25 may. 2013

Ciclo de Música Contemporánea 2013 (Teatro Central. Sevilla)


Hall del Teatro Central. 
Compilamos a continuación las críticas que, el autor de este blog, ha venido publicando en el El Correo de Andalucía al respecto del Ciclo de Música Contemporánea del Teatro Central de Sevilla. Un encuentro de vital importancia para la cultura en la ciudad, también para la oxigenación de la misma. Y una cita que este año puede afirmarse haber sido salvada in extremis. Paradójicamente, los resultados, globalmente, han sido notables, incluso por encima de la media de los últimos tres años. 


Asomándose a un nuevo mundo
Teatro Central. 20 de marzo. Programa:  Esprit-Rude-Esprit Doux I, Triple Duo, Double Trio, Asko Concerto. Intérpretes: Zahir Ensemble y músicos de la Orquesta Joven de Andalucía. Juan García Rodríguez, director. 

Fallecido el pasado mes de noviembre a los 103 años, el neoyorkino Elliott Carter es, sin ofrecer lugar a dudas, uno de los nombres más importantes de la música del siglo XX. Su obra abstracta, de asideros enormemente clásicos, siempre transparente, donde reina el contrapunto y donde la dificultad (de interpretarla, de oírla…) casi es un adjetivo que se palpa a cada nueva contracción precisa de instrumentistas muy familiarizados con la gramática de la música contemporánea.

Los músicos de Zahir Ensemble lo están, o como poco, van camino de ello. Los de la Orquesta Joven de Andalucía no, y algunos de sus músicos era la primera vez que se las veían ante unas partituras como las de Carter. El resultado sin embargo fue más allá del mero empeño para conquistar resultados estimables.

En el extenso Triple Duo (1983), García Rodríguez dirigió con un pulso casi bouleziano una música más hedonista –en la multiplicidad de sus hermosas convergencias tímbricas- de lo que una escucha apresurada podría apercibir. Realizó una ejemplar labor concertadora, aunque le faltó pulir la agógica de la pieza y demandar una presencia más palpitante de la algo alicaída cuerda.

Acostumbrado a vérselas con importantes partituras de nuestro tiempo, el fundador de Zahir Ensemble ¿estrenó en España? el Double Trio (2011), obra de un Carter con 102 años que mantiene el mismo ímpetu que muchas de sus más celebradas partituras de décadas atrás, tal era la genialidad de un autor cuya música precisará siempre de una mayor presencia. Fue una versión esforzada pero donde quedó expresada, más que suficientemente, toda la acerada lírica de una composición que ni siquiera está aún fijada en disco.

Probablemente el ASKO Concerto (1999/00) fuera la partitura más asequible y brillante de las propuestas, por sus iridescentes tuttis, por el hipervirtuosismo de sus diálogos entre instrumentos.  Los músicos de Zahir y la OJA brindaron una lectura hermosa, llena de nervio, donde es de justicia destacar la solvencia del piano de Óscar Martín, una interpretación imperfecta seguramente pero emocionante por cuanto que esa miriada de notas que Carter legara a la humanidad corrieron esta noche por las manos de una veintena de músicos jóvenes, entusiasmados ante un universo musical que, como decíamos, muchos estaban descubriendo en ese mismo instante.

Vanguardia de género
Teatro Central. 3 de abril. Programa: ‘Female Perspectives on Sound’ (obras de Moore, Ellison, Romero, Ríos, Kang y Konstantinidou). Intérpretes: Angélica Vázquez, arpa; Barbara Ellison, electrónica; Yamila Ríos, violonchelo y electrónica; Camilo Irizo, clarinete; Ji Youn Kang, sintetizador Benjolin; Susana Santos Silva, trompeta; Fani Konstantinidou, electrónica; Kate Moore, violonchelo.

Female Effects es un nombre a retener. Mucho más que una conjunción bolera de compositoras-intérpretes para tocar sus propias obras, tras este nombre se percibe un proyecto serio, cuidado en los detalles y con mucho por hacer oír. Eso es lo que nos pareció al menos su primera comparecencia en el Ciclo de Música Contemporánea del Teatro Central el pasado miércoles.

La más recogida y cercana sala B del espacio adquirió ribetes casi de loft neoyorkino para escuchar las aguerridas propuestas sonoras de un grupo femenino que se plantea su empresa con una pregunta: ¿Existe una sensibilidad femenina ante el sonido? A tenor de lo oído podríamos aventurar que sí. O en todo caso, cada una de las autoras representadas, desde presupuestos en ocasiones distanciados, marcaron líneas de separación contra una concepción estructural y/o puntillista de la obra musical, aventurándose en terrenos más claramente underground, muy cercanos al experimental y el intermedia tan en boga, aún hoy, en la cara B de la vanguardia musical estadounidense.

