3 nov. 2012

Yann Robin, 'Vulcano', Art of Metal I & III'
























Yann Robin (1974-)
1.- Vulcano 35:51
2.- Art of Metal I 20:47
3.- Art of Metal III 24:59
Alain Billard, metal contrabass clarinet.
Susanna Mälkki, conductor.
Ensemble intercontemporain. IRCAM-Centre Pompideu.

Audición: Art of Metal I



El sello austriaco Kairos, entre otras cabeceras como Aeon, está dando luz en los últimos tiempos a una serie de discos-retratos de compositores franceses que testimonian el excelente momento creativo que atraviesa la nueva generación de compositores franceses post-Boulez/Ircam y post-escuela espectral. Nombres como los de Pierre Jodlowski [consultar reseña de su disco Drones / Barbarismes... en este mismo sitio blog], Bruno Mantovani, Franck Bedrossian [cuya reseña del álbum Manifesto puede leer aquí] y Raphaël Cendo son prueba de lo anterior. A esta nómina viene a sumarse en la fonografía Yann Robin (Aix en Provence, 1974) con un intenso y extenso (81 minutos) cedé que incluye su, nos atreveremos a calificar 'poema-sinfónico' Vulcano y dos de las tres piezas del ciclo Art of Metal, primera y tercera de ellas, un pequeño conjunto de creaciones pensadas para metal clarinet contrabass -instrumento parcialmente modificado ad hoc para estas partituras- y cuyo alumbramiento no puede explicarse sin el concurso y la implicación del clarinetista e intérprete de las mismas, Alain Billard, miembro del Ensemble intercontemporain que ejecuta estos pentagramas con la dirección de la muy entregada Susanna Mälkki.

Yann Robin
El disco, en el que no se nos indica la fecha de composición de las obras -que en todo caso sabemos que ocupan el marco temporal de 2008 a 2010- no cuenta tampoco con unas notas generosas en detalle sobre las piezas y sí en cambio, al margen de unas sucintas explicaciones del propio Robin, alberga un inspirado aunque poco clarificador texto más poético que musicológico del también compositor Bruno Mantovani. Desde que comienza a sonar la música de Robin esta nos parece inmediatamente heredera de la escuela Ircam pero militante en las aguerridas trincheras de los compositores saturados (Bedrossian, Cendo, Kourliandski....). Sin embargo hay en el quehacer del francés un sentido de la inmediatez, una distinguible ludicidad en la exposición de los materiales que también nos parece provenir o, mejor aún, enraizarse en la aún bisoña tradición de autores de la órbita germana como Bernhard Lang y Wolfgang Mitterer o del belga Stefan Prins, creadores habituados a violentar el discurso con todo tipo de distorsionadoras inclusiones de recursos provenientes del jazz, el techno y el rock. 

Yan Robin se curtió en el free-jazz y su primera composición estrictamente anotada se remonta a 2003. Este precedente en su formación deviene en una música de una acuciada impronta, donde los músicos más parece que juegan tanteando posibilidades tímbricas y asociaciones imposibles antes que pelean por imponerse los unos a los otros. Algún oyente podría sentirse frustrado tras la audición de la ambiciosa Vulcano, para 29 músicos, pues el volcán cuya imagen se incita no parece entrar en erupción sino más bien anunciar pertinazmente que lo hará pronto. El dios Vulcano nos es retratado en un cavernoso, abisal poema-sinfónico que desde la modernidad más comprometida parece querer homenajear a Richard Strauss y Franz Liszt. Y como sucedía en el subyugante paisaje sonoro World Rythms de Annea Lockwood, donde el palpitante sonido de un volcán mantenía al oyente en estado de permanente inquietud, Yann Robin procede describiendo instrumentalmente diferentes estadíos de un fenómeno natural que atraviesa momentos de calma e intensidad, instantes de una incandescente agitación y otros en los que el terremoto que antecede al derramamiento de lava se hace más y más físico. En todo caso, Vulcano, como ese otro gran fresco cuasi sinfónico reciente de premisas también biológicas en propiedad del Intercontemporain, Caressant l'horizon [escuchar aquí] de Hèctor Parra, resulta una obra mayor de la actual música francesa. En las antípodas de la franca explicitud de Hekla de Jon Leifs, el dios al que invoca Robin parece dispuesto a mostrarnos sus poderosas armas pero no a ponerlas en práctica.

De una forma más inmediata conectada con el jazz experimental, Art of Metal I parte de la exploración instrumental de un metal bass clarinet modificado en su boquilla en pos de una sonoridad aún más industrial. Brillante y con escasos remansos de reposo, la primera de las obras del ciclo sumerge al intérprete -un Alain Billard tan convencido o más que el propio Robin del valor de esta música- en un espacio sonoro que parece conminado a confundir y aniquilar el discurso solista llevando la música a un estado de saturación del que, por medio de un espectacular desarrollo tímbrico, emerge ya como protagonista el clarinete de Billard. En el corazón de la partitura aguarda un pasaje de cierta impronta repetitiva especialmente iluminado en el que dos clarinetes contrabajos se aprestan a unir y disociar sus voces en medio de un acechante e incómodo colchón sonoro. 

Menos interesante nos parece Art of Metal III, para metal clarinet contrabass, ensemble de 18 músicos y electrónica. Robin, como contagiado por la fiereza del lenguaje de algunos de sus colegas de generación, deriva esta tercera parte del ciclo hacia un terreno abiertamente incómodo y cercano al noise instrumental en algunos segmentos. La adición de la electrónica no nos parece especialmente depurada y su concurrencia sirve únicamente para emborronar pretendidamente el discurso. Animada por un carácter ritualístico -la obra comienza con gritos salvajes prorrumpidos en el clarinete contrabajo-, Robin configura una pieza enormemente vistosa y pirotécnica, de pasmosa virtuosidad en algunos de los atriles del ensemble, pero en la que no acertamos a entrever una personalidad de peso tras ella. Quedará por comprobar entonces cómo se asienta en el futuro inmediato la voz de Robin en medio de una nómina generacional de creadores de calibrada y notoria relevancia.  

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