29 may 2012

Ciclo de Música Contemporánea 2012 (Teatro Central. Sevilla)

 















































































Teatro Central. Foto: Jasmin Bauer (Flickr)



















Quedé aquí constancia tras un nuevo curso, lo que de sí ha dado el Ciclo de Música Contemporánea del Teatro Central de Sevilla en su edición de 2012, cuya valoración global pasaría por ser de las más notables de los últimos años. Todos los textos fueron publicados originalmente en las ediciones papel y web del periódico El Correo de Andalucía.

Bach, Kurtàg y los demás
Teatro Central. 7 de marzo. Programa: Obras de Jörg Widmann, Tan Dun, Philip Glass, Johann Sebastian Bach y György Kurtág. Intérpretes: Cuarteto de Leipzig.
 
Arrancó, con todo lo que esto conlleva de celebración, más en los tiempos que corren, más tratándose de una propuesta de elevado peso cultural y poca trascendencia mediática, el ya veterano Ciclo de Música Contemporánea del Teatro Central de Sevilla. Y lo hizo con un programa que, sobre el papel, no ofrecía una gran cohesión, al menos en su primera parte. No fue así.

Las tres primeras obras funcionaron como un escaparate de tendencias de la modernidad. Del iracundo a la par que juguetón Cuarteto nº3 de Widmann -con su alusión clasicista al tema de la caza, su melodía deconstruida y su despliegue de recursos de la pos-vanguardia- al minimalismo domesticado del Cuarteto nº2 'Company' de un Philip Glass que se reconoce en cada esquirla de la partitura pero que no ofrece gran cosa más allá de una agradable liviandad. En medio, los Eight Colors de Tan Dun no era lo que esperábamos del compositor chino. Es como si se hubiera asomado por una ventana a la Viena de comienzos del siglo XX y se hubiera propuesto escribir 'algo así'. No sonó mal, con todo, y tiene colores/movimientos de gran belleza.

En la segunda parte se comprobó lo que ya se intuía, lo bien que le sienta a la ora crispada ora tenue música del siempre muy serio Kurtag el diálogo con un titán no menos envarado, Bach. Los 12 Microludios del húngaro se alternaron con una selección del Arte de la Fuga del alemán creando sinergias fabulosas. A todo esto contribuyó la aportación, portentosa, comprometida, del Cuarteto de Leipzig, una formación que abraza un repertorio enorme y que, ahora sabemos, puede hacer (cierta) competencia en estos senderos al todopoderoso Cuarteto Arditti desde una óptica más serena.

ensemble LUX
Poética de la extinción
Teatro Central. 14 de marzo. Programa: Obras de Haas, Furrer, Lachenmann y Freisitzer. Intérpretes: ensemble LUX.

¿Música o ruido? La pregunta, por más que pasen los años, estuvo en el aire tras la audición del Gran Torso de Lachenmann. Sin dudarlo, lo primero. Es música de la extinción, un poema sonoro tortuoso que parece describir un paisaje en ruinas. Con chasquidos, crepitaciones y murmullos el alemán construyo en 1978 una obra maestra implacable y retadora, como pocas existen en la apasionante aventura de la vanguardia. 

El austriacto Ensemble (¿Cuarteto?) LUX ofreció un programa valiente y de una densidad sin parangón. Atendimos luego las micropolifonías del Cuarteto nº2 de Georg Friedrich Haas y la escolástica especulativa del Cuarteto nº3 de Furrer. Sus versiones sonaron comprometidas y esmeradas, acaso un punto yermas de tensión en los pasajes más silentes. Pero el público, asombrado, aplaudió con fruición la osadía del conjunto.

Ensemble ascolta
La mejor carta blanca
Teatro Central. 11 de marzo. Programa: Carta blanca a Elena Mendoza. Obras de Nuria Núñez, Manuel Rodríguez y Elena Mendoza. Intérpretes: Ensemble Ascolta.

De todas las cartas blancas que en el Ciclo de Música Contemporánea del Central se han dado a compositores españoles, la protagonizada el miércoles por la sevillana Elena Mendoza (1973) ha sido la más interesante desde un doble punto de vista: estético e interpretativo. Desde luego, el alemán Ensemble Ascolta está plenamente familiarizado con los lenguajes puestos en liza por los tres autores protagonistas del encuentro.

Nuria Núñez (Málaga, 1980) estrenó Der rote faden I. Su filiación germánica no viene únicamente determinada por su residencia en Berlín, si no por el propio carácter sonoro de su música, enraizada en los planteamientos de un Lachenmann pero capaz de relajar el discurso con la introducción de gestos prestados del arte sonoro. En ello incidió también Spuren, de Manuel Rodríguez (1980), más agitada y heterodoxa en su planteamiento y con una admirable ordenación de diversos ruidos erigidos en sorpresivos y muy musicales ingredientes de la composición.

En Contextos, Elena Mendoza realiza una soberbia exploración del trombón con pasajes murmurados que, por sí solos, bien podrían configurar una text-sound composition. Terminó el concierto con Fragmentos de un teatro imaginario. No hemos escuchado íntegramente su ópera Niebla, pero de todo lo atendido -en concierto, en Sevilla, y en disco- esta es la propuesta que más nos ha interesado. A medio camino entre la performance y con algún guiño indisimulado a Fluxus, la partitura, indagativa y casi siempre a media voz, equilibra su interés en lo puramente sonoro y en lo escénico. Los músicos de Ascolta cerraron un concierto formidable y a nosotros nos da por pensar que nunca la Cátedra Manuel de Falla dio a luz obras tan representativas del momento actual de la música de vanguardia como las escritas por Núñez y Rodríguez.

Dimitri Vassilakis
El piano (clásico) de ho
Teatro Central. 2 de marzo. Programa: Obras de Boulez, Strauch, Matalon, Posadas y Ligeti. Intérprete: Dimitri Vassilakis, piano.

Se apuntó otro tanto El Central invitando al pianista Dimitri Vassilakis, nombre fundamental de la interpretación de la música de nuestro tiempo. Suya es una grabación modélica de los Estudios de Ligeti, y en el concierto ofreció una buena panorámica de ellos a través de siete piezas, con algunos de los mejores logros del piano de la modernidad. El músico greco-francés objetivizó las partituras y afrontó los pentagramas de una óptica algo distante, aunque inconmensurablemente virtuosa. 