En la obra de Yamila Ríos para violonchelo y electrónica percibimos un afán por conquistar cierta saturación francesa, pero también hubo en su creación ecos de compositores como Phill Niblock y hasta Tod Dockstader en el empleo masivo e inmersivo de la electroacústica. La griega Fani Konstantinidou presentó un trío para arpa, trompeta y electrónica cuyos primeros juegos armónicos nos trajeron a la memoria a Alvin Lucier, aunque luego, al fracturarse el discurso, la pieza asume como suyos ciertos planteamientos caros al ‘free-jazz’ y a la improvisación controlada. Más académica, Anábasis IV de la sevillana Lula Romero encontró en el clarinete de Camilo Irizo a un intérprete ideal para deglutir su menú henchido de armónicos en cascada, con una electrónica como en eco que sólo adquiere protagonismo en un tramo final verdaderamente estimable.

Nada nos interesó la muy endeble propuesta repetitiva de la australiana Kate Moore, que se atrevió con una improvisación sobre mástil de violonchelo electrónico muy mal hecha en lo técnico y completamente fuera de lugar. Tampoco pensamos que aportase mucho la performance concreta de la irlandesa Barbara Ellison. Sí que en cambio valoramos el aporte de la coreana Ji Youn Kang, su Time folding bebió de las fuentes del noise (pensamos en Merzbow, también en las obras de Koji Asano) empleándose en el uso de un viejo sintetizador.

No más prólogos a la escucha
Teatro Central. 8 de mayo. Programa: Obras de Martin Matalon, Oriol Saladrigues y Alberto Carretero. Intérpretes: BCN216. M. Matalon, director. 

La habitual cita con los resultados sonoros de la Cátedra Manuel de Falla permitió el miércoles tener al compositor argentino Martin  Matalon al frente del conjunto barcelonés BCN216. Autor de una obra estimable, sin una personalidad muy acuciada pero estimulante en su mayoría, suya fue la pieza más redonda del concierto, Trame XI, una creación para contrabajo y ensemble resuelta soberbiamente, estudio de pulsaciones rítmicas y movimientos flotantes, con originales y muy trabajadas texturas. Una composición que funciona ejemplarmente como reelaboración modernista de la música concertante y que otorga al contrabajo un papel que pocas veces alcanza incluso en el contexto de la vanguardia (excepción hecha del aguerrido Co – wie Kobaldt de Gerhard Stäbler).

La audición de Traces IV fue enturbiada por un molesto acople electrónico que motivó la desconexión del intérprete. Oriol Saladrigues presentó Teixits, sólida en la urdimbre, y con algunos hallazgos tímbricos. El sevillano  Alberto Carretero estrenó Quantum, aunque como sus colegas, embarró la escucha con una explicación anecdótica. Ecos de George Crumb en su escritura pianística (se piensa en Otherworldly resonances), atractiva escenografía pero escaso empeño el que destiló la pieza en su parco tramo inicial.

Siempre Cage
Teatro Central. 15 de mayo. Programa:  Monográfico John Cage. Intérprete: Bertrand Chamayou, piano preparado, piano, piano de juguete, vegetales amplificados. 

Un año después de que los centros culturales más importantes del mundo recordasen el centenario de John  Cage, el compositor más influyente de todo el siglo  XX, el Central no pasó por alto la efeméride y dedicó a su música el antepenúltimo concierto de su Ciclo de Música Contemporánea. Recayó en el pianista francés Bertrand Chamayou, curtido en el repertorio clásico, la tarea de retratar al norteamericano desde tres teclados diferentes. En un piano de pared, de tono apagado, acarició más que tocó In a landscape, una prodigiosa miniatura de minimalista belleza que huele a Erik Satie y sabe a New Age. Con un piano de juguete ofreció una pizca de su Suite para este cachivache, y con un cactus y unos cocos ofreció una píldora de Child of tree. A Cage es fácil dejarlo en souvenir, ambas obras merecían más espacio. En las Sonatas e Interludios para piano preparado, piedra de toque del repertorio actual, Chamayou trazó una lectura más vanguardista que naïf, acelerando donde debía dejarse ir y ralentizando donde debía correr. Bueno. Su interpretación fue estimable, y la posibilidad de escuchar esta música en Sevilla hizo del recital algo histórico.

Palpitante fantasmagoría 
Teatro Central. 22 de mayo. Programa: Componer el espacio. Homenaje a Horacio Vaggione. Obras de Vaggione, López López y Sandgren. Intérpretes: Taller Sonoro. 

