8 oct 2013

Nikolaus Brass, 'Zeit im Grund', 'Von wachsender Gegenwart'

¿Es Nikolaus Brass (1949) un compositor de segunda fila, un creador de culto situado al margen de los márgenes o un nombre, el suyo, simplemente mal comunicado? Desde hace algún tiempo sellos como Col-Legno y NEOS vienen prestando esmerada atención a la obra de este bávaro casi inédito que, prácticamente sin asomarse más allá de los generosos contornos culturales germánicos, es autor de una música del máximo interés, en ocasiones, de una prodigiosa inspiración que, como veremos, se asienta estéticamente no lejos de Morton Feldman aunque aderezado con un mordiente intelectual muy alemán, por otra parte.

Enormemente desconocido, estamos ante un compositor a la vieja usanza que, por propio azar biográfico, no anda lejos de un Charles Ives. Agente de seguros el norteamericano, médico en ejercicio quien nos ocupa, Brass es, por decisión propia, un autor al que no parece interesarle ni la trascendencia ni, al menos hasta época reciente, la difusión de su música. Profundamente humanista –como se desprende del aparato filosófico que respalda cada creación suya- el compositor, alumno de Helmut Lachenmann, no parece haber heredado de aquel más que su ferviente militancia en componer liberado de cualquier dictado. Tal y cómo indicaba Francisco Ramos en su reseña del primer volumen de la integral de sus Cuartetos de cuerdas –que habrá de continuarse en el sello NEOS- en la revista digital Espacio Sonoro, “no será hasta el concienzudo estudio del legado de Feldman cuando Brass tenga una idea clara de la estética que habría de adoptar”.

De las dos piezas de amplio aliento que presenta el presente registro, Von wachsender Gegenwart  (Del presente en expansión) (2006) para 18 instrumentos de cuerda es la de menor calado. Es música de gran concentración y considerable estatismo que, sin embargo, nos parece no ser capaz de sobresalir de la dramática brumosidad que despliega en su comienzo. Magistralmente concluida, Brass aboca a una agónica extinción el sonido mediante el apagamiento de todas las fuerzas con un primor artesanal, como si uno a uno, todos los intérpretes mediante diversos procedimientos enmudecieran sus instrumentos.  Hay en la partitura veladas referencias a Beethoven y a la idea, expresada por el musicólogo Carl Dahlhaus, de la “suspensión del desarrollo lineal del tiempo”. Pero el músico dilata en exceso la proposición y enfatiza en exceso algunos pasajes. Es obra de interés, sin duda, pero está lejos de los grandes logros que hemos advertido en Brass en piezas como su Cuarteto nº2 y Void II (2001) -ambas editadas fonográficamente-.


Nikolaus Brass.
Precisamente Zeit im Grund (El tiempo como fondo) (2008) constituirá una de sus creaciones más sobresalientes. “No se puede componer sin alguna intencionalidad detrás. Sin embargo, durante los últimos años, la concepción de mis actos compositivos ha ido centrándose cada vez más en una atención despojada de intencionalidad frente al potencial de metamorfosis, evolución y muerte que revelan los “materiales sonoros””. En ese sentido, los casi 40 minutos de la partitura hablan del carácter orgánico de la misma. Escrita para dos clarinetes y orquesta de cuerdas, los instrumentos de viento-madera se erigen de tal modo en protagonistas que estaríamos hablando, efectivamente, de un concierto en términos clásicos. 

Los tres primeros acordes que al unísono interpretan los dos clarinetistas –aquí el ejemplar dúo Zelinsky/Smeyers- remiten inmediatamente al mundo de claroscuros feldmanianos, sensación que acrecienta después la entrada de la orquesta. Pronto el discurso comenzará a despegarse de la seductora gramática del genio de Buffalo para hacernos encontrar con el aporte de Brass, a saber, texturas que hayan una mayor alternancia y muy escaso, o nulo, gesto dramático (a diferencia de la asfixiante severidad de las piezas ‘concertantes’ de Feldman). Es la del alemán una música más gélida que se rehace y se borra con breves recursos al silencio. No habíamos advertido en la generación posterior al autor de Palais de Mari una asimilación tan personal de su legado. Antes que de exacto epígono, con Nikolaus Brass hablaríamos de arriesgado continuador de unas maneras compositivas que, pasmosamente, no han encontrado perpetuidad en otras voces.

Audición: Zeit im Grund (fragmento)

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