Su filiación con el Ensemble Intercontemporain se percibió en el buen hacer con las obras puntillistas, ágiles, de una abstracción férrea y robusta, ya clásicas por más que todavía únicamente difundidas en circuitos especializados de Pierre Boulez, aunque hubiéramos preferido el abordaje de alguna de sus tres Sonatas en lugar de las más insustanciales creaciones que son las 12 Notations e Incises. A las obritas de Strauch y Matalon, Vassilakis les extrajo todo el caudal de posibilidades, aunque musicalmente nos parecieron algo yermas. La Memoria de no existencia de Posadas rompió la relativa convencionalidad sonora del programa. Lectura superlativa y de densas resonancias, pero el encargado de la difusión de la parte electrónica la mantuvo en un segundo plano, a muy bajo volumen, volatilizando la pretensión del compositor de lograr la confusión tímbrica entre ambas entidades (piano y cinta).

Carles Santos & Cabo San Roque
La máquina venció a todos
Teatro Central. 12 de mayo. Programa: Maquinofobia pianolera. Intérpretes: Carles Santos & Cabo San Roque. 

Lleva algún tiempo el compositor y dramaturgo Carles Santos centrado en el piano proponiendo espectáculos que, sin perder su consustancial y personalísima vis teatral, se vehiculan poderosamente alrededor del instrumento. Este recién parido no era una excepción. Si acaso la novedad estaba en la colaboración puntual que el de Vinaroz ha establecido con el grupo de pop experimental catalán Cabo San Roque.

Ruidoso y descacharrante híbrido entre la música contemporánea y el rock, Maquinofobia pianolera propuso en algo menos de 60 minutos un duelo entre el piano de Santos, una inmenso artefacto semi-autómata musical cuyas vísceras adquieren la forma de piezas de un piano, acordeones de juguete, tubos de ensayo químicos, ventiladores y otros despieces, y otro pequeño arsenal de instrumentos varios, entre ellos una guitarra eléctrica.

El habitualmente brillante Carles Santos no parece haberse implicado mucho en la reunión y su partitura está muy lejos del talento con el que casi siempre nos saluda. Suda lo suyo, derrocha una insistente miríada de acordes repetitivos y juega a la bronca con los Cabo San Roque. Estos por su parte gritan ráfagas de voz inconexas y hacen arreciar con fuerza sus instrumentos. En medio, la máquina desarrolla distintos patrones rítmicos, de vez en cuando establece chisposos diálogos con el piano, y forma mucho jaleo. Ella es la protagonista y la que acaba imponiéndose, el robot fagocitó a sus creadores. Eso es lo más divertido de esta inocua propuesta que despertó tanto alborozo como indiferencia. Por si las dudas, si les pilla cerca, no se la pierdan.
El reverso neo de la música de hoy
Teatro Central. 16 de mayo. Programa: Obras de Adams, García Rodríguez y Vadillo. Intérpretes: Zahir Ensemble.
 
Formidablemente escrita y mortalmente anodina. Así es la Son of Chamber Symphony de John Adams (1947), compositor cuyo talento e inventiva pareció agotarse en 1987, fecha en la que escribió su imponente ópera Nixon en China, representativa de un minimalismo neoromántico cuyo interés nació y murió en aquella obra. Zahir Ensemble, con todo, mimó la partitura y entregó una versión de notable pulso rítmico que contó con el aporte en el primer violín del ex director de la Orquesta Joven de Andalucía, Michael Thomas. 

El director del grupo, Juan García Rodríguez (1974), fue también el autor de Atlantis, pieza especulativa y de estética germánica que atraviesa numerosos estadíos y que desprende una sonoridad orgánica fuertemente atrayente a la que nada convino un pasaje central preso de un inesperado lirismo. El chelista Dieter Nel ofreció una lectura esmerada en su cometido y en el que le deparó también Arrayán, de Eneko Vadillo (1973). No acaba de despegar la música del malagueño. Y tanto esta como la otra partitura en liza -Transparences- se desplegaron ante el oyente sin que los comprometidos músicos de Zahir pudieran enmascarar la convencionalidad de un discurso de concisa y académica abstracción al que se le advirtieron sus numerosas costuras, como si Vadillo no fuera capaz o no quisiese mostrar una voz personal. 

Taller Sonoro
En los límites de la música
Teatro Central. 23 de mayo. Programa: Obras de Momi, Levy, Czernowin, Saunder y Francesconi. Intérpretes: Taller Sonoro. 

Hay algo que siempre habrá que agradecerle a los músicos sevillanos de Taller Sonoro y es esa búsqueda constante en pos de territorios inestables en los que la obra se transforma en creación inquieta, a menudo inabarcable con una sola definición, partituras arriesgadas que (casi siempre) miran al futuro. On the limits of reality, título del programa que presentaron para cerrar el notable Ciclo de Música Contemporánea del Central de esta temporada, planteó un ramillete de obras en las que la guitarra eléctrica -a cargo de un implicado Antonio Duro- ejercía cierto protagonismo. 

El programa comenzó con Ludica II (2009) de Marco Momi, obra que, fiel a su título, desplegó sonoridades explosivas a través un discurso asentado en el desparpajo tímbrico. Nos aburrió en parte la escolástica de Fabien Levy y su obra Risâla (2008), que tras una primera parte de ecos estructurales, cayó en una segunda de tono reposado que nada dialogaba con el segmento precedente. Drift (2008), de Chaya Czernowin, era el golpe maestro del programa.
 
Junto con Olga Neuwirth, Rebecca Saunders y Elena Mendoza, la israelí es una de las compositoras más audaces y radicales en lo compositivo de la escena actual -recupérese en el dvd de Mode su desasosegante ópera Pnima... ins Innere-. Su pieza, Drift, tiene una duración exacta y su vitriólico y alucinógeno sonar magnetizó desde el primer instante. Justo lo contrario de la más abstrusa Saunders, de la que nos llegó la interesante y explorativa Vermillion (2003). Se concluyó con Strade paralelle (2007), del irregular Luca Francesconi que aquí invoca mediante un vídeo a Marx mientras que en lo instrumental se mostró más convencional, al menos visto en el conjunto del recital, aunque digna de una audición. Más si esta se da con la convicción y el trabajo previo que Taller Sonoro supo una vez más entregar. Si el pasado año se equivocaron con un recital desvaído -Angelus Novus- estos límites guitarreros de la realidad deberían conquistar más auditorios, subyugando a los oídos despiertos.

15 may 2012

Entrevista a Arturo Tamayo: "No conozco ninguna pieza de valor que no mire al futuro"

Arturo Tamayo


La Orquesta Filarmónica de Málaga programó este mes en el Teatro Cervantes de la ciudad andaluza, en el marco de su temporada de abono, un valiente y atractivo concierto que, bajo el epígrafe Europa entre guerras, propuso la escucha de páginas de Webern (Variaciones Op. 30), Manuel Hidalgo (Variaciones sobre las variaciones Op. 30 de Anton Webern y Física) y Schoenberg (Erwartung, con la participación solista de la soprano Carole Sidney Louis). La dirección corrió a cargo de una de las batutas más sobresalientes del universo de la dirección orquestal, la del maestro madrileño, residente en Berlín, Arturo Tamayo. Con motivo de este programa conversamos con él abordando sus aventuras discográficas y concertísticas y sus filias y fobias sobre la música contemporánea… 

Su intensa relación con el mundo del disco continúa en plena ebullición. ¿Qué proyectos tiene ante sí?