Cuando aún no nos habíamos repuesto de la contundencia sonora de la electroacústica Consort for convolved pianos de Horacio Vaggione, José Manuel López López erizaba el vello con su Trío III amplificado, una obra cuyos sonidos parecen haber sido reducidos a cenizas, una pieza con memoria musical, pero con memoria reinventada. Desde su excepcional Concierto para piano, la obra del madrileño bucea en una profundidades abisales de la materia a las que nadie parece haberse asomado antes.

Luego Guillermo Martínez abordó con entrega Thema para saxofón bajo y electrónica, una obra más datada si quieren, pero indomesticable en su rugiente fiereza, una partitura la de Vaggione con gusto final a Kagel, a Aperghis también. Joakim Sandgrem es un alumno del creador argentino y su Endroits susceptibles vino a demostrar que ha asimilado muy bien el magisterio. Aunque sueco, su obra entronca con la de sus colegas franceses adscritos a esa derivación que han dado en llamar ‘música saturada’. Se piensa pues en Robin, Cendo y Bedrossian. Sandgrem anda por ahí, dando forma a verdaderas esculturas sonoras postcageanas. Su obra resultó un chorro de energía dirigido a los sentidos, una fantasmagoría quizás del sonar de una máquina de escribir manipulada por una entidad maléfica (!). O no. Myr-S empleó a la chelista María del Carmen Coronado en una intrincada partitura muy bien urdida con la electrónica. Paradojas de la evolución el estreno, Undicit IV, también de Vaggione, nos pareció la creación más antigua de todas, con una gramática apegada a la retórica instrumental, aunque ejemplarmente trazada, comunicante.

La exigencia del programa no está al alcance de cualquier grupo, por su complejidad, también por la firme necesidad de estas músicas de ser abordadas por intérpretes que asuman como propia la aventura experimental. Taller Sonoro firmó así uno de los más brillantes y redondos conciertos de su historia. Y si quedan programadores con sangre en las venas, este Componer el espacio se alquila.

Densidades armónicas
Teatro Central. 23 de mayo. Programa: Obras de Penderecki, Gorecki y Lutoslawski. Intérpretes: Royal String Quartet. 

El cuarteto polaco Royal String Quartet ha cosechado un gran éxito discográfico con sus grabaciones (en el sello Hyperion) de los tres compositores que trajeron al Central. Su Lutoslawski no ha conseguido hacernos olvidar las referenciales versiones de los cuartetos Arditti y Alban Berg, pero ahí están  ellos también. ¿Probablemente en el tercer puesto? Sí, por qué no. Fue la suya una versión hiperconcentrada, no especialmente aristada, más bien vigorosa y de acechantes contrastes rítmicos. La obra maestra del compositor polaco (cuya música en el Maestranza, por desgracia, ni ha estado ni se la espera) tiene en estos cuatro compatriotas a unos admirables defensores.

El Cuarteto de cuerdas nº1 de Gorecki no carece de cierto impacto dramático por mor de su trágico minimalismo, pero se olvida sin más, no deja poso. Como tampoco lo hace el Cuarteto nº3 de Penderecki, donde la deuda con Shostakovich se hace tan palpable que apenas sí sentimos atracción alguna por este reverso polaco. El conjunto tocó todas las obras con admirable y palpable intensidad y concentración, resultando especialmente notoria su empaste y la densidad armónica que lograron en cada nueva partitura. Fin del Ciclo de Música Contemporánea, un modesto pero esencial y veterano acontecimiento que ha de seguir perpetuándose. 

20 may. 2013

Reivindicando a Wim Mertens (Gran Teatro Falla, Cádiz, 18-05-2013)


¿Acaso un músico como Wim Mertens (1953) necesita ser reivindicado? Probablemente, no. O desde luego no más que cualquier otro compositor consagrado a la música avanzada. La del belga lo es, pero no en el sentido que dicta la vanguardia y sus derivaciones estrictamente contemporáneas. Adscrito más o menos ortodoxamente al minimalismo –aunque él hace mucho que no emplea tal calificativo para referirse a su obra-, Mertens, con más de un centenar de discos publicados, y una cantidad ingente de conciertos ofrecidos, continúa siendo uno de los creadores más inquietos, originales y fieles a un estilo (el suyo propio) del panorama actual. Afirmación esta que, estamos convencidos, provocará no poco rechazo en quienes, erróneamente, ven en él a poco más que un artista pop.

