1 sept. 2011

Eliane Radigue, 'Transamoren-Transmorten'

Eliane Radigue (1932-)
1.- Transamoren-Transmorten (1973) 67:04
Distribuye en España: Arsonal

Audición: Transamoren-Transmorten

Si aplicásemos un adjetivo proveniente del cine, Eliane Radigue (París, 1932) podría ser perfectamente catalogada dentro de la nómina de compositores “de culto”, una heterogénea, subjetiva y jamás escrita lista de la que, a bote pronto, podrían formar parte creadores sonoros como Alvin Lucier, Charlemagne Palestine, Luc Ferrari, Horatiu Radulescu o Jani Christou, por citar algunos de ellos.

En todo caso, si Radigue es una autora de culto (entiéndase, dueña de un catálogo inquietante, transgresor, radical como pocos, ajeno a escuelas, firmemente enraizado en una estética propia, escasamente divulgado, esparcido en unos cuantos sellos especializados, etc, etc...) lo es en parte por las propias caracteristicas de su música: extensas piezas electrónicas meditativas y penetrantes, oscuras casi siempre, de una profundidad abismal en la escucha, místicas en el sentido más literario del término, drone music de alta gama, con una capacidad de evocación (… y perturbación) que le es a menudo ajena a las creaciones de otros cultivadores más recientes del género.

En todo caso, los propios avatares vitales de Radigue nos hablan de una artista que pareció entrar en la música de vanguardia sin hacer ruido alguno, casi como si su música brotara única y exclusivamente de una necesidad personal de comunicación. Sus maestros fueron Pierre Schaeffer y Pierre Henry, con quienes estudió técnicas de música electroacústica entre 1957 y 1958, pero más aún marcaría su filiación con el arte su matrimonio con el iconoclasta escultor y artista plástico francés Arman (1928-2005). Luego llegaría un periodo en el que Radigue vivió a la sombra creativa de su pareja, dedicada casi por completo a la educación de sus tres hijos mientras que practicaba de una forma algo rudimentaria instrumentos como el arpa y el piano. 

Su posterior paso por los estudios de música electrónica de Iowa, Califormia y Nueva York acabarían definiendo más su personalidad creativa. En esta última ciudad compartió trabajo con la compositora Laurie Spiegel, y ambas se concentraron en la concepción musical a partir de un único sintetizador, un modelo Buchla prestado por Morton Subotnick. Ya en aquel momento, Radigue se empeñó en cincelar estáticas sonoridades sin apenas desarrollo poniéndola en clara filiación con los compositores minimalistas norteamericanos.

De una manera no premeditada una de sus primeras y notables creaciones, Adnos (1974), estrenada en el célebre Mills College por invitación de Terry Riley, estaba directamente emparentada con la música de meditación, lo que llevaría a Radigue a interesarse primero por el budismo tibetano y a abrazar después esta filosofía/religión. Aquel cambio conllevó un freno temporal en su periplo creativo, dedicándose durante cerca de cinco años a la práctica budista con el gurú Rinponche Pao, quien, según cuenta la propia compositora, sería el que la reorientó en su carrera musical. Llegarían entonces Adnos II (1979) y Adnos III (1980). Durante los inicios de la década de lo 80, se dedicó a una obra singular, acaso la obra maestra de su catálogo, una vasta composición de más de tres horas titulada Trilogie de la Mort, fuertemente influenciada por el Libro Tibetano de los Muertos, por su práctica de la meditación y por las muertes de su hijo Yves Armand, suceso este que marcará de una forma casi totalizadora el resto de su vida. Sería entonces un músico afín a la estética de Radigue, pero autor de una música despojada de carácter trascendente, Phill Niblock, quien pusiera en el mercado la primera grabación comercial de una obra de Radigue -Kyema, primera parte de la Trilogie- en su propio sello discográfico XI.