Hace unos días se ha publicado en Stradivarius un nuevo aporte a la integral orquestal centrada en Goffredo Petrassi. Dirijo a la Orquesta de la RAI un programa con el Concierto para piano, La follia di Orlando y la Partita para orquesta (1932). Con esto queda grabado todo el Petrassi que él daba por válido. Quedaría alguna obra como la Obertura concertante y la Passacaglia, no le negaré que me gustaría poder registrarlas también con el afán de tenerlo documentado todo. 

En septiembre el sello Verso publicará un triple álbum con la integral orquestal de Gonzalo de Olavide. En unas semanas voy a Madrid para grabar con la Orquesta de la RTVE Clamor II, cuya parte de cinta nos ha dado muchos problemas porque no estaba nada clara la coordinación de la parte electrónica con la sinfónica. Es una obra maravillosa y el que no se haya tocado nunca –hasta el pasado Festival de Alicante- era evidente. ¿Qué compositor de la época podía aspirar a que una orquesta programara una obra contemporánea de 40 minutos? Olavide se desanimó y la dejó guardada. Ni siquiera, Irene, su viuda, era capaz de encontrar la partitura a pesar de que el compositor era muy metódico. La obra fue un encargo de la Fundación March y se saldaba con la entrega de la obra. Aquellos encargos son hoy famosos por cuanto que pagaban 1.000 dólares durante doce meses, una cifra muy alta en aquellos momentos. 

También, y de nuevo para Verso, llevamos registrado un cedé y medio de Gerardo Gombau. Tiene mucha obra y no podíamos grabarlo todo así que he tenido que seleccionar. En los discos habrá una primera parte hasta las Siete claves de Aragón y la segunda parte contempla el inicio de su periodo serial que arranca con el Scherzo para voz y orquesta de cámara que lo canta mi mujer, la soprano Carole Sidney Louis. Entre un periodo y otro no hay ninguna obra de peso. Esto también debe salir para comienzos del Otoño.

Por último tras el verano grabaré otro disco con la Orquesta Nacional de España centrado en la obra de la segunda época de Rodolfo Halffter,  ocupándonos de sus composiciones dodecafónicas. Creo que por encima de que este repertorio sea más comercial o menos hay que documentarlo. Lo que no puede continuar existiendo es un desconocimiento tan grande sobre nuestro patrimonio musical. Por eso mismo también voy a registrar con la Orquesta de la RTVE obras de Salvador Bacarisse. No es una música que yo necesariamente haría en concierto pero grabarla es esencial porque informa de nuestro pasado. Los músicos de la Generación del 27 están injustamente muy olvidados. 

Y, ya acabo… tengo otro álbum pendiente que incluirá las Thiry pieces for five orchestras de John Cage que dirigi en el Festival Ultraschall de Berlín. Armando Merino está estudiando conmigo y es otro de los directores implicados en ese registro.  Con respecto a Bruno Maderna, de quien estoy grabando la obra orquestal para NEOS, en breve aparecerá el quinto volumen con los Conciertos para violín y piano. Y estoy empeñado en grabar también mi versión de sus tres Conciertos para oboe a pesar de que ya existe algún que otro registro en disco.

Advierto que su interés por documentar de manera sistemática el catálogo de compositores del siglo XX sigue incólume a pesar de, quizás, lo escasamente comercial que habitúan a ser este tipo de propuestas…

Eso depende. Xenakis por ejemplo ha sido muy comercial. Un día me llamó Stéphane Topakian, director de Timpani, asombrado porque de Japón le habían pedido 700 cedés y la edición era de sólo 600. Hay compositores que tienen mucho enganche, Xenakis es uno de ellos. Pero por encima de eso se trata de mostrar, de dar un espejo de lo que ocurrió. Por ejemplo, todo el mundo habla de Gerardo Gombau en España pero nadie conoce su música porque, sencillamente, no hay donde encontrarla. Lo mismo sucede con Manuel Hidalgo, otro claro ejemplo de buen compositor ausente prácticamente de la discografía. Confío en poder grabar un disco con sus obras Física, Al componer y Harto en 2013.

¿Qué quedó del proyecto Xenakis que dejó incompleto en Timpani?

Salieron cinco cedés y hubieran sido necesario otros cuatro para completar su integral sinfónica. El problema fue que la Orquesta de Luxemburgo cambió de director titular, de Bramwell Tovey pasó a Emmanuel Krivine, y ahí se acabó el proyecto. Pero va a salir en Super Audio CD la grabación que yo hice en 2011 en el Festival de Holanda con la Orquesta de la Residencia de La Haya de las obras espaciales Nomos Gamma y Terretêktorh. Completaremos el disco con una grabación con la RAI de la versión original de Metastasis y con la RTVE, Noomena. Esto saldrá en unos meses en Mode Records. 

Ha dirigido a algunas de las mejores orquestas del mundo, ha realizado proyectos al alcance de muy pocos maestros pero, sin embargo, nunca ha tenido la titularidad de una orquesta. ¿Por qué?

No sabría darle una explicación exacta. La libertad de la que he gozado me ha permitido realizar proyectos muy concretos, ambiciosos y que me han producido una enorme satisfacción. En el lado negativo nunca he podido realizar una programación a largo plazo. Pero a pesar de mi carrera internacional en España nunca me han querido para darme tal responsabilidad. La única vez que tuve una cierta presencia continuada fue al comienzo de la andadura de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias en los que confeccioné interesante programas como Wagner, José Luis de Delás y Schumann u Olavide y Falla. 

Un concierto como el que ha dirigido en Málaga, con obras de Webern, Hidalgo y Schoenberg, encuentra, como ha podido comprobarse, una gran reticencia por parte del público. ¿Le inquieta esto?