Desde luego hay en su obra y en sus recitales un cariz abiertamente pop (entendiendo el término también en su amplitud sociológica). Pudo advertirse sólo hace unos días en el concierto que ofreció en el Gran Teatro Falla de Cádiz. Mertens lleva al directo sus temas breves (nunca superiores a los 12-15 minutos, pese a que tiene partituras que alcanzan las tres horas), sus piezas evidencian desarrollos y reiteración de estribillos instrumentales y usa (y, a nuestro juicio, abusa de una excesiva amplificación). Sin embargo, el grueso de su creación continúa pareciéndonos más libre, zigzagueante, fresca, que la de, por referirnos a músicos razonablemente afines, Michael Nyman o Philip Glass.  También que la de Yann Tiersen, este sí, músico que abraza el pop (en su peor acepción) y que, además, llega tarde con su obra a todos los lugares que allana.

Mertens salió al escenario del Falla, que no pisaba desde hacía 20 años, acompañado por el violonchelista Lode Vercampt y por el clarinetista y saxofonista Dirk Descheemaeker (muy vinculado a la música contemporánea). Su promotora de conciertos en España, Syntorama, debería animarle a retomar en una próxima gira los recitales a solo o, en su defecto, con un conjunto mayor de músicos (lo que, en las circunstancia actuales, dificultaría obviamente su contratación), pero son ya varios años los que lleva el de Neerpelt tocando en nuestro país con el mismo formato. Durante más de una hora despachó siete de los ocho temas de los que consta su último trabajo discográfico A starry wisdom, un ciclo para gran ensemble que se vio aquí rehecho para un conjunto de sólo tres solistas. “Si la música refleja de alguna forma lo que estamos viviendo y va más allá de una obra, entonces la gente tendrá la capacidad de conectar con el concepto mismo de la composición, y la pieza podrá interpretarse una y otra vez, cada vez de manera distinta”, decía el músico días antes en una entrevista publicada por el Diario de Cádiz. En la misma, la periodista, elegía un titular que retrata perfectamente al artista que nos ocupa: “El juego debería ser el rasgo distintivo de la música”.

Por ello quizás todo el repaso A starry wisdom nos pareció un juego, una aproximación a veces más afortunada que otras a unas lúdicas composiciones en las que la repetición y los cambios de ritmo se erigen en ejes sobre los que pivotan unos pentagramas que , en formato de trío, mostraron un look mucho menos acabado. La sensación de espontaneidad fue, desde luego mayor, no así la perfección en la exposición. Hubo puntuales acoples instrumentales y frases que no acabaron de estar concertadas. Y en todo ello mucho de la práctica del jazz, aunque estilísticamente muy poco hay en Mertens de esto, más allá de un gusto casi hedonista por los ritmos sincopados. Con la composición Ausgedehnt, de febril intensidad y brillante coda, también momentáneamente coincidente con el tema El arca de Noé de José Nieto, concluyó la primera parte.

Vino después una segunda mitad breve en apariencia, sólo cinco temas antes de que los aplausos y vítores fueran arrancando otras cuatro piezas. Sonaron, entre otras, Inergys, Close cover y Struggle for pleasure, rompiendo así la merteniana tradición de dar por concluido el recital al hacer sonar la segunda de ellas. Siempre he visto a Mertens poner el público en pie. En Cádiz tampoco le falló. Como tampoco nos privó él de su eufórica voz de contratenor (ya bastante menos rica en agudos que en la época de ese monumental disco que es Der heisse brei (2000)), un cantar abstracto lleno de aliteraciones, una forma de comunicar con el oyente directa y sin estar emborronada por mensaje alguno.  No parece que el belga esté lejos de esos músicos que con sus mantras aspiran a producir cierto estado de trance en quienes les escuchan.  Su música, como su voz, parece emanar de una dimensión no conocida, no adscrita a ninguna forma musical. Música la de Mertens extraña, imperfecta, poderosamente subyugante. A veces uno llega a creer que nunca ha dejado de estar allí, ante él, escuchándole... en un sueño lleno de giros concéntricos del que no queremos o no acertamos a despertar.

16 may. 2013

'La música del siglo XX. Una guía completa', por Francisco Ramos

Portada del libro.

Quienes nos preciamos de la amistad de Francisco Ramos sabíamos que este libro ya estaba escrito desde hacía bastante tiempo. Es un decir, claro. Pero sus posicionamientos son evidentemente, sólo hay que seguir sus reseñas de discos de música actual en la revista Scherzo para saber de sus filias y algo menos de sus fobias. En todo caso este La música del siglo XX, una guía completa que recientemente ha editado la prestigiosa Turner es un libro llamado a perdurar durante muchos años. Con él en las manos, asomándose a sus páginas, uno -voraz discófilo contemporáneo- no puede por menos que lamentar conocer a casi todos esos compositores que nos cita Ramos (algo que, ojo, no resulta nada fácil), pues no podemos alcanzar a imaginar la inmensa excitación que un texto como este podría llegar a producir en el aficionado que comienza a navegar con anhelo y disparadas inquietudes por las procelosas aguas de la música avanzada.

