17 may. 2011

Franck Bedrossian, 'Manifesto'




















Franck Bedrossian (1971-)
1.- It pour sept instruments (2004-07) 14:58
2.- La solitude du coureur de fond pour saxophone alto (2000) 6:12
3.- Tracés d'ombres pour quatour à cordes (2005-07) 10:55
4.- Manifesto pour huit instruments à vent (2008) 6:48
5.- Bossa Nova pour accordéon (2008) 7.32
6.- Propaganda pour quatour de saxophones et électronique (2008) 8:00
Ensemble 2e2m. Pierre-Stéphane Meugé, saxofón.
Pascal Contet, acordeón. Quatour Habanera. Pierre Roullier, director.
AEON (1106)
Distribuye en España: Diverdi

Audición: Propaganda (2008)


En este espacio de la red venimos defendiendo en múltiples textos que la vanguardia  dista mucho de ser un cadáver. El término es de plena actualidad, se regenera y se bifurca por innumerables senderos. Otro tema es que el foco de quienes rigen y mercadean con el arte se haya vendido al mejor postor a favor de la difusión del panfleto social de qualité (acúdase a cualquier feria de arte contemporáneo para comprobarlo) antes que a lo puramente creativo, menospreciando aquel famoso y siempre reivindicable axioma l’art pour l’art.  Asunto distinto es también que la vanguardia, cuando nace en pleno siglo XXI, no tiene ese fervor dogmático de antaño, aunque sí su marchamo de resquebrajamiento con lo anterior, de proponer algo verdaderamente nuevo (o casi).

Por fortuna la música, por sus características inherentes, se ha venido manteniendo algo más ajena a la sublimación estilística de los titulares de los periódicos (hay excepciones, caso de las muy poco interesantes propuestas en este sentido de compositores como John Adams, María de Alvear o Mark-Anthony Turnage, entre otros muchos) en beneficio de la concentración en el puro y abstracto material sonoro, del que pueden extraerse infinitas intertextualidades cuando el creador es habilidoso. 

Viene a colación lo anterior de la fundación, sin fecha definida ni manifiesto mediante, de la ‘música saturada’, denominación a la que se adscriben, con militancia más o menos vehemente, autores como el que nos sugiere estas líneas y mentor estético Franck Bedrossian (París, 1971), Raphaël Cendo (París, 1975) –el más radical practicante, oígase por ejemplo Décombres (2006)-, Yann Robin (Courbevole -France-, 1974) y Dmitri Kourliandski (Moscú, 1976). La lista podría incluir más nombres (como, puntualmente, el desaparecido Fausto Romitelli y su, por más que errático, profético Professor Bad Trip) pero su filiación con esta escuela sin sede y sin decálogo aparente es más dudosa, por lo que no procede su enumeración aquí. 

Para conocer en profundidad todo lo que atañe al concepto de música saturada es de referencia el estudio, disponible en castellano en la revista digital Espacio Sonoro, del artículo El bello arte del ruido: La saturación en la música contemporánea en los últimos 20 años, debido al musicólogo Germán Alonso. Sí señalaremos cómo la saturación como concepto estético protagónico de un ideario bebe de principios tomados del futurismo, la música concreta, las nuevas técnicas instrumentales introducidas por Helmut Lachenmann, el espectralismo post-Murail, y a juicio del citado Alonso, también la música popular. Es en este punto donde disentimos, ya que si bien, y tal y como  se encarga de citar, nombres como los de Pink Floyd y The Beatles -con su sobrevalorado White album- pueden resultar precedentes más o menos obvios,  hay otros cuyo impacto sobre los imaginarios de Bedrossian & Cía nos parecen aún más evidente. Piénsese directamente en propuestas ajenas a la esfera pop y centradas en el noise experimental de artistas como Merzbow, Whitehouse o Daniel Menche, para seguir la pista al virulento sudor que emanan las partituras instrumentales de los compositores que nos ocupan.

El sello francés AEON parece llamado a erigirse en defensor de las propuestas de estos enfants terribles de la música actual. Acaba de salir al mercado un monográfico Bedrossian, en 2012 aparecerá otro consagrado a Räphael Cendo y para 2013, el miembro más joven, Dmitri Kourliandski también contará con tarjeta de visita. A Bedrossian el discófilo ha podido venir siguiéndole la pista desde tiempo muy reciente. El -no sabemos si fenecido- sello galo Sismal Records publicó en 2008 un cedé que contenía cinco obras ejemplares para penetrar en la música saturada de Bedrossian. Ahí estaban Charleston (2007) en una magnífica lectura del exquisito Ensemble L’Itineraire y la aguerrida y generosa en decibelios Transmission (2002) para fagot y electrónica en otra portentosa interpretación de Brice Martin. 

Poco después, el pasado año, NEOS dedicaba el segundo volumen de su repaso anual al Festival de Donaueschingen a tres compositores: Franck Bedrossian, Raphaël Cendo y un joven norteamericano cercano a los planteamientos de aquellos dos al que convendría seguir la pista, Christopher Trebue Moore (1978). Del primero el Ictus Ensemble, dirigido por George-Elie Octors, despachaba Swing (2008), obra para once instrumentos cuyo título -al igual que el ya citado Charleston u otro, Bossa Nova (2008) para acordeón- hablan del gusto del francés por ironizar sobre diversas músicas populares partiendo de mínimos planteamientos rítmicos coincidentes que son deformados y desviados ahogándose así la posible referencia en un océano acústico denso y, a menudo, impenetrable.