Ese no es mi problema, es una cuestión de la falta de hábito y de exposición a la escucha de estas músicas. Y eso a pesar de que muchos de los que acudieron sabían perfectamente qué venían a oír. Por ejemplo, tal y como me indicó el gerente de la Orquesta de Málaga, “los que gritaron bravo eran los fieles del Ciclo de Música Contemporánea”. Para ellos este concierto fue un acontecimiento. Pero creo que la OFM debe seguir en esta línea, echarse para atrás, achantarse, es dar alas a la rutina y al aburrimiento. De todos modos creo que el principal problema de Málaga estriba en no poseer un auditorio adecuado. Si lo tuviera probablemente habría mucha mayor actividad musical y la orquesta local tendría necesariamente que buscar otros repertorios que no fueran siempre aquellos derivados del romanticismo. Es lo que pasa en Madrid con la Orquesta Nacional: Se ha vuelto más audaz en sus programas porque ya pasan por el Auditorio Nacional algunas de las más grandes orquestas del mundo para tocar a Schumann, Brahms y Beethoven, por ponerle un ejemplo. 

¿Qué compositores actuales le incomodan?

No diría eso, pero sí que es cierto que hay creadores con cuya música no me identifico. Es una cuestión de afinidades electivas. Hay compositores que pueden ser interesantes pero no te llegan. Por ejemplo una personalidad que yo jamás he comprendido es la de George Crumb. No digo que su música sea mala pero no me es afín. Así que si un día tengo que dirigir una partitura suya lo haré lo mejor que sea posible. Pero uno tiende a dirigir músicas que encuentra cercanas. 

Por ejemplo, si hablamos de la vanguardia norteamericana, conocí y trabajé con tres de los cuatro grandes de la Escuela de Nueva York: John Cage, Morton Feldman y Earle Brown, no así con Christian Wolff. Conocerles e intercambiar ideas con ellos me marcó mucho y  siempre me parecieron unos creadores maravillosos, unas personalidades de excepción. Hay otros en ese grupo, muy buenos compositores, sin más. Pienso en Steve Reich y en Philip Glass, cuya música me parece demasiado primitiva, o en Terry Riley y LaMonte Young. Para mí estos dos últimos son figuras históricas, inolvidables, pero el valor de sus obras me parece menor. 

A pesar de toda la música de hoy que ha dirigido seguro  que continúa teniendo algunas obras pendientes que le gustaría abordar y que todavía no ha encontrado ocasión…

Así es. Por ejemplo, la Pasión según San Lucas de Penderecki. No soy muy afín a la obra del maestro polaco, pero esa obra tiene un gran valor histórico y además es muy  interesante musicalmente hablando. También le confesaré que llevo años queriendo hacer el siguiente programa: en la primera parte, la cantata Le visage nuptial, de Pierre Boulez; en la segunda, Como una ola de fuerza y luz, de Luigi Nono. Hubo una vez un proyecto con la RTVE, pero no llegó a cuajar. Y con la crisis creo que un programa como este es imposible de poner en pie. 

Aquí estamos hablando únicamente de música contemporánea pese a que su repertorio es amplísimo. Sin embargo se le considera un ‘especialista’ de la música actual. ¿Le molesta esto?

Es curioso. Mi primera grabación fue con los Conciertos para viento de Weber, sí, sin la 'n'. No Webern, Weber. En el mundo del arte el encasillamiento en un apartado o en otro está a la orden del día. Recuerdo una anécdota de cuando Pierre Boulez eligió como su sucesor al frente del Ensemble Intercontemporain a David Robertson y algunas voces salieron a decir alarmadas que Robertson había dirigido bastante Rossini. Boulez las acalló diciendo: “Si sabe hacer bien Rossini sabrá hacer muy bien música contemporánea”. ¿Soy un especialista? No me considero así. Pero… ¡qué le vamos a hacer! Yo he hecho un repertorio enorme y tengo intención de continuar haciéndolo. Ahora bien, en mi país, he elegido voluntariamente asumir un papel de defensor de los compositores de los siglos XX y XXI porque creo que puedo ser más útil en este sentido. Y, en cualquier caso, siempre en mis conciertos cuido que al menos haya una obra contemporánea, que no tiene necesariamente que ser un estreno. 

Uno de los compositores con los que también trabajó en obras importante fue Karlheinz Stockhausen. ¿Qué recuerdo guarda de él?

Yo había hecho Gruppen en cinco o seis ocasiones antes del estreno en España de la obra en 2008 en el Auditorio Nacional de Música. Era una persona encantadora y enormemente singular. Ahora bien, como algo no funcionara, sobre todo si él antes había advertido que iba a ir mal, se ponía furioso. Tampoco aceptaba compromisos, él componía conforme al dictado de su inspiración y no le gustaba nada tener que atender fechas exactas ni tiempos concretos para entregar partituras. 

¿Qué opinión le merecen los compositores neotonales, posmodernistas y, en fin, quienes predican una vuelta a maneras compositivas propias del pasado?

A mí lo que es pos... no me han interesado nunca. Si acaso Rihm. Pero claro, Wolfgang Rihm es una personalidad de mucho peso. Nadie ha sabido encuadrarlo. Y yo personalmente siempre he visto en él la rigurosidad del serialismo dentro de su enorme libertad creativa. Realmente lo importante es la personalidad de la música. Por ejemplo a Manuel Hidalgo es imposible adjudicarle una estética concreta. Ahí reside parte de su fuerza. Uno comienza a escuchar una obra suya y rápidamente es capaz de decir: “Eso es Hidalgo”. Generalmente en los compositores neo, pos… o cómo queramos referirnos a ellos, esto no sucede porque sus estilos son unos meros remedos de páginas del pasado. En ocasiones pueden alumbrarse hasta muy buenas copias. Pero son, eso, copias. Verdaderamente no conozco ninguna pieza de valor que no mire al futuro.

De otro lado también hay compositores que, asidos de la mano del término vanguardia, buscan epatar a toda costa…

Sí, los hay. Pero epatar epatan muy pocas cosas hoy. Por ejemplo Stockhausen, en Michaelion [ver aquí el vídeo del estreno], última escena de Mittwoch aus LICHT, contempla la aparición en escena de un ¡camello borracho! Pero hay que perdonarlo tratándose de él. Era un hombre que podía llegar a ser profundamente ingenuo en ocasiones. Un célebre compositor y director de orquesta dice que Stockhausen tenía “humor de campesino”. Pero provocar hoy día, recalco esto de hoy día, es algo tan difícil de lograr como el humor en la música. Cuando un compositor anuncia que ha escrito una música muy divertida generalmente resultará muy aburrida. Sí que hay en cambio partituras que albergan detalles irónicos que se mantienen muy bien y que uno sonríe siempre al escucharlos. En esto Igor Stravinsky era un maestro. 

Nos referíamos antes a compositores que no eran de su interés pero, ¿alguna vez lo ha pasado mal dirigiendo una obra contemporánea?

