emoción mayor que las violentas erupciones que deparan estas partituras.

Se puede echar de menos en este disco piezas como Rhea o Erótica, que por su peculiar instrumentario se escapan a las posibilidades del Grup Instrumental, pero lo que aquí se ofrece son cuatro conocidas obras que configuran algunos de los mejores momentos de la música de Guerrero en la que procedimientos matemáticos (combinatoria y fractales) se conjugan (Concierto de cámara, Delta Cephei, Ars Combinatoria, Anemos C) con una devastadora y arrebatadoramente abstracta incursión en los versos de Jorge Guillén (Vâda) y un pequeño asombro de título Hyades, pieza mixta (electroacústica y grupo de cámara) que plantea un erizado y frío estatismo ciertamente alejado de los planteamientos clásicos de Guerrero. La obra viene datada en 1994. La pregunta, tras oír Hyades, tras el inmenso Zayín, tras la rugosa y alucinada escritura orquestal de Coma Berenices es, ¿qué otros poderosos caminos habría abierto el gran Paco Guerrero de seguir entre nosotros?

Audición: Anemos C.