Afirma Omer Corlaix en las notas del disco que reseñamos de AEON que “la música de Bedrossian integra la energía sonora de un Edgar Varese con el gesto sonoro del free-jazz”. Como puede intuirse, dado lo novedoso del material y su reivindicación como invención propia, no existe consenso meridiano al respecto del cóctel que se agita bajo el paraguas de música saturada (donde la tímbrica, la textura y la dinámica aparecen comprometidas por una intención compresiva). El compositor francés asegura que sus principales referencias son, no por sorpresa, sus principales maestros: Gérard Grisey –con quien estudió en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París- y Helmut Lachenmann –con quien coincidiría durante una residencia en Hamburgo en la academia del Ensemble Modern-.

Bedrossian, al igual que el célebre compositor alemán, pone en solfa la cuestión del sonido bello que ha sustentado durante siglos la música occidental. Por ello, y siempre según su punto de vista, la saturación, término que liga a ‘monstruosidad’, sirve para “ir más allá de los criterios estéticos”: “El sonido saturado proyecta una multitud de referencias culturales y emocionales. En el mundo de los sonidos la saturación corresponde con la ausencia de una idea fija y motora, distorsiona en definitiva el sonido tradicional. Ello conllevará el empleo de una notación extraordinariamente compleja que debe ser desentrañada por el intérprete y la opción, a libre decisión, del recurso a la electrónica como objeto interferente. 

En la escucha del monográfico que propone AEON salen mejor paradas las piezas para ensemble antes que las concebidas para instrumentos solistas, así como también parecen más caras a la orientación estética del compositor los conjuntos heterogéneos y, en todo caso, las familias de viento y percusión antes que, pongamos por caso, la cuerda. Es así que la pieza más decepcionante del álbum es el cuarteto Tracés d’ombres (2005-07) porque a pesar de que accelerandos y rallentandos configuran las técnicas principales de la partitura el conjunto no logra despegar el vuelo, no advirtiéndose aquí la densidad que se le supone, ni prácticamente huella alguna de una estética propia. Es como si el peso histórico del formato hubiera acabado por engullir al músico. Todo lo contrario que sucede en la obra que abre el disco, It (2004-07) y que Bedrossian emparenta en una cuasi-trilogía con CharlestonSwing.  El Ensemble 2e2m, que dirige Pierre Roullier, acierta plenamente con el juego de tensiones que despliega la partitura en sus quince minutos. La música fluye con una naturalidad que, efectivamente, parece tener ecos del free-jazz y el carácter falsamente improvisatorio de la composición incide en la insobornable capacidad de sugerencia de una obra que se nos presenta como nueva en cada escucha.

Manifesto (2008) para ocho instrumentos de viento resulta en su brevedad una  pieza emblemática por su carácter acumulativo hasta llegar a la masa sonora informe y distorsionada.  Está aquí el Varèse de Intégrales (1925) en el uso primitivista, indomable, del sonido. Lástima que Bedrossian aborte el discurso demasiado pronto y no dé alas a un mayor salvajismo sonoro en la última sección que parece pedir a gritos una desembocadura en el caos. De las dos piezas para instrumento solista -La solitude du coureur de fond (2000) y Bossa Nova (2008)- nos quedaremos con la primera de ellas, para saxofón alto, a cargo de Pierre-Stéphane Meugé. La obra, que ya se encontraba registrada en el referido disco de Sismal con otro solista, Jérôme Laran, tiene aquí una toma de sonido más óptima, muy cercana al micrófono, también una lectura menos escolástica, más desatada. El intérprete derrama cascadas de armónicos y alcanza cotas de excelencia en la distorsión del sonido, fruto de su profunda comprensión de la partitura. La segunda creación, ejecutada por el acordeonista Pascal Contet, no difiere en exceso de otros acercamientos al instrumento, más empeñados en insistir en sus concomitancias con la sonoridad electrónica que en proponer una partitura verdaderamente ambiciosa.

El cuarteto de saxofones Habanera clausura el álbum con Propaganda (2008) obra que, junto con It, justifica por sí sola la adquisición del disco. Escrita para cuarteto de saxos y electrónica, Bedrossian trabaja en el subrayado de la homogeneidad tímbrica, la elasticidad y la capacidad para metamorfosear ambos universos (el instrumental y el digital) creando sinestesias y desarrollando texturas que tan pronto entran en conflicto como se unifican sónicamente. La huella de la saturación es audible desde el primer instante en una obra que surge como un disparo y que evoluciona con una tosquedad pretendida cayendo en instantes concretos en el puro ruidismo acústico. A la vanguardia le ha salido un retoño. Aquí están sus primeros balbuceos. Toca actuar de abuelos y seguir de cerca cómo evoluciona. Ya esperamos con expectación los anunciados monográficos Cendo y Kourliandski.

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