En mis años de galera sí. Hay conciertos a los que iba solamente porque era yo el que los dirigía. Hoy día si la obra no me interesa nada no asumo el compromiso de interpretarla. Hay piezas a las que rápidamente se le ven las costuras y los límites, que son cortas de expresión y carecen de futuro. He hecho muchas veces las Notations de Boulez y cada vez que las pongo en el atril descubro algo nuevo. ¡O Erwartung, que acabo de dirigir en Malaga, cien veces que la dirija cien veces que me asombraré con todo lo que hay escrito en ella!

¿En qué orquestas españolas le podremos ver durante la próxima temporada?

En noviembre dirijo a la Orquesta Ciudad de Granada con un programa formado por la Pastorale d’été de Honegger, la orquestación del Cuarteto de cuerdas nº2 de Schoenberg y, en el medio, un estreno de José María Sánchez-Verdú para voz y orquesta que interpretará Carole Sidney Louis. Y en abril de 2013 haré con la Orquesta Nacional de España un concierto en torno a Friedrich Cerha con sus pieza Spiegel VI y el Concierto para percusión –con Juanjo Guillém como solista- más Índices de Gonzalo de Olavide y Amériques de Edgar Varèse.

Y en el exterior sus proyectos son aún más ambiciosos…

Tengo bastantes cosas pendientes. Posiblemente haré Prometeo, de Luigi Nono, en Varsovia, Gruppen, de Stockhausen, en Essen y un programa Xenakis orquestal en Buenos Aires.

25 abr 2012

Luigi Nono, 'A floresta...' Operadhoy 2012. (Teatros del Canal. Madrid, 19/04/12)

Ensayo de A floresta. Foto: Operadhoy

En un contexto socioeconómico en el que parece prácticamente imposible plantear retos culturales de auténtico calado Musicadhoy Operadhoy ha vuelto a hacer realidad el objetivo de ir más allá de lo convencional planteando la recuperación de una de las obras maestras de Luigi Nono acaso algo eclipsada por títulos mayores del veneciano. A floresta é jovem y cheja de vida (La selva es joven y está llena de vida) es una ópera o acción escénica si acuñamos el término con el que posteriormente el músico se referirá a sus últimas propuestas de teatro musical que configura una de las obras más sólidas de su segunda etapa. 

Virulentamente contestataria, agresiva y vociferante, con una presencia protagónica de las cintas, A floresta es también, lo que puede ir en su contra, una composición claramente datada. La ideó Nono en 1966 y durante su audición ningún oyente atento puede dudar de que estamos ante una partitura de cuando ciertos vanguardistas creyeron firmemente en la capacidad redentora a la par que agitadora de sus trabajos. Luego llegaría el abrazo de la filosofía en demérito de la política, la constatación de la utopía y con todo ello los silencios de, sin dejar Nono, Prometeo o Hay que caminar, soñando… Pero esa es otra historia.

El desaparecido e histórico Festival Internacional de las Artes 'Sibila' de Sevilla propició en 1997 el estreno de A floresta en España. Fue en el Teatro Central y contó con un elenco formado por percusionistas de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (entre ellos Iñaki Martín y Gilles Midoux) y miembros de la Orquesta Joven de Andalucía. De aquella función sólo guardo el impacto emocional, no la valoración mesurada de lo que supuso en lo puramente interpretativo aquel acontecimiento histórico. Pero consta en las crónicas del concierto el agrado con el que lo aplaudió Nuria Schoenberg Nono, presente en aquella sesión.

Quince años después A floresta ha vuelto a sonar en España. En esta ocasión en el escenario de la Sala Verde de los polivalentes y feúchos Teatros del Canal madrileños. Durante dos sesiones ha constituido la propuesta estrella del ciclo Operadhoy 2012, también la más personal de cuantas presenta, por cuanto que su puesta a punto responde a la iniciativa de Xavier Güell y de su equipo de ahondar en el Universo Nono en el que llevan varios meses inmersos y que tiene un antecedente memorable en su historial (la función de Prometeo en el Teatro Monumental en 2003). 

Decíamos, todo es radical en A floresta. Comenzando por su mismo fondo ideológico Fue dedicada al Vietcong cuando se estaba gestando la catástrofe de Vietnam con su sucesiva guerra, pero quiso también inspirar los movimientos de liberación en África y América Latina. Días antes del estreno, el dramaturgo Rodrigo García, firmante de la puesta en escena, afirmaba al suplemento Babelia de El País que, para él, “La selva es joven... tiene vigencia como universo sonoro; en cambio, su tema, el contenido, lo veo como parte de la historia y no me voy a ocupar en hablar de eso". Acierta el bonaerense en describir la obra en términos de ‘universo sonoro’, porque A floresta es, durante muchos momentos, un espacio (¿in?)habitable en el que Nono nos invita a dejarnos sacudir por el entramado de gritos y discursos alterados electrónicamente  que braman desde los altavoces. El músico volatiliza la semántica consciente quizá de que así sus temas se convierten en eternos. Y, escuchada hoy, A floresta, si se quiere, puede servir como llamada a la reflexión primero, a la rebelión después, ante un orden que se empeña en negar y ahogar a la sociedad a la que asegura servir.

Rodrigo García, por el contrario, no ha debido entenderlo así. Y se empeña durante cerca de cuarenta minutos que parecen el doble, a razón de un prólogo y un epílogo únicamente teatral –la obra musical se inserta en medio a modo de bocadillo- en regurgitar con una incontinente y muy adusta verborrea marca de la casa lo que Nono nos dispara magistralmente después en forma de latigazo sonoro. Nunca llegaremos a entender el predicamento del que goza García en los círculos reflexivos de la modernidad. Apreciamos la crudeza y buen hacer de su equipo actoral, pero su aporte a estos pentagramas nos parece insustancial en lo visual, ingrato en lo concerniente al vestuario, torpe en lo literario y directamente inadmisible en su ya conocido recurso al maltrato animal en sus presentaciones (aquí caracoles y gusanos). De acuerdo que su soflama no atenta contra el corazón espiritual de A floresta, pero lo explicita ineptamente incurriendo en muchos tics del teatro experimental, ese contra el que el propio dramaturgo lleva años disparando... en vano. Porque él mismo forma parte de la caterva de vendedores de humo intelectualizado, cocineros de diseño, poperos con pretensiones, poetas destroyers, teatreros urbanitas y creadores neo en general a los que con tanto ahínco critica.