Eliane Radigue

Con el paso de los años irían viendo la luz obras como Songs of Milarepa (1975), Jetsun Mila (1976), Mila's Journey Inspired by a Dream (1992), Elemental II (2004) y L'île re-sonante (2005), entre otras creaciones enteramente electrónicas, fieles a un estilo propio y siempre de enorme valía. El interés por la obra de Radigue ha ido creciendo en los últimos tiempo como demuestra un reciente festival monográfico que se celebró el pasado mes de mayo en Londres -Triptych: The music of Eliane Radigue- y cuyos conciertos pueden escucharse a partir del blog Forgotten Memories cuyo enlace exacto expongo aquí. También la música de la autora francesa ha despertado el interés de músicos militantes en la vanguardia (Charles Curtis, Kaster T. Toeplitz y Carol Robinson, entre otros) que han conseguido que la creadora de Adnos abordara la escritura instrumental (aunque casi siempre puesta en relación con música electrónica) y haya concebido obras como Occam I (2011) para arpa, Elemental II (2004) para bajo eléctrico y Naldjorlak I (2005) para violonchelo, entre otras. 

El creciente deseo de escuchar la música de Radigue ha tenido también su eco en un sello como Important Records, que lleva meses enfrascado en la arqueológica tarea de rescatar los primeros trabajos de la compositora. Es así como a su notable discografía (se disponen en ella de sus principales obras, no así sus piezas más recientes, en sellos como Lovely Music, Shiiin, Recordings of Sleaze Arts y Schoolmap) se han sumado piezas anteriores a la Trilogie de la Mort y, por ende a su conversión al budismo, como Vice Versa (1970), en la cual dos cintas magnéticas (dos cedés ahora) han de ser reproducidos simultáneamente en cualquier combinación de pistas, Triptych (1978), obra electrónica ideada para acompañar una coreografía que permaneció olvidada en el archivo de la compositora hasta 2010 y, finalmente por ahora, el disco que propicia estas líneas y el más interesante y esencial de los trabajos pioneros que viene rescatando John Brien (del sello Important) en estrecha colaboración con Lionel Marchetti y Emmanuel Holterbah quienes con la aquiescencia de Radigue están digitalizando sus primeras creaciones, Transamoren-Transmorten (1973).

“Esta cinta monofónica debería ser reproducida sonando en cuatro altavoces situados en las cuatro esquinas de una habitación vacía. Moqueta en el suelo. La impresión de distintos puntos de origen del sonido se produce por la localización de varias zonas de frecuencias y por los desplazamientos ocasionados por simples movimientos de cabeza en el espacio acústico de la habitación. Una leve luz reflejada en el techo, en el centro de la habitación, obtenida mediante iluminación indirecta. Varios proyectores de luz blanca de muy débil intensidad cuyos rayos, procedentes de distintos ángulos, acaban confluyendo en un único punto”. De esta forma describe Radigue en las notas de la carpetilla del disco -por cierto, de un diseño bellamente austero y retro- la manera exacta de difusión de Transamoren-Transmorten, obra con evidente origen instalativo pero que funciona asombrosamente bien en su escucha aislada en cedé.

La propia desnudez conceptual de la obra (en ambos sentidos, físico y sonoro) permite de una manera muy aproximada reproducir aquellas condiciones en la solitaria audición de una pieza que, eso sí, exige de un modo casi palmario su escucha a través de altavoces y no de auriculares. Se trata de una obra habitable -como casi todas las de su catálogo- en la que el auditor debe sentirse libre de vivirla/experimentarla según marque su propia predisposición. A partir de ella se podrá advertir o no cómo la sensación de continuo es sólo aparente, pues en la corriente, en el caudal sónico de Transamoren-Transmorten acaecen matices, accidentes, que sólo en una escucha concentrada se revelan. Por delante, más de una hora de absoluta austeridad estética y estilística, pura Eliane Radigue, prematura, temprana, pero donde anida la simiente de las creaciones mayores que habrán de venir. El Continuum Festival de Dijon (Francia) rescató la obra en 2006 y ahora queda para la posteridad fijada en este álbum memorable.

No hay comentarios: