14 sept. 2010

Beat Furrer, 'Streichquartett Nr. 3'



















Beat Furrer (1954-)
Streichquartett Nr. 3 (2004) 51:22
KNM Berlin -
Steffen Tast, violín. Angela Jaffé, violín
Kirstin Maria Pientka, viola. Ringela Riemke, chelo
Kairos (0013132)
Distribuye en España: Diverdi

Rescatamos de entre el aluvión de novedades que, en materia de música contemporánea, nos está ofreciendo el mundo fonográfico en este 2010 un registro de hace tan sólo unos meses en el que se recoge el Cuarteto de cuerdas nº3 (Streichquartett Nr.3) de Beat Furrer (Schaffenhausen, 1954). Editado por el sello Kairos e interpretado por cuatro músicos provenientes del KNM Berlín (Kammerensemble Neue Musik Berlin), la obra, firmada en 2004, pasa a ser una aportación esencial en la literatura más indagativa y radical del cuarteto de cuerdas.

Si buena parte de la historia de la música clásica occidental puede seguirse ejemplarmente a partir de este género (Haydn, Beethoven, Schubert en avant), la segunda mitad del siglo XX y, por descontado, en la actualidad, éste sigue siendo el formato clásico que mejor ha sabido evolucionar y adaptarse a las inquietudes sonoras de los compositores de hoy. Vaya por delante la pasión de quien esto firma por el cuarteto –sin lugar a dudas mediatizada por ese fascinante y totémico grupo que es el Cuarteto Arditti- pero más allá de preferencias personales lo cierto es que el horizonte de los cuatro atriles viene legando obras fascinantes y de los más variados sesgos estéticos.

Un repaso a vuela pluma por algunas de estas composiciones capitales pasaría inevitablemente por la referencia a Zayín I-VII de Francisco Guerrero, las integrales de Cuartetos de cuerda de Helmuth Lachenmann, Iannis Xenakis y Giacinto Scelsi, el Cuarteto nº2 de Ligeti, Helikopter-Streichquartett de Stockhausen, Sonatas e Interludios de Brian Ferneyhough, Cuarteto nº3 de Cristóbal Halffter, Small Waves de Alvin Lucier, Four de John Cage, Cuartetos de cuerda nº1 y nº2 de Morton Feldman, Akroate Hadal de Olga Neuwirth, Different Trains de Steve Reich y Black Angels de George Crumb entre otros.

A la nómina anterior se suma ahora, gracias a la discografía, el Cuarteto nº3 de Furrer, una creación ambiciosa –supera los 50 minutos- que anula sus cuartetos precedentes –considerados por el propio autor como piezas de juventud- y que se instala como una creación clave en la senda de la música postestructural, fuertemente abstracta y eminentemente experimental.

Encargo de la WDR alemana y estrenado por el Cuarteto Arditti, a quienes imaginamos perfectamente desentrañando con acerada devoción estos intrincados pentagramas, la versión que nos llega, firmada como hemos indicado ya por el KNM Berlín, parece modélica en su ejecución, fruto del empeño puesto por estos otros comprometidos defensores de la nueva música que no se arredran ante el arsenal de técnicas, digitaciones y efectos (revoloteos de arco, armónicos artificiales, dobles arpegios...) que demanda Furrer a lo largo de esta vasta composición.

Aunque suizo de nacimiento, la relación del compositor con Austria y, en fin, con todo el ámbito germano han mediatizado su visión del hecho musical, como prueba no sólo su adhesión, en mayor o menor medida, a los formatos clásicos –hace unos meses comentábamos en este mismo espacio el registro de su Concierto para piano- si no también su empeño en que este Cuarteto nº3 que ahora comentamos se ubique en el mismo hilo cronológico en que los compositores de la Segunda Escuela de Viena tejieron sus primeras aportaciones desde la dodecafonía primero y el serialismo después.

Beat Furrer

En una primera escucha la obra parece renuente a desvelar sus cartas. Es indudable su deuda o coincidencia con el mundo despojado, lleno de roces y aristas, de Helmuth Lachenmann, pero no advertimos el mismo gusto por alterar persistentemente el sonido. Existe aquí, al contrario que en las demoledoras y atomizadas piezas del alemán como Gran Torso o Reigen Seliger Geister, una cierta –aunque desde luego no fácil de seguir- continuidad en el discurso, como si este evolucionara o involucionara desde algún punto concreto y marchara hacia otro.

Efectivamente, Furrer señala al respecto del Cuarteto nº3 que en su proceso de escritura alteró la lógica de su desarrollo para que la narración transcurriera desde el final hasta el principio y se reinicie luego. Claro que ante un fresco sonoro tan carente de consonancia y totalmente abstracto el oyente habrá de sumergirse en la escucha con la paciencia de, pongamos por caso, quien busca figuras concretas en un paisaje. Sólo a través de una audición muy atenta o de repetidas inmersiones en la música comienzan a desvelarse esos patrones de conducta que hacen de esta pieza una creación de gran personalidad y convincentes resultados.

El compositor compara su partitura con una película “donde un hombre no sabe que ha asesinado a su esposa, recuperando poco a poco la memoria por medio de algunas briznas de recuerdos”, recuerdos que en este caso concreto se transmutan con puntos coincidentes que se repiten de forma aislada en este mar de sonidos en pianissimo y tremolantes, donde las cuerdas se fuerzan al máximo con la intención de no entregar nunca el sonido que habría de esperarse en un cuarteto de cuerdas.

Para redondear esta intrigante y, en instantes, chocante pieza, Furrer inserta hacia la mitad un fragmento apenas esbozado pero inalterado de un coral protestante basado en el Salmo nº22. Una vez más la tradición se abre camino en medio de la voraz vanguardia. No hay ninguna intención de barnizar religiosamente el pentagrama, da la impresión de que el compositor lo emplea más como un efecto que como un personaje dramático, pues apenas es expuesto se dedica a forzar el tema hasta descomponerlo en partículas irreconocibles. Todo suceso en este Cuarteto parece estar gravitando sobre sí mismo, va hacia delante o hacia detrás, no sabemos, a veces tendremos la sensación de estar encerrados en medio de un estructura inabordable, cargada de trampas.

Audición: Streichquartett Nr. 3 (2004) -fragmento-

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