Si antes ciframos en términos elogiosos la producción propia de este título de Nono auspiciado por Operadhoy lo hicimos en base a sus soberbios resultados musicales. Acallado el engrudo textual del preámbulo, A floresta se desplegó ante un auditorio que vivió la audición entre el pasmo y el desasosiego. Al frente del espacio sonoro y la electrónica, André Richard, estrechísimo colaborador del compositor, realizó una versión concentrada y brutal de todas las esencias que guarda la obra. Mucho más abrasiva que la confeccionada por Gerard Pape en el cedé que alberga la obra en el sello Mode Records, Richard, por contraste con la más musical y musitada Lontananza… que realizó a la par con Irvine Arditti en enero en el contexto de la inauguración de Musicadhoy 2012, hilvanó una colección de estallidos sobrecogedores que parecían ubicar al auditorio en una trinchera de guerra.  
 
En evidente coalición con Richard, el pianista Marino Formenti dirigió al conjunto vocal e instrumental con idéntica premura y agitación en sus aportaciones. Destacaremos los escalofriantes chillidos de la soprano coloratura Jihye Son y los salivales armónicos del clarinete de Carlos Gálvez. El trío actoral que nos aburrió con la Selva de García nos convenció plenamente como recitadores/actores de la Selva de Nono, singularmente Juan Loriente y Núria Lloansi, absolutamente implicados con la fonética escritura del veneciano y poseídos también por el retorcido clima dramático ideado por Richard y Formenti para esta recreación de A floresta. Tras ellos, el cada vez más valioso grupo Neopercusión atizó y rasgueó las planchas de metal sin descuidar nunca su diálogo con el resto del entramado sonoro de esta sensacional y tristemente vigente obra.


16 abr 2012

Friedrich Cerha, 'Und du...', 'Verzeichnis', 'Für K'





















Friedrich Cerha (1926-)
1.- Und du... 39:13
2.- Verzeichnis 09:23
3.- Für K 17:00

Audición: Für K

Hay discos que, tan pronto se publican adquieren cariz de documento. La música del austriaco Friedrich Cerha (1926) se está beneficiando en los últimos meses de una inesperada atención por parte de sellos de la órbita germana. A los aportes realizados en el pasado por Col Legno, ECM y Wergo hay que sumar la línea de monográficos que viene dedicándole Kairos, entre ellos un esencial doble cedé con la colección de masivos frescos orquestales Spiegel I-VII (1972), enciclopédico trabajo sinfónico que resulta esencial para comprender el devenir de la música de vanguardia centroeuropea.

Ahora, cuando el sello ya anuncia un nuevo disco con dos obras relativamente recientes –el Concierto para percusión (2007-08) e  Impulse (1992-93)- recuperamos una reciente novedad que, sugeríamos líneas atrás, se trata de un álbum que aquilata una creación impensable (por su compromiso, por su aristado ensamblaje de materiales…) en el momento actual, fuertemente datada a la par que radicalmente viva, la vasta composición –casi 40 minutos- Und du… (1963) (Y vosotros…), obra maestra infernalmente densa –apocalíptica puede leerse en algunas reseñas-, propia de un momento estético muy concreto –Escuela de Darmstadt-  y que se alinea con algunas de las primeras y balbuceantes obras en las que el diálogo instrumental con aparataje electrónico cobró una importancia nunca antes imaginada. Píensese que Mixtur, de Karlheinz Stockhausen, es sólo un año posterior y que esta comparte con la referida la técnica de la modulación en anillo.

La guerra nuclear, la vida amordazada entre las paredes de un bunker y la tragedia de Hiroshima son los tres asuntos interconectados que aborda Cerha en Und du… El oyente poco familiarizado con los lenguajes musicales abiertamente experimentalistas podrá censurar que toda la obra evoluciona presa de su abigarrado ensimismamiento. No equivaldría semejante juicio a haber comprendido la creación en toda su magnitud. Del mismo modo en el que gritan las obras políticas de Luigi Nono (A floresta, Al gran sole, Intolleranza 1960…), esta del austriaco utiliza los recursos de la vanguardia para recrear una realidad angustiosa y brutal sobre la que vierte un clarísimo mensaje reivindicativo.

Friedrich Cerha
La audición de una obra como Und du… en concierto se nos antoja hoy prácticamente impensable, por lo que el disco se convierte en soporte de excepción para conocer una partitura que nos llega en la grabación que se hizo con motivo de su estreno a cargo de la ORF Radio-Symphonieorchester Wien dirigida por el propio compositor. Su descarnada sonoridad y el fantasmagórico sonido que transita la obra en determinados instantes eriza el vello en una audición sosegada, tal es el poder de impacto de una pieza que resulta difícil de compartimentar. ¿Arte radiofónico  -fue encargada para ser interpretada y difundida a través de este medio- o arte sonoro? A nosotros nos parece que, en todo caso, está más cerca de los procesos de collage y ensamblaje de materiales tan caros a los universos de Bernd Alois Zimmermann y Luciano Berio aunque con una inequívoca personalidad propia. Sonido orquestal, cintas, pasajes instrumentales cuasi camerísticos, voces habladas y cantadas, Und du… desarrolla una música que, en todo momento, parece al borde de  una explosión que nunca se concreta, tal es su desaforado dramatismo en cuyo calado la transformación de la electrónica tiene mucho que ver.

Sumidos aún en el impacto causado por la audición, todavía el álbum de Kairos reserva momentos de interés. Lo que viene a demostrar -…si acaso quedaran dudas…- que el tercer acto de la ópera Lulu de Alban Berg completado por Cerha ha eclipsado injustamente su quehacer como autor, ensombreciendo su catálogo. De no haber sucedido así, la musicología hoy saludaría creaciones como Spiegel y Und du… con el mismo nivel de valía que se le adjudican a los trabajos de los nombres mayores de la música de la segunda mitad del siglo XX.

Verzeichnis (1969), para 16 voces, -aquí a cargo del ORF Chor en una grabación de mejorable calidad / otra versión, diferente, puede escucharse en YouTube- es una composición basada en la lista nominal de brujas quemadas en la hoguera durante el siglo XVII en Würzburg (Alemania). Y aunque en ella Cerha no vaya mucho más allá de una cierta acumulación de técnicas vocales complejas que sacrifican cualquier indicio emocional, es esta una partitura coral –sobra decirlo, nunca interpretada- que reserva momentos de interés muy superiores al de la gran mayoría de la moderna música coral del orbe nórdico/báltico que goza de una relativa mayor difusión y abrazo de los conjuntos especializados, algo que achacaremos al relajo de un discurso que, antes que mirar hacia adelante, se nos antoja regresivo y claramente neo (cítemos al respecto a los Rautavaara, Törmis, Vasks, Silvestrov, etc…)

Puestos a especular, si el conjunto 'die reihe' no hubiera existido (aún mantiene la actividad), hoy la ciudad de Viena no sería uno de los epicentros de la modernidad musical donde esta se difunde con aparente normalidad pese a la contundencia con la que impregnan su vida cultural los grandes nombres del pasado. Cerha fundó este grupo en 1958 y su intensa actividad en Austria durante más de tres décadas permitió dar a conocer toda la música de la Segunda Escuela de Viena e innumerables estrenos absolutos.

Escultura de Karl Prantl
Grabada y escrita en 1993, la obra que concluye el disco, Für K fue compuesta para el 70 cumpleaños del escultor Karl Prantl. Tratándose de una pieza más cercana en el tiempo, no se acusa en ella por fortuna ningún desgaste del lenguaje.  Estructurada en dos movimientos y escrita para un conjunto que comprende siete instrumentos de viento, piano, tres percusionistas, viola y violonchelo, la obra, que conduce admirablemente a die reihe el propio Cerha, es deudora del lenguaje adquirido durante las décadas de los 60-70. Acaso, eso sí, todo sucede en ella a un ritmo más vertiginoso, como si el músico quisiera iluminar aquí y allá los diversos episodios tímbricos que propone la partitura dentro lo que, nos parece, un trasunto del rotundo trabajo escultórico de Prantl, llevado al pentagrama.

29 mar 2012

Chorro de Luz. Descarga los programas (XIX)


Con frecuencia irán apareciendo enlaces para descargar el programa dedicado a la música de vanguardia Chorro de luz, que cada lunes a las 17.00h (y domingo en su repetición a las 21.00h) se emite en directo en Radiópolis (98.4 FM en Sevilla) y también en Internet.

Chorro de luz 94 (190911)
Monográfico Michael Pisaro (II)
Selección de Hearing Metal 1, 2 y 3

Chorro de luz 95 (031011)
Monográfico 'Text-sound composition'
Henri Chopin: Hoppa Bock
Charles Amirkhanian: Dzarim Bess Ga Khorim
Lars-Gunnar Bodin: Nästan
Lars-Gunnar Bodin: Plus
Ilmar Laaban: I revolutionens snö
Bernard Heidsieck: Passe-partout 25. Sisyphe
Catherine Christer Hennix: Still life Q*
Arrigo Lora-Totino: Chiacchere

Chorro de luz 96 (101011)
Monográfico Mauricio Kagel
Playback Play
Mm51

Chorro de luz 97 (171011)
Monográfico Tom Johnson
La roue (La rueda)
Infinite Melody 1

Chorro de luz 99 (071111)
Tierra y cielo / Cielo y tiera
Emiliano del Cerro: Earth Gods
Gabriel Brncic: Cielo
Tomás Marco: Campo de estrellas
José Manuel Berenguer: Mu

Chorro de luz 100 (141111)
Alrededor de 'Le Grand Macabre' de György Ligeti (I)
Aventures
Nonsense Madrigals
Mysteries of the Macabre
Le Grand Macabre (fragmento)

Chorro de luz 101 (211111)
Alrededor de 'Le Grand Macabre' de György Ligeti (y II)
Le Grand Macabre (fragmento)
Tres piezas para piano
Diez piezas para Quinteto de viento
Hungarian Rock
Continuum

Chorro de luz 102 (051211)
Novedades discográficas
Ghédalia Tazártes: Ave María y Ante-Mortem (fragmento)
Steve Reich: Dance patterns
Eliane Lillios: Backroads
Morton Feldman: Structures for orchestra
Luc Ferrari: Fragments d’un journal intime
Koji Asano: Polar parliament (fragmento)

Chorro de luz 103 (121211)
Entrevista con Fabian Panisello
Hoquetus (Cinco piezas métricas)
Movimientos para piano y orquesta
Aksaks (2º movimiento)
Tengro frío (Libro del Frío)

Chorro de luz 104 (261211)
Beat Furrer: Spur
György Kurtág: …quasi una fantasia… op. 27/1
John Cage: TWO3 for shô and conches
Beat Furrer: Xenos

Chorro de luz 105 (020112)
Salzburg Biennale 2009 (y II)
Klaus Huber: Kammerkonzert “Intarsi”. In memoriam Witold Lutosławski
Toshio Hosokawa: Landscape V
Franck Christoph Yeznikian: Harnischstriemen (Faltenachsen)

Chorro de luz 106 (090112)
Ivan Wyschnegradsky: Arc-en-ciel II
James Dillon: String Quartet No. 6
Simon Steen-Andersen: Double up
Alberto Posadas: Del reflejo de la sombra

Chorro de luz 107 (160112)
Donaueschinger Musiktage 2010 (y II)
Philippe Manoury: Stringendo
Georg Friedrich Haas: limited approximations

Chorro de luz 108 (230112)
Entrevista con Eduardo Maestre
Presentación del Ensamble Nueva Música
Philip Glass: Floe (Glassworks)
Steve Reich: Eight lines
Michael Nyman: Prospero's book (fragmento)
Yann Tiersen: Comptine d'été n°3

Chorro de luz 109 (060212)
Stefano Scodanibbio. 'In Memoriam' (1956-2012)
Oltracuidansa (fragmento)
Julio Estrada: Yuunohui'yei'nahui
Terry Riley: Tritono
Brian Ferneyhough: Trittico per G.S.
The voyage never ends (fragmento)

Chorro de luz 110 (130212)
Novedades discográficas
Bruno Maderna: Amanda
Pierre-Alain Jaffrennou: For three
John Cage: Etude Austral XXIV
Jamilya Jazylbekova: Le refus de l'enfermement IV

Chorro de luz 111 (200212)
Novedades discográficas
Terry Riley: Aleph (fragmento)
York Höller: Horizont
David Lumsdaine: Big Meeting (fragmento)
Alvin Curran: Canti e Vedute del Giardino Magnetico (fragmento)

Chorro de luz 112 (050312)
Nueva Creación Sinfónica Española (I)
José Zárate: Veloce (Concierto breve)
Eneko Vadillo: Usul
Ramón Lazkano: Mugarri
Iluminada Pérez Frutos: Nacencia

Chorro de luz 113 (120312)
Nueva Creación Sinfónica Española (II)
Jesús Rueda: La Tierra
Nuria Núñez: La fragilidad del equilibrio
Félix Ibarrondo: Espiral
Manuel Moreno-Buendía: Concierto para flauta (2º movimiento)

Chorro de luz 114 (020412)
Nueva Creación Sinfónica Española (y III)
Alberto Posadas: Resplandor
Enrique Igoa: Pórtico de la quimera
Fernando Buide: Paisaxe suspendida

2 mar 2012

John Cage, 'Etudes Australes'


John Cage (1912-1992)
I-XXXII.- Etudes Australes 260:54
Sabine Liebner, piano.

“You have to hear what is there and not what you expect to hear”, J. Cage

Audición: Etude XVI


Que la pianista Sabine Liebner acabara abordando los Etudes Australes  (1974-75) era una consecuencia previsible tras todo el intenso trabajo que en los últimos años ha venido realizando alrededor de la obra de John Cage. Y no sólo, pues por el camino también han aparecido discos centrados en otros nombres esenciales de la denominada Escuela de Nueva York como Morton Feldman, Christian Wolff y, muy recientemente, Earle Brown. En cualquier caso, Liebner viene a sumarse a la nómina de pianistas que, con gran fortuna, llevan años adentrándose en estos procelosos territorios, caso del prolífico y siempre referencial Steffen Schleiermacher y los norteamericanos Stephen Drury y Marilyn Nonken.

Hace unos años parecía imposible que ningún otro intérprete pudiera hacer sombra al citado Scheleiermacher (cuya integral cageana ha sido reeditada recientemente en MDG) entre otras razones porque parecía poco probable que otros músicos transitaran en profundidad este repertorio. Liebner en ningún momento ha afirmado querer grabar todo el catálogo pianístico de Cage pero… va camino de ello. En el año 2010, ASLP (as slow as possible) y One-One2-One5 centraron dos cedes ejemplares, de una radicalidad en los planteamientos interpretativos sin parangón. En el mismo sello, NEOS, tres años antes, había publicado la amplia Music for piano 1-84, una colección de gran desnudez y parquedad en medios cuya versión no logró desbancar del podio a la más concisa, apretada y fría de Schleiermacher.

En el marco del Forum Neuer Musik organizado por la Deutschlandfunk en Colonia, Liebner interpretó [ver vídeo del encuentro aquí], entre el 7 y el 10 de abril de 2011, los 32 Etudes Australes a razón de un libro por sesión. El autor de estas líneas pudo estar presente únicamente en la segunda jornada. Contemplar durante 65 minutos a la pianista alemana desgranar sin pausa, con una digitación sobresaliente, evidenciando una casi dramática concentración en los pentagramas, cada uno de los ocho estudios (IX-XVI) del libro segundo supuso un shock musical, cultural, estético si lo quieren, de enorme calado. Allí mismo, tras el recital, la intérprete confirmó que la publicación de este álbum acaecería pocos meses después.

Sabine Liebner
Estaremos de acuerdo en que el afán de relacionar la música con el espacio sideral no es nuevo. Sin salir de los márgenes que dictan los intereses de este blog, compositores como Stockhausen (Tierkreis, Sirius), Xenakis (Pleiades), Ligeti (Atmospheres) y Grisey (Le noir de l’Étoile) se aprestaron a ello. Pero ninguno como John Cage supo, asido a la modestia de una partitura estrictamente pianística, sugerir al oyente una visión tan palpable y fascinante de las estrellas. El intento por captar con sonidos esta estampa ya estaba presente en Atlas Eclipticalis (1961) –para uno u 86 intérpretes, de duración global indefinida-, obra en la que trasladó a una partitura la imagen en negativo de un mapa celeste y, de acuerdo con las coordenadas de las estrellas, otorgó la altura de las notas: el brillo lo transpoló a la intensidad musical y la dimensión de los cuerpos la transmutó en la duración del sonido.

Una cita del propio Cage sobre la intención estética de sus Etudes nos parece absolutamente reveladora del contenido de estas cuatro horas largas de música: “No existe en la obra ningún sistema de relación entre las notas, tampoco hay tonalidad. Sólo hay acordes. Acordes que son inesperados e imprevisibles. Cuando estos suenan nos llegan cargados de una enorme frescura, como si perennemente los estuviéramos escuchando por primera vez” (J. Cage citado por R. Kostelanetz, booklet Wergo cd, Grete Sultan plays Etudes Australes).

Los Etudes Australes forman parte de un ciclo de obras excepcionalmente difíciles –para el intérprete, para el oyente…- como son los Freeman Etudes (1977-1990) para violín y  los Etudes Boreales (1978) para violonchelo y/o piano. Fue a petición de la pianista Grete Sultan, amiga personal de Cage, como el compositor accedió a crearla. Cuando supo que la intérprete andaba enfrascada en la preparación de su Music of changes, el músico consideró que no era elegante ni apropiado que una señora de la avanzada edad de Sultan tuviera que golpear con las palmas de las manos y una macilla el arpa del piano.

John Cage y Grete Sultan
Con la ayuda del I Ching, Cage concibió, lejos de una página asequible, el más difícil todavía, una serie de 32 piezas, redactadas de forma aleatoria con notación convencional y  que funcionan como dúos para dos manos independientes que demandan una preparación muy específica por parte del intérprete.  También recurrió al Atlas Australis, un atlas del cielo que había adquirido en Praga en 1964. La partitura no contiene indicaciones para las dinámicas de ataque y de decadencia, no hay barras de compás, tampoco referencia alguna al uso o no del pedal, decisiones que pone Cage en manos del ejecutante.

A Sabine Liebner los cuatro libros le duran 260 minutos, un tiempo notablemente superior a los 204 minutos que tarda Schleiermacher en despachar la serie o los 169 minutos de Sultan, con quien por cierto conversó la protagonista de este registro de NEOS en 2005 pocos meses antes del fallecimiento de aquella. “He reflexionado mucho sobre los Etudes Australes y, al final, los contemplo como un paisaje por el cual el pianista puede viajar a través de sí mismo”, dice en la carpetilla del cedé.  Sin embargo, Liebner no pasa de puntillas por estas partituras, no las contempla de manera global, cada estudio es una parada diferente en su viaje. De esta manera comprendemos la morosidad con la que aborda una obra ante cuya audición no cabe más que el abandono a la pura contemplación, casi al recogimiento.

Liebner es una pianista de técnica y repertorio abrumador, una (re)creadora  que sabe que, en el vaivén entre el sonido pianístico y el silencio anida una de las mayores bellezas del universo Cage. Su sensibilidad poética, su firmeza en la defensa de una música de cuyo valor e importancia es plenamente consciente y la aparente facilidad con la que demuestra, ante retos interpretativos como estos Etudes, que lo imposible es posible, la ubican como un nombre ya esencial, clave, para comprender y abrazar una facción de la música más avanzada. En este año 2012 en el que se celebra el centenario del nacimiento del autor de las Europeras es de esperar que vean la luz numerosas grabaciones monográficas (al hilo de esto el sello Mode acaba de editar el volumen 44  de su Cage Edition con las obras Five, Seven y Thirteen a cargo del conjunto Essential Music) pero este cuádruple compacto que edita Wergo podría ser un temprano candidato –por contenido, ejecución, toma de sonido, presentación- a disco avantgarde del año. 

 Audición: Etude XXXII