Podría achacársele –y los reaccionarios y garantes del ‘bien sonar’ ya lo han hecho- que su título falta a la verdad.  Esta no es una guía completa, no al menos estrictamente completa. Ni era necesario. Se ausenta de estas páginas Mahler. Y Rachmaninoff tampoco comparece. Entre otros obviados, Frank Martin y Olga Neuwirth. No son las únicas faltas, como es lógico, porque este, pese a su indisimulada voluntad de libro torrencial, no es una neutra enciclopedia. Pero el lector inteligente agradecerá la ausencia de según qué autores cuyas respectivas bibliografías ya son suficientemente amplias. Gracias a esa criba, La música del siglo XX, una guía completa, podría haber sido tal vez mejor La música del siglo XX, itinerarios de escucha, pero estando como están las cosas, la obra de Ramos abraza a creadores que, por puro conservadurismo o flagrante desconocimiento de otros autores, no se asoman a guías escolásticas. La sabiduría musical de su firmante es inagotable y su capacidad de análisis conecta con el lector-oyente con una facilidad desarmante.

Porque, antes que cualquier otra cosa, esta es una guía de escucha, un libro-lazarillo con el que asido a sus páginas penetrar o, si se está familiarizado, deambular de un lado a otro, comprender por qué la música contemporánea es una de las aventuras estéticas más fascinantes que podemos experimentar. Ramos, que nunca ha tenido un afán musicológico en sus escritos, es capaz de desmenuzar, diríamos periodísticamente, de una manera asombrosa cada una de las propuestas sonoras que aborda. 

Pero la música del siglo XX es también, casi indisociablemente, el relato de personalidades rotundas, extravagantes, marginales y hasta ese nivel de detalle desciende una obra que ahora contemplamos como una versión definitiva de aquella Guía de la Música Clásica Grabada. Siglo XX,  que Ramos publicara en 1994 gracias al estímulo de la Diputación Provincial de Sevilla y que, durante tantos años, ya descatalogado, ha sido un libro de culto, casi un oráculo que los preciados poseedores del mismo consultábamos cuando del A B C de los compositores de la modernidad queríamos dar el salto a esa otra cara B. Una cara B que también alberga, profusamente, esta nueva y definitiva edición ampliada y revisada de aquel texto.  Así entenderemos la presencia de nombres tales como Roland Kayn, Aldo Clementi, Alan Savouret, Henri Chopin o Robert Simpson, entre muchos otros. 

La referida nómina de autores entresacados casi al azar da también la idea del escaso apego del autor a las listas establecidas. Ningún compositor consta por constar. Detrás de cada cita anida una específica voluntad de resaltar tal o cual razón que justifique su acomodo en estas páginas. Y en este empeño Ramos no desdeña a autores conservadores como Langgaard, Pärt o Schnittke, por mencionar sólo a tres.  Con ello el texto marca distancias a la hora de poder ser señalado, en vano, como un manual escorado hacia un lazo de la balanza, por más que la postura del autor, en favor de la música avanzada, esté clara.

Pero donde, definitivamente, La música del siglo XX, una guía completa acaba por desmarcarse de cualquier sendero conocido es en el abrazo que Francisco Ramos realiza en los capítulos El sonido grabado y Routine investigations. En el primero  se concentran practicantes de música electrónica  y arte sonoro como Michel Chion, Luc Ferrari, Robert Normandeau y Francis Dhomont, entre otros. Consciente el autor de que es en este medio, ajeno al ámbito instrumental, donde se ha gestado la mayor revolución de la modernidad musical, es un apartado que trata profusamente. Y lo hace además con voluntad abiertamente reivindicativa, militante. Es por ello por lo que una parcela tan marginal como la poesía sonora hallará también su reflejo en el detalle de creadores como Bernard Heidsieck, Isidore Isou o Sten Hanson. Posteriormente, en el capítulo más norteamericano, Ramos aborda con sincera delectación y autorizado conocimiento a Morton (Feldman), a quien consagra la mayor atención de todo el libro.

El catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla y crítico musical, José Luis López López, ha realizado en la revista digital Mundo Clásico una detallada reseña del texto a la que remitimos aquí para un acercamiento más pormenorizado a su contenido. También enlazamos estas lineas con el podcast con la conversación que el responsable de este blog pudo mantener con Francisco Ramos en el programa de radio Chorro de luz.